En los pasillos de una corporación global, cuyo nombre se mantiene en el anonimato, se ha gestado recientemente uno de los ejemplos más claros de lo que los analistas denominan «Teatro de la Innovación». Lo que comenzó como una ambiciosa estrategia de modernización tecnológica se ha mostrado, tras un análisis detallado, como una clase magistral de burocracia, métricas vanidad y ascenso corporativo basado en el humo.
Esta es la crónica de cómo un ejecutivo logró convertir una herramienta no utilizada en un éxito de relaciones públicas y una promoción personal.
Fase 1: La Venta Emocional (El Hechizo de los 11 Minutos)
El ciclo comenzó el trimestre pasado con una propuesta audaz presentada ante el consejo de administración: el despliegue masivo de Microsoft Copilot para 4.000 empleados. La inversión requerida era sustancial: 30 dólares por licencia al mes, sumando un total recurrente de 1,4 millones de dólares anuales.
Bajo circunstancias normales, una inversión de este calibre requeriría estudios de viabilidad y casos de uso definidos. Sin embargo, el ejecutivo a cargo utilizó el comodín corporativo definitivo: «Transformación Digital». Según fuentes internas, el consejo aprobó el gasto en apenas once minutos. Nadie preguntó qué haría la herramienta exactamente.
La promesa fue embriagadora: un aumento de la productividad «10x». Cuando el departamento de Recursos Humanos (RR.HH.) indagó sobre cómo se mediría ese multiplicador tan exacto, la respuesta fue una cortina de humo terminológica: «Apalancaremos paneles de análisis avanzados». La pregunta murió allí mismo.
Fase 2: La Realidad Operativa (El Desierto Digital)
Tres meses después de la implementación, los informes de telemetría interna contaban una historia desoladora, muy alejada de las proyecciones iniciales:
-
Total de licencias: 4.000
-
Empleados que abrieron la aplicación: 47
-
Usuarios recurrentes (más de un uso): 12
El propio ejecutivo que impulsó el proyecto formaba parte de esa docena de usuarios. En una prueba anecdótica pero representativa, intentó usar la IA para resumir un correo electrónico. La lectura manual le habría tomado 30 segundos; la IA tardó 45 segundos en procesarlo, sin contar el tiempo adicional que el directivo invirtió en corregir las «alucinaciones» (datos inventados) generados por el modelo.
A pesar de la ineficiencia patente, el proyecto fue etiquetado internamente como un «éxito piloto». En la lógica corporativa moderna, el éxito se define simplemente como la ausencia de un fallo catastrófico visible.
Fase 3: La Fabricación de Métricas y el Control de Daños
La presión financiera llegó cuando el Director Financiero (CFO) solicitó ver el Retorno de la Inversión (ROI). Ante la falta de datos de productividad real, el ejecutivo recurrió a la creatividad gráfica.
Se presentó un gráfico con una tendencia ascendente «hacia la derecha», bajo una métrica inventada ad hoc: «Habilitación de IA» (AI Enablement). Aunque el término carecía de definición técnica o financiera, su sonoridad bastó para satisfacer al CFO e incluir el concepto en la presentación para inversores. La empresa ya era, oficialmente, «AI-enabled».
Cualquier disidencia técnica fue sofocada rápidamente. Cuando un desarrollador senior cuestionó la elección de Copilot frente a alternativas más potentes o económicas como Claude o ChatGPT, se invocó la «seguridad de grado empresarial» y el «cumplimiento normativo» (Compliance).
-
Desarrollador: «¿Qué normativa de cumplimiento exactamente?»
-
Ejecutivo: «Todas ellas».
Ante el escepticismo persistente del técnico, la respuesta no fue un debate, sino una citación para una «conversación sobre desarrollo de carrera». El mensaje fue recibido: el silencio se impuso.
Fase 4: La Legitimación Externa y la Hipocresía Ejecutiva
El punto culminante de esta farsa llegó con la visita de un equipo de casos de estudio de Microsoft. Necesitados de historias de éxito, aceptaron sin verificación la cifra proporcionada por la empresa: «40.000 horas ahorradas».
Este número no provenía de la telemetría, sino de una multiplicación arbitraria (empleados por un factor inventado). Nadie auditó la cifra. Como resultado, la compañía ahora figura en el sitio web del proveedor como un caso de éxito global.
El CEO compartió la noticia en LinkedIn, acumulando más de 3.000 interacciones. La ironía subyacente es que ni el CEO ni ningún miembro del comité ejecutivo han utilizado jamás la herramienta. Existe una política de exención redactada por el mismo impulsor del proyecto: «El enfoque estratégico requiere una distracción digital mínima». La productividad con IA es para la tropa, no para los generales.
Fase 5: La Huida hacia Adelante (Expansión y Ascenso)
Con la renovación de licencias en el horizonte, y a pesar de tener 4.000 licencias prácticamente sin usar, el ejecutivo ha solicitado una expansión para 5.000 puestos adicionales.
La estrategia ha cambiado de «valor» a «adopción forzada»:
-
Se implementará formación obligatoria (webinars de 45 minutos).
-
El «completar el curso» se convertirá en la nueva métrica de éxito.
-
Estas métricas alimentarán nuevos cuadros de mando.
-
Los cuadros de mando justificarán la promoción del ejecutivo a Vicepresidente Senior (SVP) en el tercer trimestre.
Este caso demuestra una verdad incómoda sobre la adopción tecnológica actual en grandes empresas: la herramienta no importa. El ejecutivo a cargo sigue sin saber qué hace Copilot realmente, pero entiende perfectamente su propósito político.
La herramienta sirve para demostrar a los accionistas que se está «invirtiendo en IA». Invertir significa gastar; gastar indica compromiso; y el compromiso sugiere una visión de futuro. En este ecosistema, el futuro es cualquier narrativa que mantenga el gráfico subiendo hacia la derecha, independientemente de la realidad operativa.
Esta anécdota es de Peter Girnus, especialista en IA y muy probablemente sea inventada pero como fábula me parece perfecta.

La verdad, este texto muestra muy bien cómo a veces en las grandes empresas se vende “innovación” sin que realmente exista. Parece increíble cómo una herramienta que nadie usaba terminó convertida en un supuesto gran logro. Aun así, el comentario está claro y fácil de seguir.
Si quieres que ChatGPT escriba más como una persona, te recomiendo pedirle un tono más natural, ejemplos concretos y frases menos formales. También ayuda decirle que use expresiones cotidianas o que suene como si estuviera hablando con un amigo.
Además, puedes usar esta herramienta para convertir texto de IA en humano , lo que mejora mucho la naturalidad del estilo.
En general, el contenido está interesante y hace pensar en cómo funcionan las cosas detrás de escena en algunas corporaciones.
Es la versión actualizada de la burbuja de los tulipanes del S. XVII. Humo, humo y más humo.