En 1956 un geólogo de Shell Oil llamado M. King Hubbert predijo que la producción de petróleo de EE.UU. alcanzaría su máximo a principios de los 70, a nivel mundial no se ha podido estimar exactamente cuando ocurrirá (o cuando ocurrió). Es la teoría del «Peak oil»  la extracción de un pozo cualquiera sigue una curva con un máximo, cenit de producción, en su centro. Llegados a ese punto cada barril de petróleo se hace, progresivamente, más caro de extraer hasta que la producción deja de ser rentable al necesitarse gastar más cantidad de crudo, que el que se obtiene de extraerlo, es decir cuando se necesita consumir el equivalente a un barril de petróleo, o más para obtener ese mismo barril de crudo del subsuelo. Vamos, lo que en España siempre hemos llamado hacer pan con unas tortas.

Desgraciadamente el petróleo no es el único de los productos que están cerca de su cénit, echemos un vistazo a unos cuantos y entenderemos por qué los precios están condenados a subir si no se produce un cambio en nuestra forma de vida o en la tecnología usada. Es el llamado «peak everything»

Uranio – El riesgo nuclear disminuye después de Fukushima

«El momento de máxima producción de uranio» entró en el léxico junto con el momento de máxima producción de petróleo, carbón y gas natural en 1956, cuando el geólogo de Shell Oil, Hubbert, esbozó sus famosas curvas campaniformes sobre los recursos. El futuro sigue pendiente de discusión. El mundo alcanzó el momento de máxima producción de uranio en 1980, incluso a medida que el consumo subía. Sin embargo, la oferta siguió cubriendo la demanda porque las armas retiradas del servicio después de la Guerra Fría se reutilizaron como combustible comercial. Esas fuentes ahora se están secando, y un nuevo momento de máxima producción provocado por la demanda puede otearse en el horizonte. No obstante siguen apareciendo nuevos yacimientos, como uno en Extremadura. El desastre de Daiichi en Fukushima, Japón, redujo drásticamente la ambición mundial nuclear el año pasado, e hizo que se plantearan preguntas sobre el futuro de la energía nuclear. Esto convierte al momento de máxima producción de uranio en un riesgo incierto cuando otras fuentes de energía, como la solar, la eólica y el gas natural, han generado muchos beneficios.

Población – En la carrera por los materiales

El crecimiento de la población y el creciente bienestar económico están alimentando el mayor y más rápido atracón de modernización de la historia. Se considera que la población humana crecerá hasta los 9,3 mil millones de personas en 2050, desde los 7 mil millones que hay en la actualidad, según las estimaciones de las Naciones Unidas. Incluso más impresionante resulta el dato de que la clase media casi se triplicará hasta alcanzar los 4,9 mil millones de consumidores en 2030. Las NU estiman que el número total de personas alcanzará su punto máximo en los 10 mil millones a finales de este siglo. El dilema del negocio mundial de nuestro tiempo es cómo podrán las empresas satisfacer a estos nuevos mercados sin ser víctimas de la escasez de los recursos estratégicos, así como de las limitaciones sociales o ecológicas. Las estrategias de sostenibilidad surgen rápidamente a medida que los directivos crean la hoja de ruta de este mundo que cambia vertiginosamente.

Agua – La era del agua limpia y barata se acaba

Hay mucha agua en la tierra, pero en muchos lugares, el grifo se está quedando seco, lo cual se debe a que existe una diferencia entre el agua utilizable, que está limpia, no contiene sal y se encuentra próxima, y la no utilizable, que es el resto. Muchos de estos depósitos de agua a los que el hombre recurre para el cultivo, la producción y el consumo, son acuíferos de aguas subterráneas que tardan cientos de años en llenarse. Estos depósitos de agua irremplazables se están agotando en apenas unas décadas. La era del agua barata ya ha pasado su momento de máxima producción, según Peter Gleick, un científico californiano que contribuyó a definir el término en 2010. Las buenas noticias son que hay mucha agua si aprendemos a gestionarla, las malas es que es todo un negocio.

Carbón –El icono de la era industrial tiene competencia limpia

El carbón, uno de los protagonistas de la industrialización, puede estar alcanzando su punto máximo de producción. El momento de máxima producción, varía según quién lo investigues. Energy Watch Group, con sede en Alemania, ha sugerido que la producción de carbón de los EE.UU. alcanzó su máximo en 2002, y que las reservas del mundo podrían aumentar hasta 2025. La Energy Information Agency estadounidense considera que la producción mundial de carbón crecerá un 1,1% al año hasta el 2035. El carbón siempre ha sido sucio. El hollín de su transporte por aire convenció a los londinenses en 1700 para que empezasen a utilizar todos paraguas negros para ocultar la suciedad, una tradición que se ha mantenido incluso después de que el aire esté significativamente más limpio. Hoy, la suciedad del carbón es molecular, dado que las centrales eléctricas liberan emisiones de dióxido de carbono que contribuyen al calentamiento global.

