Hoy voy a hablaros de un valor que ha tenido su propia burbuja y que, como Metrovacesa y tantas otras, es todo un ejemplo del daño que provoca en una compañía tener tanta deuda. Hay muchas así, algunos grandes valores como Iberdrola, otros incluso del mismo sector que Fersa, como Gamesa, pero quiero fijarme en este pequeño valor porque hace poco tuvo una OPA, algo insólito en los últimos tiempos en los que apenas hay ofertas de compra y, algo aún más raro, la rechazó. Pongámonos en contexto: Fersa está “especializada en la producción de electricidad a partir de energías renovables” y para conseguirlo ha estado invirtiendo en exceso –y tirando de deuda para ello- en medio mundo basándose en unas irreales expectativas de beneficios que nunca –ni en 2007- se cumplieron. Esto ha provocado el consiguiente desplome bursátil:  

Enhol  –grupo navarro de energía renovable- es el primer accionista (22,4%), seguido de Banco Mare Nostrum (7,98%), Comsa Emte (7,68%), Catalana Occidente (7,5%), la familia Godia (4,54%), Dolors Dandeu (4,04%), Banco Sabadell (3,79%)… estando el 40% de la compañía en manos de pequeños inversores. Fersa está dirigida por un nuevo equipo desde el mes de marzo (el presidente es Francesc Homs, exconsejero de Economía y Finanzas de la Generalitat de Catalunya de la época de Pujol), que se marcó como objetivo “mejorar la productividad de los parques eólicos y reducir la deuda corporativa”, a lo que se le suma la puesta en marcha de la construcción de unos parques en la India y Polonia. Ha conseguido dar beneficios en el primer semestre de 917 mil euros tras perder 102.5 millones en 2011 lo que, unido a la oferta de compra recibida por una compañía rival, podía albergar alguna esperanza a sus sufridos accionistas. Pero no es así.

Fersa es la típica empresa que no tiene futuro sin una profunda renegociación de la deuda (seguramente incluyendo incluso la declaración de quiebra para conseguir aplazamientos y quitas) o sin la entrada en el capital de un socio inversor que aporte capital y/o credibilidad para la banca. Es por eso que hace ya 3 años –cuando su valor en bolsa era 6 o 7 veces superior al actual- encargó al banco de inversiones Lazard que lo consiguiera mientras iba renegociando cada crédito que vencía para alargarlo el mayor tiempo posible, algo que ha ido consiguiendo hasta ahora. Pero no apareció ningún “caballero blanco” y el único –que sepamos- que mostró interés fue la danesa Greentech, una pequeña compañía presente en varios países de Europa que –según los expertos- saldría beneficiada para su negocio si consiguiera adquirir Fersa al precio que ofreció. ¿Cuál precio fue? 0.40 céntimos por acción, lo que valora la compañía en 52 millones de euros, en una OPA por el 100% siempre y cuando más del 50% accediera a vender.

Por supuesto, los accionistas de Fersa, especialmente los minoritarios, se mostraron muy descontentos con una oferta tan pobre ya que la inmensa mayoría ha adquirido las acciones a un precio varias veces superior pero algunos de los más grandes –de hecho los dos principales- se mostraron a favor si bien finalmente sólo el 41.81% de los actuales dueños de Fersa aceptaron la OPA que fue retirada por Greentech al no alcanzarse ese 50% mínimo que le daría el control sobre la empresa. ¿Por qué los dos principales accionistas querían vender? La respuesta hay que buscarla en las matemáticas. La deuda de Fersa es de unos 333 millones de € y los intereses de pagar ese lastre se comen la generación de resultados. Es decir, que tomando los datos del año pasado los gastos financieros (4,1 millones) son superiores al Ebit (2,79 millones). Evidentemente, son cifras que pueden cambiar pero, ¿Hay alguna perspectiva de mejora cuando el mundo entero cada vez crece menos y la deuda de una compañía española cada vez es más difícil de refinanciar?

Lo mismo ese casi 58.19% que rechazaron la oferta aciertan y el propio Greentech mejora el precio de la OPA pero me temo que si quisiera hacerlo ya lo habría hecho y si hubiera más interesados ya habrían salido. Nunca se sabe con estos chicharros –desde el 30 de julio ya no está ni en el Ibex SmallCaps– lo que puede pasar en bolsa. Además, yo no he estudiado en detalle el balance (y no debo saber hacerlo porque cuando lo hice con el de Telefónica a finales del año pasado no entendía que cotizara por encima de 13€ cuando casi todos los “expertos” -que se suponen que si saben- la recomendaban comprar) de Fersa ni conozco el negocio -aunque Enhol sí y ellos querían vender- pero no quiero escribir sobre esta compañía sino sobre su simbolismo. Es un buen ejemplo del resultado de muchas burbujas: la del excesivo optimismo –en concreto en el sector de las renovables-, la de la bolsa –como se puede apreciar en el gráfico-, la de la deuda –para mi impagable y cuyos intereses se comen los ingresos-… y por supuesto también de los errores crediticios del sistema financiero que, como a tantos y tantos malos proyectos, concedieron unos préstamos que tienen una alta probabilidad de convertirse en impagados.

Lo triste es que hay muchas empresas en esa situación, desde pymes a valores del Ibex, y no todas están ligadas ni a la construcción ni al negocio inmobiliario. Panrico por ejemplo no ha quebrado porque la banca acreedora aceptó una quita ¡del 80%! hace apenas unos meses… Si ya llegó el momento de pensar en que sólo las quitas de deuda pueden garantizar la viabilidad de muchas compañías privadas, ¿Puede ser que ya sea el tiempo de pensar lo mismo con ayuntamientos, autonomías e incluso países en lugar de seguir intentando resolver un problema de deuda con más deuda?