Al empezar en esto de la Bolsa, recuerdo una frase de un directivo de Barcelona: «Esto es 80% psicología», desconozco si la psicología es un porcentaje mayor o menor del que me comentaron pero lo que si es cierto es que la psicología es un aspecto fundamental para entender el comportamiento de la bolsa en el tiempo. El dinero, al fin y al cabo, lo mueven las personas y hasta el día de hoy, no somos seres racionales sino que nos sentimos embriagados por un sin fin de emociones que justifican nuestro comportamiento.
Podríamos realizar un listado que contuviera mil y una razones para comprar una acción y otro listado que contuviera otras mil y una para vender esa misma acción. Estas razones podrían ser del tipo técnico como por ejemplo «el precio ha superado la resistencia anterior con fuerte volumen de negociación», del tipo fundamental como por ejemplo «la cotización de las acciones se encuentran por debajo del valor contable» o con un criterio algo más dudoso y emocional como por ejemplo «Mi hijo, que se dedica a esto de la informática, me ha dicho que compre Terra que es toda una revolución en el sector tecnológico» o bien «El vecino se ha comprado un coche nuevo gracias a unas acciones de Astroc». Cualesquiera que sean las razones, más o menos válidas, consecuentemente se crea una expectativa de mercado sobre el sujeto que se posicionará en el mercado como alcista, bajista o neutral.
Cuando hablamos de la evolución de la bolsa es inevitable que hablemos de la euforia, la incertidumbre o el miedo como emociones que constituyen la fuerza del mercado. La euforia, anteriormente optimismo, es el gran motor alcista de los mercados es un sentimiento «in crescendo» en el que queremos más y más y compramos todo aquello que nos ofrezca aparentemente una rentabilidad atractiva. Por contra la incertidumbre, es un sentimiento que aparece cuando la posición que tenemos adoptada es desfavorable pero tenemos una luz interna que nos dice que «esto cambiará en breve». Por último el miedo, precedente al pánico, aparece cuando el nivel de precios de un activo se está desplomando y estamos perdiendo hasta la camisa.
Todo este preámbulo anterior, es imprescindible para hablar sobre «La Teoría de la Opinión Contraria», para identifica extremos de mercado partiendo de la psicología de la masa.


Las bolsas de valores ya sabemos cómo funcionan en el corto plazo, hoy suben, mañana bajan, otro día se desploman por un conflicto geopolítico y al siguiente la autoridad monetaria anuncia un «chute» de liquidez y la bolsa se va de fiesta alcista. Ante tanta inestabilidad en el corto plazo, tranquiliza el equilibrio en el largo plazo alcista de la gran parte de las bolsas de valores, no obstante sería prudente no generalizar porque nos podemos encontrar un mercado bajista durante 25 años seguidos como es el Nikkei 225 la Bolsa de Japón. Dentro de la gran tendencia alcista de las bolsas nos encontraremos con dispares fases bursátiles. Muchos son capaces de identificar en estas fases oportunidades y decidir correctamente pero hay otro tipo de inversores, perfiles más defensivos, que simplemente deberán aprovechar esa gran tendencia alcista de la bolsa de valores que ha mostrado de forma continuada a lo largo de la historia. A raíz de esa disparidad de perfiles dentro del mundo de la inversión, aparece la técnica de promediar el coste monetario para que aquellos inversores «no especializados» puedan participar del mercado con una metodología de inversión extemadamente sencilla.