El Euríbor ha cerrado junio en el 2,081 %, mismo dato que en mayo. Puede parecer irrelevante, pero esa estabilidad refleja que el mercado hipotecario atraviesa una etapa de pausa tras varios meses de caídas. Y para quienes tienen hipotecas variables, esta meseta es buena noticia: las cuotas siguen bajando, aunque más lentamente.
Hace un año, este índice rondaba el 3,65 %. Esa diferencia de 1,5 puntos porcentuales supone un ahorro real para miles de familias. Una hipoteca tipo —150.000 euros a 30 años, con un diferencial del 0,99 %— se abarata más de 130 euros al mes si se revisa ahora. Al cabo del año, el alivio puede superar los 1.600 euros.
Estas reducciones son más notables en los primeros años del préstamo, cuando el grueso del pago mensual se destina a intereses. Para quienes están en esa fase inicial, revisar ahora con un Euríbor en el entorno del 2 % supone un respiro inesperado si se compara con las cifras que se manejaban hace apenas 12 meses.
Pero esta quietud del Euríbor no es casual. Desde finales del año pasado, el Banco Central Europeo ha bajado los tipos oficiales en varias ocasiones. Esos movimientos han empujado al Euríbor desde niveles superiores al 4 % hasta situarlo, por ahora, cómodamente por debajo del 2,1 %. No se espera que este patrón cambie a corto plazo, salvo que la inflación vuelva a sorprender o se produzcan alteraciones serias en el panorama económico o geopolítico.
Los bancos han reaccionado rápido a este nuevo entorno. Han intensificado sus ofertas tanto para hipotecas a tipo fijo como para variables, con bonificaciones agresivas y tipos más bajos que hace unos meses. La guerra comercial por captar nuevos clientes vuelve a estar activa, aunque los expertos creen que el verano servirá como paréntesis hasta que en septiembre el mercado retome fuerza y dirección.
Algunos analistas consideran que el Euríbor podría caer aún algo más, quizá hasta niveles cercanos al 1,9 %, si el BCE opta por un nuevo recorte antes de terminar el año. Pero nadie espera un retorno a los niveles ultrabajos de los años previos a la subida de tipos. Lo más probable es que el Euríbor se mantenga entre el 2 % y el 2,2 % durante los próximos meses, en un entorno de estabilización.
En paralelo, los productos de ahorro vuelven a perder atractivo. Los depósitos empiezan a ofrecer rentabilidades cada vez más moderadas, empujados por las mismas decisiones que alivian las hipotecas. Así, mientras los hipotecados respiran, los ahorradores deben ajustar expectativas.
El comportamiento del Euríbor en lo que resta de año dependerá en gran parte de cómo evolucione la inflación subyacente —sobre todo en servicios— y de si el BCE considera que la política monetaria sigue siendo demasiado restrictiva para el crecimiento.

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