La última intervención pública de Isabel Schnabel, integrante del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, vuelve a enfriar las expectativas de una bajada de tipos en la reunión del 11 de septiembre. A pesar de que los mercados descontaban desde hace meses un posible alivio monetario, las declaraciones de la economista alemana apuntan a un escenario de tipos estables ante una inflación que no termina de ceder del todo.
Con una inflación interanual del 2,1% en agosto en la eurozona —ligeramente por encima del objetivo del 2% marcado por el BCE—, Schnabel ha advertido de que el equilibrio de riesgos está desplazado hacia una subida de precios. A su juicio, factores como los aranceles, la expansión fiscal y las tensiones geopolíticas podrían añadir presión alcista al IPC en los próximos trimestres, tanto en Europa como en otras grandes economías.
No es la primera vez que Schnabel se muestra reticente ante nuevas bajadas de tipos. Ya en julio insistió en que haría falta un deterioro evidente de las condiciones macroeconómicas para justificar otro recorte. Su mensaje ahora se endurece aún más: asegura que no ve “motivos” para bajar el precio del dinero, y deja entrever que incluso una subida antes de lo previsto no sería descartable, sobre todo si los bancos centrales pierden autonomía o se acelera el gasto público a nivel global.
Aunque el crecimiento económico en la eurozona se mantiene, la evolución de los precios preocupa. La inflación subyacente —que excluye energía, alimentos, alcohol y tabaco— sigue anclada en el 2,3%, lo que indica que las presiones inflacionistas no son solo coyunturales. Por sectores, los alimentos frescos vuelven a tirar del carro con un alza interanual del 5,5%, mientras que la energía sigue en negativo, con una caída del 1,9%. Los servicios, por su parte, se encarecen a un ritmo del 3,1%, lo que confirma que los costes siguen trasladándose al consumidor final.
La advertencia de Schnabel llega en un momento clave, justo antes del “blackout” habitual del BCE, una semana en la que los miembros del consejo dejan de hacer declaraciones públicas antes de la reunión. Su mensaje también ha sido respaldado por el gobernador del banco central austriaco, que ha abogado por una postura prudente ante la falta de señales claras de debilitamiento de la inflación.
Schnabel también ha puesto el foco en la situación en Estados Unidos. A su juicio, la combinación de un crecimiento sostenido de los precios de los alimentos, una política fiscal expansiva y medidas comerciales proteccionistas podría obligar a la Reserva Federal a cambiar de rumbo antes de lo que el mercado espera. En este contexto, cualquier intento de condicionar políticamente a los bancos centrales —como los recientes ataques de Donald Trump a la Fed— puede tensionar aún más los tipos a medio y largo plazo a nivel mundial.
En definitiva, el mensaje desde Fráncfort es claro: los tipos seguirán donde están durante más tiempo, a la espera de señales más contundentes de moderación de los precios.
