Tiene 35 años y 17 viviendas alquiladas

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Marc Bove no es millonario, ni hijo de empresarios. Es, sobre todo, un estratega. Con apenas 35 años, ha conseguido levantar un patrimonio de 17 viviendas destinadas al alquiler, muchas de ellas fuera de su ciudad de residencia. Y lo ha hecho sin disponer de una fortuna inicial, ni de contactos privilegiados.

Todo comenzó en 2013, en plena resaca de la crisis financiera, cuando decidió comprar su primer piso. Era un momento en el que los bancos querían deshacerse de activos y los precios estaban por los suelos. Mientras otros dudaban o esperaban tiempos mejores, él vio la oportunidad.

A partir de ahí, siguió un método que repite como un mantra:
“El piso se tiene que pagar solo desde el primer día”. Es decir, que el alquiler cubra la hipoteca y, además, deje algo de beneficio mensual.

Pero el punto de inflexión llegó cuando descubrió una herramienta financiera poco conocida por muchos pequeños propietarios: la ampliación de hipoteca sobre una vivienda que se ha revalorizado.

“Conseguí 50.000 € de liquidez ampliando la hipoteca de mi primer piso, y con eso compré más propiedades”, explica.

Esta estrategia, conocida como recapitalización o apalancamiento inmobiliario, consiste en obtener liquidez sin vender. El truco está en que, si un piso ha aumentado de valor, es posible pedir al banco una ampliación del préstamo original, usando esa revalorización como garantía. Así, el inversor consigue efectivo sin tener que deshacerse del activo que le está generando ingresos.

Marc pasó de tener tres pisos a siete en poco tiempo, aplicando este mismo esquema. Siempre bajo dos reglas de oro:

  1. Flujo de caja positivo: cada piso tiene que generar al menos 200 euros al mes después de pagar la hipoteca.

  2. Deuda calculada con precisión: no endeudarse por encima de lo que los ingresos del alquiler pueden soportar.

Esto le ha permitido escalar su cartera sin sobresaltos ni impagos, incluso en un contexto de inflación y tipos de interés al alza.

Cómo se gestionan 17 pisos (sin volverse loco)

A día de hoy, Bove ha profesionalizado completamente su operativa. Utiliza herramientas digitales, trabaja con equipos de confianza en cada ciudad y ha delegado la mayor parte de las tareas en gestores, agentes y empresas de mantenimiento.

“No hace falta estar pegado a los inquilinos”, afirma. “Con una buena red, puedes tener pisos en varias provincias sin complicarte la vida”.

Su enfoque dista mucho del del típico “casero tradicional”. Piensa como empresario y analiza cada operación con lupa. Si el piso no tiene sentido financiero, no lo compra. Si el alquiler no cubre los gastos y deja margen, lo descarta.

Y rechaza la idea de especular comprando y vendiendo rápido. Él compra para generar rentas constantes a largo plazo, lo que define como verdadera libertad financiera.

¿Sigue habiendo oportunidades?

A pesar de las dificultades actuales del mercado —precios altos, restricciones hipotecarias, costes crecientes—, Marc lo tiene claro: todavía hay oportunidades si se sabe buscar.

“Hay ciudades donde puedes encontrar rentabilidades del 7% u 8%”, asegura. El problema, dice, es que la mayoría no sabe hacer los números.

Su recomendación para quienes quieren iniciarse en este tipo de inversión es sencilla pero contundente:
formarse antes de lanzarse. Entender bien cómo funcionan las hipotecas, los impuestos, los seguros y, sobre todo, el flujo de caja. En sus palabras:

“Yo no tenía dinero cuando empecé, pero tenía conocimiento. En el inmobiliario, el conocimiento vale más que el capital”.

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