El crecimiento de la inteligencia artificial no solo se mide en avances tecnológicos o en millones de usuarios. También se mide en gigavatios. Sí, como los que usa un país entero. Esta semana, OpenAI —la empresa detrás de ChatGPT— anunció, junto a Nvidia, una ambiciosa expansión de su infraestructura: centros de datos que consumirán hasta 17 gigavatios de electricidad.
Para ponerlo en perspectiva: Portugal y Suiza, juntos, consumen alrededor de 17 gigavatios en sus momentos de mayor demanda. Es decir, OpenAI está construyendo centros de datos con un consumo comparable al de ambos países combinados.
Y si buscamos un referente aún más cercano: España, en todo su territorio, consume poco más de 30 gigavatios de potencia eléctrica instantánea. Esto significa que el proyecto de OpenAI alcanzará una escala equivalente a casi el 60% del consumo eléctrico de toda España en un momento dado. Una cifra difícil de imaginar, pero que refleja el nuevo paradigma energético de la era digital.
Una “economía de datos” que transforma la economía de la energía
Según algunas proyecciones, la computación podría llegar a representar el 10% o incluso el 12% del consumo energético global en 2030. Esto supone un giro histórico. Durante décadas, los grandes consumidores de electricidad eran las industrias pesadas, el transporte o la construcción. Ahora, los protagonistas podrían ser los servidores y chips que dan vida a modelos como ChatGPT.
El cambio es tan rápido como profundo. Hace apenas un año y medio, se hablaba de infraestructuras de 5 gigavatios como una proeza. Hoy ya estamos triplicando esa cifra.
Texas, epicentro energético y digital
El primer paso de esta transformación ya está en marcha. Sam Altman ha puesto la primera piedra de uno de estos megaproyectos en Texas, un estado cuya red eléctrica suele operar en torno a los 80 gigavatios. Si un solo centro de datos consume 10 o incluso 17 gigavatios, eso supone entre el 12% y el 20% del total energético disponible en ese territorio.
Para entender el impacto, pensemos en todo lo que se alimenta con esa energía: refinerías, fábricas, hogares, hospitales, escuelas, comercios… Ahora una parte significativa de esa capacidad se destinará a alimentar modelos de inteligencia artificial.
Y Altman lo tiene claro: “Esto es lo que se necesita para entregar IA”, declaró en Texas, señalando que el uso de ChatGPT se ha multiplicado por diez en solo 18 meses.
¿Estamos preparados para el precio de la IA?
La pregunta de fondo es inevitable: ¿puede el sistema eléctrico —y el planeta— sostener esta expansión sin precedentes? Mientras los gobiernos impulsan la transición energética y apuestan por fuentes renovables, el auge de la IA podría añadir una presión brutal al consumo eléctrico global. Y no se trata solo de cantidad: hablamos también de la huella ecológica y de la urgencia por desarrollar infraestructuras energéticas más eficientes, limpias y sostenibles.
La revolución digital que vivimos tiene un coste que va mucho más allá de los servidores y los chips. Tiene un precio en gigavatios, y ese precio nos obligará a repensar el equilibrio entre tecnología, sostenibilidad y progreso.
