El BCE no quiere repetir errores y nos acordamos de Trichet

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En general nunca habría tenido ningún problema en meterme en el pellejo de Lagarde, básicamente consiste en hacer poco (y a veces mal y tarde) a cambio de cobrar mucho, muchísimo pero la situación actual me hace replantearme seriamente mi candidatura a dirigir el BCE ya que francamente no sabría que hacer. ¿Y si subo tipos, me cargo la economía Europea y el petroleo cae a plomo en dos meses? ¿Y si no hago nada y a Trump le da por invadir por tierra Irán y se lía gorda en el Golfo Pérsico?

Pues a eso se enfrenta el BCE y de momento parece que lo único claro que tenemos es que hoy no harán nada.  Prácticamente todos los miembros del Consejo de Gobierno que han hecho declaraciones públicas en las últimas semanas han descartado un movimiento en esta reunión, y el propio economista jefe del BCE, Philip Lane, lo dejó claro este miércoles en Fráncfort al reconocer que la duración e impacto de la guerra siguen siendo una incógnita demasiado grande como para actuar con precipitación. Los tipos se mantendrán, por tanto, en el 2% para la facilidad de depósito.

Lo que importa hoy son las palabras de Lagarde, no la decisión

La atención real de los mercados no estará en el comunicado, sino en la rueda de prensa de Christine Lagarde. Lo que diga —y sobre todo cómo lo diga— determinará si los inversores refuerzan o suavizan sus apuestas sobre lo que ocurrirá en junio. La presidenta ha dejado claro en intervenciones recientes que el BCE no se compromete de antemano con ninguna senda concreta, pero que su prioridad sigue siendo llevar la inflación de vuelta al 2% de forma sostenida. Esa ambigüedad calculada es, en realidad, una posición deliberada: mantener viva la opción de subir tipos en junio sin cerrarse puertas si el conflicto se resuelve antes.

Los inversores llevan semanas ajustando sus expectativas al alza. Actualmente los mercados descuentan dos subidas de 25 puntos básicos a lo largo de 2026 —la primera en junio o julio, la segunda en otoño— y hay una probabilidad significativa, que algunos sitúan en torno al 75%, de que se produzca incluso un tercer incremento antes de que acabe el año, lo que dejaría el tipo de depósito en el 2,75% en diciembre. Un escenario impensable hace apenas tres meses, cuando el consenso apuntaba a años de estabilidad monetaria en la eurozona.

Una inflación que no da tregua

El origen de este vuelco en las expectativas está en los precios de la energía. La inflación en la eurozona alcanzó el 2,6% en el escenario base que maneja el BCE para 2026, revisada con fuerza al alza respecto a las estimaciones de diciembre, cuando se situaba en el 1,9%. En España, el IPC de marzo se disparó hasta el 3,4%, con el impacto directo de la guerra de Irán aportando más de un punto porcentual a ese dato. El petróleo Brent cotiza en por encima de los 110 dólares por barril, aunque en los momentos de mayor tensión llegó a rozar los 120 dólares. El gas, por su parte, ha mostrado una volatilidad extrema en las últimas semanas.

Más allá de los precios de la energía, lo que verdaderamente preocupa al BCE es el riesgo de efectos de segunda ronda: que la inflación energética se traslade a salarios, márgenes empresariales y expectativas de los consumidores, generando una dinámica inflacionista más estructural y difícil de revertir. Las encuestas de expectativas de inflación a los consumidores han repuntado hasta máximos de 2023, y los indicadores del sector industrial apuntan en la misma dirección.

El riesgo del ‘trichetazo’: subir tipos en el momento equivocado

No todo el mundo coincide en que el BCE deba actuar en junio. Hay voces relevantes dentro y fuera del organismo que advierten del peligro de endurecer la política monetaria cuando la inflación tiene su origen en un shock de oferta externo —la guerra— y no en un exceso de demanda o en una economía sobrecalentada. El argumento es sencillo: subir tipos no va a abaratar el petróleo ni a resolver el conflicto, pero sí va a encarecer las hipotecas, frenar el crédito y debilitar aún más un crecimiento económico que ya se ha revisado a la baja. El BCE estima ahora que el PIB de la eurozona crecerá apenas un 0,9% en 2026, frente al 1,2% que proyectaba en diciembre.

Este dilema evoca uno de los episodios más criticados de la historia reciente del banco central: el doble error de Jean-Claude Trichet, que subió tipos en julio de 2008, en plena gestación de la crisis financiera, y volvió a hacerlo en 2011, en medio de la crisis de deuda europea. En ambas ocasiones, el BCE tuvo que dar marcha atrás pocas semanas después, con el consiguiente daño a su credibilidad. La institución que preside Lagarde es muy consciente de ese precedente, y no querrá repetirlo.

El mercado hipotecario, en modo defensivo

El impacto de toda esta incertidumbre ya se está notando en las decisiones cotidianas de los ciudadanos. En España, el euríbor a 12 meses cotiza en el entorno del 2,82% en abril, por encima de los niveles de principios de año, en una señal de que el mercado interbancario ya está anticipando subidas aunque el BCE aún no haya movido ficha. La respuesta de los compradores de vivienda ha sido contundente: el 92% de las hipotecas firmadas el último mes en España han sido a tipo fijo, la cifra más alta de los últimos tiempos, reflejo de que nadie quiere asumir el riesgo de una variable en un entorno donde los tipos podrían subir en los próximos meses.

Junio, la cita clave

Si el conflicto en Irán no remite antes del verano, junio será el momento de la verdad. En esa reunión el BCE actualizará su cuadro de previsiones macroeconómicas, lo que dará al Consejo de Gobierno una base sólida para tomar decisiones. Si para entonces los precios del petróleo siguen disparados y las expectativas de inflación continúan deteriorándose, una subida de 25 puntos básicos parece casi inevitable. Si, por el contrario, el conflicto se desescala y los mercados energéticos se relajan, el BCE podría recuperar el escenario idílico que tenía antes de que comenzaran los bombardeos: inflación en el 2%, tipos estables y un horizonte de calma monetaria que ahora mismo parece muy lejano.

1 comentario en «El BCE no quiere repetir errores y nos acordamos de Trichet»

  1. Parece que asoma la estanflación en Europa, sube inflación, bajo crecimiento sólo falta la caída de empleo, espero equivocarme. Saludos.

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