Comprar una vivienda sigue siendo uno de los grandes objetivos vitales de muchas personas, pero dar con la casa ideal es solo la mitad del camino. La otra mitad, y no menos importante, es lograr que el banco te preste el dinero. Para eso, hay que pasar por una especie de radiografía financiera donde cada detalle cuenta. Aquí te explicamos qué es lo que realmente miran las entidades antes de dar el sí.
1. Un historial financiero limpio
Lo primero que hace cualquier banco es revisar si tienes antecedentes de impagos o si estás incluido en alguna lista de morosos, como ASNEF o RAI. Un solo impago, aunque haya sido hace años, puede ser suficiente para frenar la operación. Lo recomendable es revisar tu situación antes de solicitar la hipoteca y solventar cualquier problema pendiente. Si tienes deudas pequeñas, mejor saldarlas y asegurarte de que no haya registros negativos a tu nombre.
2. Estabilidad laboral y antigüedad en el empleo
Tener un contrato indefinido ya no es un lujo, es casi una necesidad si quieres pedir una hipoteca. Los bancos valoran mucho la seguridad laboral, y si además llevas varios años en la misma empresa, mejor todavía. Los funcionarios y empleados públicos suelen tenerlo más fácil, porque su trabajo se percibe como más estable. Si trabajas por cuenta propia, te pedirán al menos dos años de actividad con ingresos regulares y positivos. Y si acabas de empezar o encadenas contratos temporales, el acceso será más complicado.
3. Ingresos suficientes y proporcionales a la cuota
Aquí no basta con ganar bien: hay que ganar lo suficiente como para que la hipoteca no se coma más del 30% o 35% de tus ingresos netos. Este cálculo se hace teniendo en cuenta todos tus ingresos regulares (salario, alquileres, pensiones, etc.) y tus otros gastos fijos. Si te pasas del umbral, aunque sea por poco, es muy probable que el banco no te apruebe el préstamo.
4. Ahorros para cubrir la entrada y los gastos
Aunque sueñes con el 100%, lo habitual es que el banco solo financie hasta el 80% del valor de tasación o del precio de compraventa, el menor de los dos. Eso significa que necesitas tener al menos un 20% del precio ahorrado. Pero ahí no acaba la cosa: hay que sumar también los gastos asociados a la compra (notaría, impuestos, registro…), que pueden suponer otro 10% adicional. En total, tendrás que tener disponible en torno a un 30% del precio de la vivienda.
5. Justificar el origen del dinero ahorrado
Desde hace unos años, los bancos están obligados a verificar que el dinero que aportas tiene un origen legal. Así que no vale con decir que lo tenías guardado «debajo del colchón». Tendrás que enseñar extractos bancarios, certificados de herencia, justificantes de donaciones o incluso declaraciones fiscales. Si no puedes demostrar de dónde sale el dinero, ni te molestes en continuar el proceso: el préstamo será rechazado.
6. Un comportamiento financiero coherente
No solo se fijan en cuánto ganas, sino también en cómo lo gastas. El banco analizará tus movimientos bancarios de los últimos meses y buscará señales de alerta. Por ejemplo, si haces pagos frecuentes a casas de apuestas, si tienes muchas transferencias a plataformas de riesgo o si hay compras compulsivas, es probable que te consideren un perfil poco fiable. Aquí se premia la contención y la regularidad.
