Lagarade da un respiro a los hipotecados

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A principios de este mes, el Consejo de Gobierno del BCE elevó los tres tipos oficiales en 25 puntos básicos. No es un movimiento menor: se trata de la primera subida desde septiembre de 2023, lo que marca un punto de inflexión después de la larga senda de relajación monetaria que tanto alivió las hipotecas en los últimos meses.

El detonante es geopolítico. El repunte de las presiones inflacionistas derivado del conflicto en Oriente Próximo y, sobre todo, del encarecimiento de la energía, ha obligado al banco central a reaccionar. Compareciendo ante la comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo, Lagarde defendió la decisión asegurando que deja al BCE «bien posicionado» para afrontar la incertidumbre que genera la guerra.

El mensaje que importa para tu hipoteca

Aquí está la parte que más debería interesar a cualquiera con una hipoteca variable referenciada al Euríbor. Pese a subir tipos, Lagarde fue explícita en frenar el temor a una espiral de subidas: el BCE no aprecia, por ahora, expectativas de inflación descontrolada ni los temidos «efectos de segunda ronda» que justificarían apretar más las tuercas.

Esa expresión técnica —efectos de segunda ronda— merece una traducción. Se refiere al peligro de que el encarecimiento de la energía se contagie al resto de la economía mediante subidas generalizadas de precios y salarios, realimentando la inflación. Mientras eso no ocurra, el BCE no tiene motivos para una ofensiva monetaria agresiva. Lagarde lo resumió con una advertencia matizada: el choque es demasiado grande para ignorarlo, pero todavía no ven los ingredientes que obligarían a ir más allá.

Para el Euríbor, esto se traduce en un escenario de subida contenida más que de escalada. El índice probablemente recoja el endurecimiento reciente, pero el tono prudente de Lagarde sugiere que no estamos ante el inicio de otro ciclo alcista como el de 2022.

Sin trayectoria predefinida: todo dependerá de los datos

El BCE insistió en que no está «prejuzgando ninguna trayectoria de tipos concreta» y que mantendrá su enfoque dependiente de los datos, reunión a reunión. Es la fórmula habitual del banco central para no atarse las manos, pero esta vez tiene una base concreta: la institución maneja tres escenarios distintos sobre cómo puede evolucionar el conflicto y su impacto económico. En todos ellos, según Lagarde, la subida de tipos estaba justificada.

El cuadro macroeconómico que dibujó ayuda a entender la cautela. Las previsiones del Eurosistema apuntan a una inflación del 3% en 2026, que iría moderándose hasta el 2,3% en 2027 y el 2% en 2028. El crecimiento, en cambio, se enfría: el PIB de la zona euro avanzaría apenas un 0,8% este año, antes de recuperar algo de fuelle hasta el 1,3% en 2027 y el 1,5% en 2028. Es el clásico dilema del banquero central: riesgos al alza para los precios y a la baja para el crecimiento.

La energía, en el centro de todo

El gran protagonista de las tensiones es el coste de la energía, cuyos precios subieron alrededor de un 10% entre abril y mayo. La inflación subyacente —la que excluye energía y alimentos, y mejor refleja las presiones de fondo— se situó en el 2,6%, y las expectativas de precios a corto plazo ya superan los niveles previos al estallido de la guerra.

Lagarde, sin embargo, lanzó un matiz importante para no cundir el pánico: este episodio es distinto del que siguió a la pandemia y a la invasión de Ucrania. Entonces la economía llegó al choque con políticas monetarias y fiscales muy expansivas que amplificaron la inflación. Ahora, en cambio, la inflación partía de niveles cercanos al objetivo y las políticas ya no eran acomodaticias. Su conclusión es que la transmisión de las tensiones energéticas al conjunto de la economía podría ser «más limitada», aunque los riesgos persistan.

No bajar la guardia

Pese al tono prudente, Lagarde dejó claro que el BCE no puede relajarse después del trauma inflacionista de 2022 y 2023. La razón es psicológica además de económica: tras aquel episodio, empresas y trabajadores podrían reaccionar con mucha más sensibilidad a cualquier nueva perturbación, anticipando subidas de precios y salarios que harían más difícil controlar la inflación.

Y cerró con un mensaje que va más allá de los tipos de interés: la política monetaria tiene límites para combatir este tipo de crisis. No puede contrarrestar por completo un choque de oferta como el energético. La verdadera solución, defendió, pasa por reducir la vulnerabilidad de Europa ante este tipo de perturbaciones externas, especialmente reforzando su resiliencia energética.

Qué significa para el hipotecado

En resumen: el BCE ha vuelto a subir tipos, pero con la mano en el freno. Para quien tiene una hipoteca variable, el mensaje es agridulce. El ciclo de bajadas que venía aliviando las cuotas se ha interrumpido, y conviene asumir que el Euríbor recogerá esta subida. Pero el tono deliberadamente cauto de Lagarde —sin trayectoria predefinida, dependiente de los datos y sin señales de una ofensiva agresiva— sugiere que, salvo que la guerra escale y la energía se descontrole, no estamos ante el regreso de las subidas vertiginosas de hace tres años. La palabra clave para los próximos meses es vigilancia, y todo dependerá de lo que ocurra en Oriente Próximo.

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