El rebote del Euríbor a 12 meses observado la semana pasada no ha sido más que un recordatorio de lo sensibles que están los mercados a las señales de política monetaria y al ruido geopolítico. Tras un breve repunte de casi 15 puntos básicos, impulsado por la distensión comercial entre China y Estados Unidos, el índice ha corregido su trayectoria en los últimos días, estabilizándose en el entorno del 2,096% a fecha del 23 de mayo.
Este movimiento a la baja tiene mucho que ver con los datos macroeconómicos publicados en Europa. El índice PMI compuesto de mayo ha caído por debajo del umbral de los 50 puntos, en 49,5, señalando contracción económica. Este retroceso ha sido especialmente acusado en el sector servicios, que hasta ahora había sostenido el crecimiento de la eurozona. Mientras tanto, la industria manufacturera sigue en terreno contractivo, aunque mejora ligeramente con su quinto mes consecutivo al alza, situándose en 49,4.
Estas cifras reafirman las expectativas de que el Banco Central Europeo acometerá su primer recorte de tipos en la reunión del próximo 5 de junio. Con la inflación desacelerándose —apoyada por la apreciación del euro y el abaratamiento de la energía—, el BCE se encuentra en una posición más cómoda para relajar su política. El consenso dentro del Consejo de Gobierno ya apunta a que este primer movimiento está prácticamente decidido.
Pero lo interesante no es tanto ese primer recorte, sino lo que vendrá después. A principios de mayo, los mercados descontaban hasta 65 puntos básicos de rebajas para 2025. Ahora se espera que el BCE recorte solo 50 puntos básicos adicionales tras el movimiento de junio. Este ajuste en las expectativas refleja no solo los últimos datos económicos, sino también la sensación de que los riesgos más extremos —como una recesión profunda o una guerra comercial prolongada— podrían haberse atenuado.
El acuerdo comercial provisional entre China y Estados Unidos, que incluye una reducción sustancial de aranceles durante 90 días, ha aliviado a los mercados de deuda, reduciendo la demanda de activos refugio y desplazando al alza las curvas de tipos. En paralelo, las conversaciones entre Bruselas y Washington podrían tener un papel determinante en la segunda mitad del año. Si esas negociaciones se encallan, el BCE podría verse obligado a continuar con una política más laxa de lo que muchos prevén.
Voces como la del gobernador del Banco Nacional de Bélgica, Pierre Wunsch, recuerdan que el riesgo no es solo que la inflación no baje, sino que lo haga demasiado. En ese escenario, los tipos reales podrían resultar excesivamente restrictivos para una economía todavía débil. De ahí que se empiece a hablar de tipos «ligeramente acomodaticios» incluso tras los recortes.
Para quienes tienen una hipoteca ligada al Euríbor, la conclusión inmediata es clara: el alivio de los últimos meses podría no prolongarse mucho más. Aunque el índice está cerca de tocar suelo y podría romper el 2% tras la reunión del BCE, no se esperan desplomes sostenidos. A medio plazo, el Euríbor parece haberse estabilizado en un entorno compatible con tipos de interés oficiales todavía positivos, pero más suaves.
