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Los cinco pecados capitales para tu ruina como inversor

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Los cinco pecados capitales para tu ruina como inversor 1

La inundación de liquidez que hay en los mercados ha provocado que millones de personas que jamás habían invertido en bolsa lo hagan y con un mercado alcista como el que tenemos muchos se creen buenos inversores cuando probablemente no hayan tenido nada más que buena suerte. Vamos a ver los cinco pecados capitales que se suelen cometer, para terminar en la más absoluta de las ruinas y por lo tanto lo que no debemos de hacer si pretendemos recorrer este camino.

Primer Pecado: Hacer de la envidia nuestra ambición

Si nunca has invertido y decides invertir tanto en renta fija como renta variable o en cualquier tipo de instrumento financiero,  no lo hagas porque alguien te ha presumido de sus beneficios obtenidos (algo que se ve demasiado en redes sociales) y de lo tremendamente estúpido que eres por no seguir sus respectivos pasos (¿te sientes tondo por no haber comprado bitcoins?), no lo hagas porque “lo hace todo el mundo” y para no ser el único que se pierda la fiesta del dinero fácil, y no lo hagas porque le han jurado y perjurado de que “no hay riesgo en esta operación, es un negocio seguro”.

Los motivos para invertir es primero vencer al monstruo llamado inflación que deprecia constantemente el valor de nuestros ahorros (la deflación actual no deja de ser una excepción) y segundo obtener una rentabilidad por aquel dinero que no utilizarás ni en el corto ni en el medio plazo y que al fin y al cabo en un futuro te reportará una mejor calidad de vida.

Segundo Pecado: No formarse ni informarse

La formación debería ser obligatoria para cursar una orden de compra o de venta pero no es así… Muchos, cegados por el posible beneficio a corto plazo y perderse una “oportunidad”, se saltan el paso previo de formación y aunque en primera instancia la jugada pudiera salirles bien porque hay una tendencia detrás que les acompaña, luego aparecen los nubarrones en forma de bruscas caídas y no saben como gestionar ni su cartera ni a sí mismos.

El la película Wall Street, el antagonista Gordon Gekko pronunció la frase “un tonto y su dinero no permanecen mucho tiempo juntos”, en este negocio especialmente el conocimiento no es sólo importante sino que es imprescindible ya que proporciona una mejor ventaja competitiva frente al resto y se acaba traduciendo en el  largo plazo en mayor rentabilidad para nuestra cartera.

Tercer Pecado: La pereza de elegir un buen broker

Muchos inversores se conforman con sus bancos como los intermediarios para crear una cartera de valores y gestionar sus órdenes de compra ya que es la entidad que habitualmente tienen sus ahorros, nómina e hipoteca… en términos generales este tipo de intermediarios suelen ser más caros que las propias agencias de valores. Para elegir una agencia de valores deberías saber previamente cuáles son tus necesidades operativas si como inversor es muy activo o bien realiza pocas operaciones y el volumen que maneja.

Por otro lado los brokers gratuitos siempre tienen algún coste generalmente porque venden tu flujo de compras y al final acabas comprando más caro de lo que deberías.

Cuarto Pecado: Recurrir a la deuda o apalancamiento excesivo

Un apalancamiento excesivo puede ser la llave a multiplicar los beneficios y a su vez multiplicar las pérdidas, solamente es aconsejable el uso del apalancamiento bajo manos profesionales que utilizan criterios del Money Managment. Como inversores hemos dicho que utilizaríamos “a priori” aquella parte de nuestros ahorros que no necesitemos en el corto plazo, por lo que endeudarse para la compra de  acciones supondría una obligación en el corto plazo que deberíamos hacer frente periódicamente y podría ser como cavar nuestra propia tumba. Desgraciadamente cada vez es más sencillo realizar compras con apalancamiento y esto es un peligro.

Quinto Pecado: Asumir mucho riesgo.

Algunos tendrán una mayor aversión al riesgo otros una menor aversión, lo que está claro es que asumir periódicamente en el largo plazo mucho riesgo desencadenará finalmente en la más absoluta de las quiebras.

El riesgo hay que saber gestionarlo y la mejor manera para ello es mediante la diversificación en nuestra cartera, tanto por sectores como por entornos económicos. De este modo, al no poner todos los huevos en el mismo cesto, conseguiremos estar en el mercado sin depender especialmente de los sucesos cortoplacistas a los que se pueda verse sometido un valor determinado. En el caso  de apostar por pocos valores veríamos con nervios como cada movimiento en la cotización repercute significativamente en la evolución de la rentabilidad sobre nuestra cartera de inversiones cuyas repercusiones podrían ser realmente desastrosas si el escenario se moviera en nuestra contra.

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