Ayer se lanzó el iPhone 5, ese que según JP Morgan podrían sumar entre un cuarto y medio punto porcentual al crecimiento anual del cuatro trimestre de EEUU. A raíz de este estudio, Paul Krugman escribía un artículo titulado «Broken Windows and the iPhone 5» que viene a decir lo siguiente:

El punto clave es que el optimismo sobre los efectos del iPhone no tiene nada que ver con la calidad prevista del teléfono, y las formas en las que podría hacernos más felices o más productivo. En cambio, los beneficios inmediatos vendrían de la forma en que este nuevo modelo haría que muchos tirasen sus viejos teléfonos para comprar el nuevo.

En otras palabras, si creea que el iPhone podría realmente dar a la economía un gran impulso, es que estás comprado en una versión de la teoría de las «ventanas rotas», en la que la destrucción de un cierto capital puede ser bueno en condiciones de depresión.

En este caso, la razón por la que estamos tirando a la basura viejo capital es hacer espacio para algo mejor, no sólo por el placer de hacerlo. ¿Sabes lo que también sería bueno? La construcción de cosas útiles como mano de obra de infraestructuras que emplee y dinero en efectivo que de otro modo permanecen inactivos.

Leo bastante a Krugman y sinceramente desde que le dieron el Nobel cada vez me recuerda más al padre de Abrahan Simpson, alguien que fantasea y se mete en su propia terquedad. Sobre la teoría de las ventanas rotas como dinamizador de la economía, llegó a decir (reduciendo al absurdo) que lo que el mundo necesita es un ataque alienígena. Hemos comentado por aquí varias veces la falacia de las ventanas rotas, e incluso la hemos vivido con el nefasto Plan E que todavía estamos pagando a intereses cada vez más altos.

Lo que demuestra el lanzamiento del iPhone 5 es que una vez que los estados llevan 5 años intentando inútilmente sacarnos de la crisis, quizás sea el momento de ceder esa responsabilidad a la iniciativa privada, facilitando las cosas a las empresas, a los emprendedores y a los consumidores. De esta manera logramos que las «infraestructuras» (¿No es el iphone una infraestructura para muchos?) se hagan sin que cuesten un duro a los contribuyentes ni añadan un céntimo al déficit.

Lo comentó Jesús Encinar (el de idealista) hace un año:

El nuevo Gobierno debería tener claro que las empresas de nueva creación, no las existentes, son las que crean empleo neto

Igual que necesitamos nuevos bebés para reducir el envejecimiento de la población, las economías necesitan nuevas empresas para crear empleo y luchar contra la mortalidad natural de las empresas

Y mientras seguimos esperando la ley de emprendedores de Rajoy, lo único que de momento nos ha dado es una subida del IVA (que hay que adelantarlo sin que se cobre), una subida de la retención a los autónomos y un recargo del 20% para los autónomos si se retrasan un día en su cotización, esto en un país que según la presidenta de Siemens dice que paga peor que países rescatados.

Los emprendedores y en general las empresas que crecen y saben hacer las cosas NO necesitan subvenciones, NO cuestan un euro al erario público,  lo único que necesitan es que les faciliten su día a día, reduzcan la burocracia, bajen los costes de contratacion y en definitiva, no les traten como delincuentes por el mero hecho de lograr el objetivo para el que nacieron, obtener beneficios.