¿Invertirías mejor si supieras cuando morirás?

¿Invertirías mejor si supieras cuando morirás? 2Imagina que visitas al doctor, te detecta una enfermedad y te dice que te quedan entre 5 y 10 años de vida. Te dice que no vas a sufrir grandes dolores ni mal estado hasta entonces, pero que la muerte será repentina cuando llegue. ¿Cómo vivirías hasta entonces? ¿Qué cambiarías de tu vida y cómo lo harías?

Esta pregunta no la hace un psicólogo, ni un filósofo,  es una de las que hace un planificador financiero estadounidense llamado George Kinder a todos sus posibles clientes. Necesita entender cómo se enfrentarían a la definitiva situación para conocer bien sus verdaderos objetivos vitales y adecuar a los mismos la estrategia de sus ahorros e inversiones.

Quizá dentro de poco a Kinder no le haga falta poner a sus clientes en un entorno imaginario, sino que directamente podrá decirles la fecha orientativa de su fallecimiento.

Una empresa española de nombre anglosajón, Life Length, cofundada por María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y participada entre otros por la Fundación Botín, ofrece a los particulares la posibilidad de someterse a unos test para conocer su edad biológica aproximada.

Leer más

¿A quién le importa si pierdes?

¿A quién le importa si pierdes? 4Vender una casa no es un juego. Tampoco lo es desprenderse de unas acciones o un fondo de inversión. Sin embargo, muchas veces actuamos como si lo fuera a la hora de realizar una transacción tan importante para nosotros, sobre todo con la vivienda en el caso de las familias.

Veamos como funciona este “juego” tan peligroso. Imagina que, durante el boom previo a la crisis, compraste una casa por 250.000 euros con una hipoteca de 160.000 euros que, ahora que tu pareja se ha quedado en paro, parece demasiado elevada.

Poco a poco, te das cuenta además que la compraste demasiado cara y quieres venderla para irte de alquiler o a una más barata. Pones tu anuncio y, tras varios meses de espera, por fin te llega una oferta. Te pagan 230.000. Con esta cantidad te llega para cancelar la hipoteca y te queda un remanente para tener unos cuantos años de alquiler asegurados.

Racionalmente, parece una buena operación. Pero el problema es que, en estas, aparece la fuerza de lo irracional: “Es que pierdo dinero, prefiero esperar a que me llegue una oferta por 250.000, por lo menos le empato”, piensas. ¿Irracional? ¿Es irracional no querer perder dinero?

Si te paras a pensarlo, en este caso sí. En realidad, que ganes o pierdas en una operación resulta del todo intrascendente. Lo que debería importarnos es qué podremos hacer con el dinero recibamos de la transacción, no si en la transacción hemos tenido un saldo positivo o negativo.

Que en nuestro ejemplo empates o pierdas no tiene ninguna repercusión para ti. No te van a dar ningún dinero extra por no perder. De hecho, en el caso de los activos financieros hasta es más bien al revés, las pérdidas te pueden compensar fiscalmente los beneficios de los próximos años.

Leer más