El BCE podría subir los tipos en abril si aumentan las presiones inflacionarias

El BCE podría subir los tipos en abril si aumentan las presiones inflacionarias 1

Joachim Nagel es el primer gran peso pesado del Consejo de Gobierno que pone fecha a una posible subida de tipos. El mercado le escucha: es la voz más influyente entre los halcones del BCE.

No ha pasado ni un día desde que el BCE decidió mantener los tipos en el 2% y ya hay quien marca en rojo la próxima cita. El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ha declarado a Bloomberg que el Consejo de Gobierno del BCE debería considerar una subida de tipos en su reunión del 30 de abril si las presiones inflacionarias se intensifican por la guerra en Irán.

No es una voz cualquiera. El Bundesbank es, históricamente, la institución más ortodoxa en materia de estabilidad de precios dentro de la eurozona. Cuando su presidente habla de subir tipos, el mercado presta atención. Y cuando lo hace al día siguiente de una reunión en la que Lagarde optó por la prudencia, el contraste es inevitable.

Lo que ha dicho Nagel (y lo que significa)

Las palabras de Nagel han sido cuidadosamente medidas, pero su dirección es clara. Ha señalado que «es posible que las perspectivas de inflación a medio plazo empeoren y que las expectativas inflacionarias aumenten de forma sostenida», algo que «probablemente requeriría una política monetaria más restrictiva». Traducido: si la inflación no se frena sola, habrá que frenarla subiendo el precio del dinero.

El presidente del Bundesbank ha añadido que espera disponer de datos más fiables para la próxima reunión del Consejo de Gobierno, lo que sitúa el 30 de abril como la primera fecha en la que podría producirse un movimiento. No es una promesa, pero es mucho más que una insinuación.

Nagel también ha invocado el fantasma de 2022, recordando que la experiencia del repunte de precios tras la invasión de Ucrania «jugará un papel importante en este contexto». En aquella ocasión, el BCE tardó meses en reaccionar ante la escalada de la inflación, lo que permitió que los precios se descontrolaran hasta superar el 10% en varios países. Es una forma elegante de decir: esta vez no podemos permitirnos llegar tarde.

No obstante, el alemán ha matizado que el BCE «se encuentra hoy en una mejor posición de partida» que entonces. En febrero, la inflación de la eurozona estaba en el 1,9%, prácticamente clavada en el objetivo. En enero de 2022, ya rondaba el 5% antes de que empezara la guerra.

Los halcones ganan terreno

Nagel no está solo. En los días previos a la reunión de ayer, varios miembros del Consejo de Gobierno dejaron entrever que una subida de tipos es cada vez más probable.

Peter Kazimir, gobernador del Banco de Eslovaquia y una de las voces más conservadoras del BCE, fue especialmente directo al afirmar que la reacción del banco central «está potencialmente más cerca de lo que muchos creen», dejando la puerta abierta a subidas en abril o junio. Kazimir advirtió además de que si los precios de la energía se mantienen altos, los trabajadores empezarán a pedir subidas salariales más agresivas, lo que podría desencadenar una espiral inflacionista de segunda ronda.

Martins Kazaks, gobernador del Banco de Letonia, fue en la misma dirección: si el shock energético comienza a elevar las expectativas de inflación, «será necesario que intervengamos subiendo los tipos de interés».

E Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE y una de las voces más respetadas en Fráncfort, ha reconocido que el reciente aumento de los precios de la energía «hace que la trayectoria de la inflación sea más incierta», aunque por ahora se muestra más cauta sobre la necesidad de actuar.

Las palomas no se rinden

No todo el Consejo va en la misma dirección. François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, afirmó antes de la reunión que el BCE no debería subir tipos todavía, aunque dejó claro que la institución no permitirá que la inflación se consolide.

Más contundente fue José Luis Escrivá, gobernador del Banco de España, que la semana pasada calificó de «muy improbable» una subida de tipos motivada por los precios de la energía: «No creo que la forma que tomamos las decisiones sea así», señaló.

El análisis de Berenberg sitúa la correlación de fuerzas dentro del Consejo en 12 palomas frente a 8 halcones, sin ningún halcón de línea dura entre estos últimos. Pero la guerra en Irán está moviendo el péndulo. Lo que hace un mes era un debate casi teórico sobre si el siguiente movimiento sería una bajada o una pausa indefinida, se ha convertido en una discusión real sobre cuándo y cuánto subir.

Los números que empujan

Las nuevas proyecciones del BCE, publicadas ayer, alimentan la posición de los halcones. La inflación prevista para 2026 ha saltado del 1,9% estimado en diciembre al 2,6%, una revisión al alza de siete décimas que se explica casi en su totalidad por el encarecimiento de la energía.

Pero es el escenario extremo el que realmente asusta. Si las interrupciones en el suministro de petróleo y gas persisten hasta finales de 2026, el BCE calcula que la inflación podría alcanzar un pico del 6,3% en el primer trimestre de 2027. Es una cifra que, de cumplirse, obligaría a una respuesta monetaria contundente.

El mercado, de hecho, ya la está descontando. Los contratos de swaps sobre tipos de interés valoran una probabilidad del 60% de que el BCE suba los tipos antes del verano, con una segunda subida en el segundo semestre que llevaría el tipo de depósito del 2% al 2,5%.

¿Y si se equivoca el mercado?

No todos compran la tesis de que los tipos van a subir. Los analistas de Bankinter recuerdan que un shock de oferta energética no se combate con política monetaria restrictiva, citando el precedente de julio de 2008, cuando el BCE subió tipos con el petróleo a 140 dólares y tuvo que dar marcha atrás meses después.

UBS reconoce que el riesgo de una subida adelantada es real, pero defiende que el principio tradicional del BCE invita a no reaccionar ante perturbaciones de precios que se consideran temporales. CaixaBank Research tampoco espera cambios, confiando en que las existencias de energía acumuladas y las expectativas de inflación ancladas den tiempo al BCE.

El problema es que «temporal» es una palabra que el BCE ya usó en 2021 para describir una inflación que acabó durando dos años y superando el 10%.

Lo que está en juego

Si Nagel tiene razón y los tipos suben en abril o junio, el impacto se trasladará de forma inmediata al euríbor y, por tanto, a las hipotecas variables de millones de europeos. El euríbor a 12 meses ya cotiza en el entorno del 2,5%, muy por encima del 2,2% de hace un mes, precisamente porque anticipa ese escenario.

Pero si el BCE sube tipos y la guerra se resuelve rápidamente, habrá endurecido la política monetaria justo cuando la economía europea necesita lo contrario: un impulso para absorber el gasto en defensa, financiar las infraestructuras alemanas y sostener un crecimiento que ya se ha revisado a la baja hasta el 0,9%.

Es la trampa clásica de los bancos centrales ante un shock de oferta: si no actúan, la inflación puede enquistarse; si actúan, pueden agravar la recesión. Lagarde lo resumió ayer con su fórmula habitual: el BCE está «bien posicionado y preparado». Nagel, desde Fráncfort, ha dejado claro que «preparado» significa dispuesto a apretar el gatillo el 30 de abril.

Las próximas seis semanas serán decisivas.