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    Los rescates (en inglés Bailout) es la acción de entregar dinero u otro capital a una empresa, individuo o nación que se encuentra en riesgo de quiebra. Esto se hace en un esfuerzo por evitar la insolvencia financiera, la quiebra o el fracaso total de la entidad.

    A veces también se persigue la quiebra pero de una manera ordenada para permitir que una organización fracase sin que cunda el pánico, de modo que el miedo y el fracaso sistémico no se conviertan en endémicos, haciendo caer a otras entidades similares por el camino.

    Varios grupos diferentes pueden ser objeto de rescates urgentes. Países como Grecia han sido los principales ejemplos en el año 2010. Empresas como los principales bancos y compañías de seguros han sido consideradas demasiado grandes para quebrar en los años anteriores a 2010, durante el apogeo de la crisis financiera y la Gran Recesión resultante. Otras industrias también han sido calificadas, como los fabricantes de automóviles, las compañías aéreas y las industrias de transporte vitales.

    Un buen ejemplo de las empresas que reciben un trato preferente de rescate se encuentra en la industria del transporte. Muchos países consideran que el transporte resulta ser el núcleo subyacente de la versatilidad económica de la nación, necesario para apoyar el poder geopolítico del país. Las compañías petroleras, las líneas aéreas, los ferrocarriles y las empresas de transporte por carretera podrían considerarse parte fundamental de esta industria. Se considera que estas empresas son demasiado grandes e importantes para fracasar, porque sus servicios resultan ser nacional y constantemente necesarios para apoyar la economía del país y, por tanto, su eventual seguridad.

    Los rescates que se realizan de forma urgente suelen estar llenos de polémica. En 2008 se produjeron intensos y airados debates en torno a los negocios bancarios en quiebra. El bando que se oponía a estos rescates los consideraba un medio de pasar la costosa factura de las quiebras a los contribuyentes.  Criticaron el nuevo riesgo moral que se estaba creando al garantizar redes de seguridad a otras empresas. Tampoco les gustaba la gran burocracia central que surge de las agencias gubernamentales que seleccionan el tamaño y la disposición de los rescates. Por último, los rescates gubernamentales de estos grupos fueron atacados como una forma de bienestar empresarial que continúa el ciclo de más irresponsabilidad empresarial.

    El otro bando argumentó que estos rescates eran males necesarios, ya que el estado de la economía mundial no demostró ser lo suficientemente sólida como para sufrir la quiebra de los principales bancos que tenía el argumento de la quiebra sistémica del sistema financiero como respaldo. Nadie del bando de los rescates pretendía que le gustara tener que realizarlos, pero de todos modos se decía que eran necesarios.