Comprar casa ya cuesta más de 50 años de sueldo en Baleares

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Comprar una vivienda se ha convertido en un ejercicio de resistencia financiera que, en muchas comunidades autónomas, sobrepasa con creces la vida laboral de una sola persona. Aunque tradicionalmente se ha considerado razonable destinar un tercio del salario mensual al pago de la hipoteca, en lugares como Baleares, Madrid o Cataluña, esa regla se rompe sin contemplaciones.

Hoy por hoy, en seis comunidades autónomas y en Ceuta y Melilla, se necesitan más de 37 años de trabajo –es decir, más que toda una vida laboral estándar– para comprar una vivienda sin sobrepasar ese umbral del 30% del sueldo. En Baleares, la situación es la más extrema: un trabajador medio necesitaría más de 57 años para costearse una casa por sí solo cumpliendo ese límite. Madrid le sigue de cerca, junto al País Vasco, Canarias, Andalucía y Cataluña.

La raíz del problema no está tanto en los tipos de interés, aunque la subida del Euríbor hasta situarse de nuevo cerca del 2% ha encarecido el coste del crédito. El verdadero escollo está en los precios de la vivienda. Mientras los sueldos apenas han variado en la última década, el valor de los inmuebles ha seguido subiendo, sobre todo en las zonas con mayor presión demográfica o turística. Este desfase ha disparado el esfuerzo necesario para comprar, alejando el acceso a la vivienda en propiedad para buena parte de la población.

El modelo clásico de hipoteca a 30 años ya no encaja con la realidad de muchas personas que comienzan a plantearse la compra pasada la treintena. Esto obliga a asumir plazos más largos, mensualidades más elevadas o bien compartir el préstamo con otra persona para acortar los años. A día de hoy, comprar en pareja se ha convertido prácticamente en un requisito para que los números cuadren.

En este escenario, las hipotecas a muy largo plazo vuelven a la mesa. Entidades financieras ya exploran productos a 40 años o más, especialmente pensados para perfiles jóvenes con bajos ingresos. El riesgo, claro, es alargar tanto la deuda que acabe heredándose, con cuotas que se pagan incluso tras la jubilación del titular.

En paralelo, el alquiler tampoco se presenta como una solución accesible. En muchas zonas, la mensualidad de un alquiler ya supera lo que costaría una cuota hipotecaria, aunque sin la posibilidad de construir patrimonio. La diferencia es que alquilar no exige el esfuerzo inicial de entrada, que ya alcanza fácilmente los 60.000 euros entre ahorro y gastos vinculados a la compra.

La paradoja es clara: el acceso a la vivienda se ha vuelto tan complejo que ni toda una vida trabajando es garantía suficiente para lograrla. Mientras tanto, el precio del metro cuadrado sigue al alza, y la vivienda en propiedad se aleja como un lujo inalcanzable para una parte creciente de la población.