Cómo un mordisco de George Foreman creó un imperio

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A finales de los años 90, en los pasillos de los estudios de QVC en Pensilvania, una alarma roja encendía la adrenalina de quienes trabajaban allí. No era un simulacro ni una emergencia. Era el aviso de que las líneas telefónicas estaban colapsadas por pedidos. Lo llamaban “ir en rojo”. Y en esa ocasión, el responsable del alboroto no era otro que George Foreman.

El exboxeador, dos veces campeón del mundo, estaba en plena demostración en vivo de su parrilla eléctrica cuando, de manera espontánea, tomó una hamburguesa recién cocinada y le dio un mordisco. Eso bastó para desatar una avalancha de llamadas que obligó hasta a los contables y al personal de limpieza a ponerse al teléfono para atender pedidos.

Más de 100 millones de unidades después, su historia es una mezcla de marketing, diseño sencillo y el carisma de un deportista que supo reinventarse.

Cómo empezó todo: de la “Fajita Express” a la parrilla que adelgaza

En 1994, el Gourmet Products Show de San Francisco era el lugar al que iban los fabricantes de utensilios de cocina para mostrar sus novedades. Allí, en medio de cuchillos afilados con láser y cafeteras programables, una pequeña empresa llamada Salton presentaba un electrodoméstico de nombre largo y pretencioso: “Lean Mean Fat Reducing Grilling Machine” (algo así como “la máquina grill que reduce la grasa de forma rápida y eficaz”).

A nadie le interesó.

Los compradores se peleaban por otro producto de Salton, una máquina de hacer pasta creada con Ron Popeil, el rey de los infomerciales. La parrilla, en cambio, apenas llamaba la atención.

La historia había arrancado unos meses antes, cuando dos empleados de la firma taiwanesa Tsann Kuen, Michael Boehm y Robert Johnson, llevaron a las oficinas de Salton un prototipo pintado de amarillo taxi que llamaron “Fajita Express”. Estaba pensado para calentar tortillas y carnes a la vez, con una inclinación que permitía que los jugos cayeran y se usaran para rellenarlas.

Pero en Salton vieron otra posibilidad. Le pusieron un libro en las patas traseras y notaron que, al inclinarla, la grasa de las hamburguesas se deslizaba hacia abajo. La compraron. Y el resto es historia.

George Foreman: el fichaje inesperado que cambió el destino del grill

Por aquellos años, Foreman había recuperado el título de campeón mundial a los 45 años y estaba en plena segunda juventud mediática. Sam Perlmutter, un abogado del mundo del entretenimiento, le mandó un prototipo. Foreman, que siempre había sido fan de las hamburguesas, se enganchó rápido. El acuerdo que firmaron fue directo: 45% de los beneficios para Foreman, otro 45% para Salton y el 10% restante para Perlmutter y su socio, Michael Srednick.

En la feria de 1995 en Las Vegas, después de retener su título frente a Axel Schulz, Foreman se dejó ver entre cócteles con ejecutivos de Target y Macy’s (los principales grandes almacenes). La parrilla, que costaba 39,99 dólares, empezó a llegar a las estanterías de los grandes almacenes. Pero las ventas seguían flojas.

Fue el propio Foreman quien, con un mordisco improvisado en QVC, desató el fenómeno. En apenas tres minutos tras aquella emisión, Salton vendió 40.000 unidades. El grill se convirtió en un fenómeno viral antes de que existieran las redes sociales.

Del fracaso inicial a los cheques de 4 millones al mes

El éxito no fue casualidad. Salton amplió el tamaño del grill para que pudiera cocinar hasta cuatro hamburguesas a la vez y mejoró los anuncios en televisión. Sustituyeron las imágenes de Foreman noqueando a rivales por escenas caseras donde cocinaba junto a sus hijos. La idea era vender salud y cercanía, no fuerza bruta.

El boca a boca hizo el resto. En 1996 las ventas sumaron 5 millones de dólares. Tres años después superaban los 200 millones y en 2000, ya en su apogeo, rebasaban los 300 millones.

Foreman recibía un porcentaje jugoso de cada venta. Según él mismo declaró en una entrevista, llegó a cobrar cheques mensuales de hasta 8 millones de dólares. Aunque Leon Dreimann, entonces CEO de Salton, sostiene que lo normal era que Foreman ganara unos 4 millones al mes.

En 1999, Salton compró los derechos del nombre “George Foreman” para el grill por 137 millones de dólares, pagaderos en cinco años, además de acciones de la empresa. Foreman continuó siendo la cara del producto incluso cuando empezaron a venderse en Europa y otros mercados internacionales.

A día de hoy, Spectrum Brands es la propietaria del grill, tras la absorción de Salton en la década de los 2000. La empresa, sin embargo, se muestra discreta sobre las cifras actuales de ventas.

Lo que no ha cambiado es la devoción de algunos usuarios. Hay quien lo sigue usando después de más de 15 años, otros lo prefieren al omnipresente air fryer. Y los más jóvenes, lo reciben como regalo en tono de broma… para luego terminar usándolo todos los días.

Geroge Foreman murió el pasado viernes a los 76 años, una leyenda del boxeo y tambien del marketing.

3 comentarios en «Cómo un mordisco de George Foreman creó un imperio»

  1. No sabía lo de George Foreman. RIP

    Yo tuve una de esos Grills y no recuerdo si lo compré o si me lo regalaron…

    Lo estuvimos usando bastante tiempo, hasta que empezó a «pelarse» y lo dejamos de lado.

    Air fryer también tengo una, pequeña, comprada de oferta; pero está acumulando polvo.
    Algunas cosas salen bien; pero otras no tanto y con las croquetas, imposible…
    Alguien me dijo que el problema es que compré una demasiado pequeña y poco potente; pero no estoy por probar con otra…
    No hace mucho tuve que cambiar el horno y la vitro y casi que prefiero usar el horno, que este ya trae también un ventilador, a sacar la air fryer…
    Es más, lo mismo la pongo en Wallapop…

    • Pues yo no recuerdo estás parrillas, será que a mí casa no llegó. Mi madre se quedó en la sandwichera jeje.

      Está claro que un producto, con una buena promoción, puede ser una basura pero se vende como rosquillas.

      Respecto a la Air fryer, acabo de adquirir una y en mi casa la preferimos antes que el horno para pequeñas cosas y que no manchen mucho (nuggets, fingers de queso, verdura….), pero no se me ocurriría hacer un pollo o unas patatas al horno.

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