Se mudó a 200Km para teletrabajar y acabó sin empleo

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La pandemia dejó una estampa que muchos imaginaron como el futuro del trabajo: empleados conectados desde cualquier rincón del país, sin tráfico, sin oficina, con más espacio y menos alquiler. Pero el caso de Nathan Petrie, un programador neozelandés, recuerda que esa libertad tiene condiciones, y que mudarse sin blindar el teletrabajo por escrito puede salir caro.

Petrie trabajaba en remoto cuatro días a la semana cuando su casa flotante quedó inhabitable. Confiado en que su situación laboral seguiría igual, se mudó a Whanganui, a más de 200 kilómetros de la sede de su empresa en Wellington. Compró una nueva vivienda y, una vez instalado, informó del cambio a la compañía. No había acuerdo formal ni en papel, solo una interpretación propia de que podría continuar teletrabajando a tiempo completo.

La empresa le permitió continuar en remoto durante unos meses, pero le dejó claro que tenía que regresar tres días por semana a la oficina. Petrie alegó que la empresa había roto una expectativa razonable, dimitió y elevó el caso como un despido encubierto. Las autoridades laborales fallaron a favor de la empresa: el teletrabajo había sido una excepción puntual y la mudanza fue una decisión personal sin respaldo contractual.

El episodio ha resonado en redes y medios de varios países porque no es un caso aislado. Durante la pandemia, miles de trabajadores aprovecharon la flexibilidad para irse más lejos, cambiar de ciudad o incluso de país. Pero muchas empresas no formalizaron el cambio ni lo blindaron en contratos. Ahora que algunas están reclamando presencia en la oficina, surgen conflictos: empleados que ya han reorganizado su vida alrededor de una modalidad que nunca quedó por escrito.

Mudarse por mejorar la calidad de vida o por necesidad no es en sí un error, pero hacerlo sin asegurar antes por vía legal las condiciones laborales sí puede serlo. Y más aún si la nueva ubicación dificulta regresar físicamente a la oficina, tal como exigen cada vez más empresas en medio de una reevaluación del modelo híbrido.

En contextos de alta inflación y precios inmobiliarios desbocados, muchas familias están contemplando mudanzas fuera de los núcleos urbanos. Pero este tipo de decisiones no deberían basarse en supuestos sobre el trabajo a distancia. Sin un acuerdo formal, con firma y respaldo legal, el empleador tiene la posición dominante para exigir presencialidad.

2 comentarios en «Se mudó a 200Km para teletrabajar y acabó sin empleo»

  1. La historia de Nathan, que se mudó lejos esperando teletrabajar y terminó sin empleo, me hizo pensar en la importancia de encontrar formas de desconectar y relajarse en momentos difíciles. Por eso probé billionairespin, que ofrece bonos especiales para jugadores de España. Me gustó lo fácil que es usar la plataforma y la variedad de juegos disponibles

  2. Se de varias personas que están trabajando en España para empresas Europeas, mayormente Irlandesas, Alemanas o del UK.
    Y antes que eso conocí a alguien que trabajaba unos 9 meses en Madrid y otros 3 en Irlanda; aunque eso es otra historia…
    En fin, a los teletrabajadores europeos les viene muy bien cobrar un sueldo de Europa del Norte y vivir en España, y a que, salvo excepciones, la vivienda y el coste de la vida en general es más económico, por no hablar del clima y de las otras bondades de España en general.

    Inconveniente: Pues que desde una vez al mes, como poco, a una vez a la semana, como mucho, tienen que volar a sus oficinas y alojarse en un hotel o donde puedan…
    Y de su bolsillo, claro…

    Cuestión de hacer números…

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