La pequeña empresa que tiene que cerrar

La pequeña empresa que tiene que cerrar 4La crisis económica no parece atenuarse y la destrucción de empresas y empleo se está convirtiendo en una desagradable costumbre.

Si para las grandes empresas y multinacionales ya es difícil mediar con una situación de baja demanda, incertidumbre y falta de financiación, para las pequeñas y medianas empresas es una labor titánica.

Profesionalmente he tenido que enfrentarme a la decisión (si es que decidir pudiera ser la palabra) de presentar un concurso de acreedores de una empresa en situación de crisis. Y os aseguro que no es fácil ni con todo el asesoramiento y formación del mundo.

Y si con formación empresarial es difícil tomar y ejecutar este tipo de decisiones, no quiero ni pensar lo complejo que resulta para una parte importante del tejido empresarial español, cuya cultura de la gestión de los negocios muchas veces se limita a llevar las facturas a su gestoría.

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España, Italia, Bélgica

España, Italia, Bélgica 6Todos sabemos que los mercados son irracionales, al menos en el corto plazo. Si no lo fueran no variaría a cada minuto el valor de una divisa contra otra, la capitalización bursátil de una gran compañía o el precio de la plata. Y también hemos podido comprobar cómo muchas veces se equivocan (¿quién imaginó que el primero en caer en Europa sería Islandia?). Pero sólo nos acordamos de sus defectos cuando nos va mal, y eso no ocurre sólo con los inversores particulares. Si un país no quiere depender de “los mercados”, no debería entrar en la dinámica de la deuda pero si entra, acabará por depender de ellos. Si se recurre a la financiación de terceros, especialmente de extranjeros, entonces se debe estar preparado para que igual que compren, vendan y que igual que en un momento dado confían, en otro desconfían. O más rústicamente, hay que estar a las duras y a las maduras. No podemos presumir de inversión extranjera y luego quejarnos amargamente porque desinvierten ya que están en su derecho. Por poner un ejemplo cercano, no podemos ir a Qatar buscando que nos compren la deuda y dentro de unos meses criticarlos si deciden venderla. Como además un bajo nivel de deuda soberana no es suficiente señal de solvencia porque esta crisis nos ha enseñado –por la reacción de los gobiernos- que la deuda bancaria privada acaba convirtiéndose en pública y como actualmente los extranjeros poseen más del 50% y las familias y bancos nacionales han reducido su exposición a la deuda pública nuestras cifras económicas deben responder a las expectativas que los inversores de fuera tienen depositadas. Como país que necesita financiación y que compite por ella con otros muchos emisores públicos y privados, nos interesa que los que están arriesgando su dinero en nosotros sigan confiando.

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