Hierro – Los mercados emergentes mantienen los precios altos

Hay buenas y malas noticias sobre esta cuestión. Las buenas son que la demanda se ha estabilizado en  la mayor parte del mundo desarrollado. Es más fácil reciclar los productos que contienen hierro que extraerlo. Las malas noticias son que los mercados emergentes han empezado una dieta rica en hierro. Los rascacielos de hierro de Bangalore a Pekín se acumulan en cifras récord, y más gente que nunca llega a ellos en coche. La volatilidad de los precios aumentó hace apenas unos años a medida que los mineros no lograban cubrir la demanda proveniente de China. El consumo superó la oferta transportada por mar cada año desde al menos 2004, y seguirá haciéndolo hasta 2014, según estima Morgan Stanley. El precio de la parte de mineral de hierro australiana era de 184,09$ la tonelada el año pasado, frente a los 29,40$ de 2004.

Comida – La tierra puede gestionarlo ¿Podemos nosotros?

El precio del trigo, el cereal más consumido, casi se ha cuadruplicado en cuatro décadas a medida que la demanda mundial se elevaba para todo, desde pan y pasteles a galletas y pasta. Salvo contadas excepciones, el trigo ha tenido un precio en promedio entorno a los 3$ el celemín desde 1960 hasta 2008. Ese año, los daños en la cosecha y las reservas en descenso cuadruplicaron los precios. Al mismo tiempo, el precio del arroz ha provocado varios disturbios mundiales. Después de la recesión, el trigo sigue comercializándose a unos 6,50$ el celemín, animando a los agricultores a aumentar el mayor cultivo conocido hasta el momento. El arroz se comercializa a casi el doble de su precio anterior a 2008. Bien gestionada, la producción de grano puede que no alcance nunca este máximo, a pesar de la volatilidad y de que los precios más altos se estén convirtiendo en la norma. Cargill, el productor y vendedor de materias primas agrícolas, ha afirmado que la era de precios de los alimentos en descenso probablemente haya terminado

Datos

Nuestra demanda de datos se incrementa de una manera casi exponencial, en 1990 el consumo global de Internet al mes era de 0,001 Petabytes, en 2011 la cifra subió a 19.707. Es cierto que de momento la tecnología se adelanta al consumo, pero a medida que la demanda aumenta para un espectro limitado, los proveedores de servicios pueden subir los precios. Muchos ya están eliminando las tarifas planas o limitando la velocidad para usuarios con mucha actividad. Como cualquier otro recurso natural, por ejemplo el petróleo en los 70, los proveedores y consumidores apenas están empezando a dar pasos para reducir el consumo.

Metales raros

Su nombre ya lo indica, son raros. Los primeros investigadores los llamaron raros por su distribución dispersa y la difícil tarea que suponía su extracción. Irónicamente, son muy comunes en la corteza terrestre. Factores económicos y políticos limitan la oferta, que los sitúa en los primeros puestos de la lista de las preocupaciones estratégicas. China produce casi toda la oferta de estos metales. Los EE.UU. pueden necesitar hasta 15 años para empezar a extraer sus propios depósitos, según un estudio de 2010 de la General Accountability Office. Los metales raros tienen propiedades magnéticas y de otro tipo que hacen que sean esenciales para los teléfonos móviles, ordenadores y armas de tecnología avanzada. Las tecnologías de bajo contenido en carbón, dependen de ellos, también la energía nuclear, solar, eólica, biocarburantes, la extracción y almacenamiento de carbón, y el transporte de la electricidad. Su posible escasez es un riesgo para el desarrollo de las energías limpias.

Coches

La idea, planteada por primera vez en el artículo Are We Reaching Peak Travel? Trends in Passenger Transport in Eight Industrialized Countries de la Universidad de Standford, hace referencia al máximo de coches que pueden conducir por una ciudad. Una vez que se alcanza ese pico, el uso de las cuatro ruedas empieza a decaer. Un buen ejemplo lo encontramos en Londres. Mientras el número de coches en Reino Unido ha permanecido bastante estable desde 1990, en la capital ha habido un cambio significativo. La densidad de población de la urbe no ha dejado de crecer por lo que el número de viajes en coche por día ha permanecido estable. Lo que significa que los recorridos en coche por persona han descendido. Gran parte de la culpa la tiene el denominado muro de Marchetti. La idea, planteada por un urbanista italiano del que toma el nombre, habla sobre la barrera psicológica que experimenta la mayoría de la gente cuando tiene que pasar más de una hora de trayecto para llegar al trabajo. A partir de ese momento o las capitales dejan de crecer o se vuelven disfuncionales; por esto el tamaño ideal de una ciudad tiende a ser el de “una hora de viaje”. El coche choca con esta idea.

La lista podría seguir y seguir…

¿Creéis que debemos preocuparnos o la tecnología avanza más que la escasez?