Cuando un gestor que acertó al anunciar el techo del mercado en 2007 dice que algo huele a burbuja, conviene al menos escucharle. Y Yang Dong, fundador de Wealspring Asset, acaba de decirlo con todas las letras: las acciones globales de inteligencia artificial se han convertido en una «súper burbuja» y «el punto de colapso puede no estar lejos». No es el único. Otro peso pesado de los fondos chinos, Shanghai Banxia Investment Management Center, lo afirma de forma todavía más tajante: «el detonante para que la burbuja de la IA estalle ya ha aparecido».
Las advertencias, contenidas en cartas a inversores a las que ha tenido acceso Bloomberg, llegan en el peor momento posible para los alcistas: justo cuando los mercados mundiales acaban de vivir una de las correcciones más violentas del año.
El timing no podría ser más incómodo
Estas cartas no aterrizan en un vacío. La semana del 22 de junio, los mercados globales se desplomaron en una huida coordinada de los valores tecnológicos. El Kospi surcoreano —dominado por SK Hynix y Samsung, que entre los dos suponen cerca de la mitad del índice— se hundió un 10% en una sola sesión, activando por primera vez desde marzo un cortacircuitos que paralizó la negociación durante veinte minutos. Ambos fabricantes de memoria cayeron más de un 12%. En Estados Unidos, Micron se dejó un 13% en una tarde y el Nasdaq retrocedió un 2,2%.
Lo llamativo es que no hubo un catalizador evidente. No fue una mala noticia concreta, sino puro vértigo: cuando un valor como Micron acumula una subida del 760% en doce meses, no hace falta gran cosa para que los inversores —y, más peligrosamente, los algoritmos— corran hacia la salida. Es exactamente el escenario que describen los fondos chinos.
«Compra sin cerebro»: el diagnóstico de Wealspring
Wealspring, que gestiona más de 1.400 millones de dólares, no se anda con eufemismos. La firma sostiene que muchas de las compañías chinas de infraestructura para IA carecen de foso defensivo a largo plazo, manejan modelos de negocio «bastante ordinarios» y necesitan un gasto de capital constante solo para sostener su crecimiento. Negocios mediocres con valoraciones estratosféricas, viene a decir.
La frase que mejor resume su tesis es demoledora: «Sinceramente no anticipamos que un simple auge impulsado por una ola de demanda masiva pudiera inflarse hasta valoraciones y capitalizaciones tan altas». Y recuperan un término del mercado alcista de 2015 que en China hizo época: «compra sin cerebro». Según Wealspring, probablemente estemos otra vez en ese estado. La firma llega a advertir que algunas de las acciones más calientes del mercado doméstico chino «muy probablemente» se desplomen más de un 80%, aunque prudentemente no señala con el dedo a ningún valor concreto.
Banxia apunta fuera de China: el dedo señala a Anthropic
Aquí es donde el análisis se vuelve especialmente interesante para quien siga de cerca el ecosistema de la IA occidental. Banxia, con más de 294 millones bajo gestión, no busca el detonante en Shanghái ni en Shenzhen, sino fuera de las fronteras chinas. Y lo localiza en un nombre propio: Anthropic, la empresa creadora de Claude.
La métrica que obsesiona a los alcistas de la IA es el run-rate de ingresos anualizados, una especie de termómetro del ritmo al que crece el negocio. Banxia predice que la cifra de Anthropic se quedará por debajo de las expectativas del mercado. Su razonamiento tiene tres patas: las grandes tecnológicas empezarán a resistirse al coste creciente de los tokens (el precio de procesar cada consulta de IA), los competidores de Anthropic le irán arañando popularidad entre los programadores —su feudo más rentable—, y esa combinación frenará el crecimiento que justifica toda la valoración.
No es una tesis descabellada. La propia corrección de junio se aceleró, en parte, por el temor a que el coste disparado de los semiconductores acabe estrujando los márgenes de las grandes tecnológicas. Si Banxia tiene razón sobre Anthropic, el primer ladrillo en caer no estaría en la periferia del sistema, sino en su mismísimo corazón.
El consenso chino es más prudente de lo que parece
Conviene matizar el titular para no caer en el alarmismo. Según un resumen mensual de visiones de fondos elaborado por CSC Financial al que accedió Bloomberg, al menos otros cuatro fondos chinos mostraron reticencias hacia la IA en mayo. Pero el cuadro completo es más matizado: otros cuatro fondos se declararon positivos y siete ni siquiera tomaron postura. No estamos, por tanto, ante una rebelión unánime del smart money chino, sino ante un grupo influyente —y con buen historial— que ha decidido ponerse a cubierto.
Y ahí está la clave de por qué estas cartas importan. No las firma cualquiera: las firma gente que ya acertó antes. Pero también conviene recordar que predecir burbujas es un deporte traicionero. Como bien resume un analista de mercado, la torre de Jenga puede tambalearse, pero nadie sabe a ciencia cierta cuántas piezas más aguanta antes de caer. Puede que estemos en la cúspide. O puede que sigamos construyendo los cimientos. La mayoría de las casas de análisis occidentales, de hecho, leen lo de junio como una corrección sana tras un rally brutal, no como el principio del fin: los beneficios tecnológicos siguen creciendo y el Nasdaq, pese al susto, acumula ganancias en el año.
La diferencia es que los gestores chinos llevan décadas viendo cómo se inflan y revientan burbujas en su propio mercado. Saben reconocer el olor. Y ahora mismo, dicen, huele exactamente igual.
