Llevo usando el ChatGPT casi desde su lanzamiento, por ejemplo me ayuda mucho a escribir los artículos y a «enrollarme» en donde antes solo me salían dos frases ahora me salen párrafos. Además en mi día a día me sirve de mucha utilidad, para planificar viajes, para realizar consultas básicas o simplemente como diversión. Durante mucho tiempo pensé que la herramienta de OpenAI estaba varios años por delante de las de la competencia.
Esta semana me he dado de baja de sus servicios y me he pasado a la de Google, más barata y mejor. Con esto no pretendo hacer un publireportaje ya que no me paga nadie simplemente quiero mostrar que la carrera de la Inteligencia Artificial ha cambiado mucho en muy poco tiempo y hay demasiados miles de millones en juego para que alguien se quede atrás.
Mientras nosotros nos centramos en los chatbots, la verdadera batalla se libra en los centros de datos. No debería sorprendernos que Google esté cerrando la brecha; después de todo, ellos inventaron la arquitectura «Transformer» en 2017, la tecnología base sobre la que se construyen todas las IAs modernas.
Pero la ventaja competitiva más letal de Google no es el software, sino el hardware. A diferencia de Microsoft y OpenAI, que dependen masivamente de los procesadores gráficos (GPUs) de NVIDIA, Google lleva más de una década diseñando sus propios chips: las TPUs (Tensor Processing Units).
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Eficiencia: Las TPUs son circuitos integrados de aplicación específica (ASIC), diseñados desde cero para el álgebra lineal que impulsa la IA, a diferencia de las GPUs que fueron adaptadas del mundo de los videojuegos.
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Coste: Al usar su propio silicio, Google evita el «impuesto NVIDIA», reduciendo drásticamente sus costes operativos y de entrenamiento.
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Independencia: Mientras el resto del mundo hace cola para comprar chips a precios inflados, Google controla su propia cadena de suministro.
Los rumores sobre Google arrendando esta potencia de cálculo a terceros podrían suponer, a largo plazo, una amenaza significativa para el dominio de mercado de NVIDIA (ayer cayo en bolsa un 2.5% al conocerse esta noticia)
La fatiga de OpenAI y la señal de Softbank
OpenAI gozó de la ventaja del primer movimiento, pero su impulso parece estar desacelerándose. El lanzamiento de ChatGPT-5 no cumplió con las expectativas estratosféricas del mercado, percibiéndose en algunos casos como un retroceso frente a modelos anteriores como el o3. Simultáneamente, competidores como Anthropic (con sus modelos Claude) están capturando el lucrativo mercado corporativo.
Aquí es donde entra el análisis financiero. OpenAI no cotiza en bolsa, pero su valoración en el mercado privado ha escalado vertiginosamente de 14.000 millones de dólares en 2021 a unos teóricos 500.000 millones recientemente. Para poner esto en perspectiva, debemos mirar a Softbank. El conglomerado japonés, liderado por Masayoshi Son, vendió recientemente su participación de 5.400 millones en NVIDIA para redoblar su apuesta por OpenAI.
Históricamente, Masa Son es un inversor visionario, pero con una tendencia al riesgo extremo, a menudo comprando en el pico de la burbuja (como ocurrió con WeWork). Que Softbank esté inyectando capital ahora, con una valoración tan exigente, podría interpretarse como una señal de «tope de mercado». El hecho de que las acciones de Softbank hayan caído un 30% en el último mes sugiere que los inversores son escépticos sobre esta rotación de capital.
La apuesta por la infraestructura
La carrera de la IA se ha convertido en una guerra de desgaste de capital. Competir contra Google, una empresa que generó flujos de caja libre superiores a los 75.000 millones de dólares el último año, es una tarea titánica.
Aunque la valoración actual de Alphabet (Google) de 3,6 billones de dólares parece elevada para una entrada agresiva ahora mismo, su posición es envidiable: poseen el mejor modelo actual y el hardware propietario para ejecutarlo de manera eficiente. La probable «compresión de márgenes» que sufrirá el sector debido a la competencia feroz beneficiará a los consumidores, pero castigará a las empresas sin ventajas estructurales de costes.

Solo puede quedar uno…