Hipotecas al alza: oportunidad para algunos, frustración para otros

mercado inmobiliario e hipotecas

Con la primera bajada de tipos del BCE ya ejecutada y nuevas rebajas en el horizonte, la maquinaria hipotecaria comienza a dar señales de reactivación. Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI) proyecta que en 2025 se firmarán más de 400.000 hipotecas, lo que implicaría un crecimiento del 10% respecto a este año. El optimismo viene respaldado por un entorno económico más benévolo y un repunte de la confianza de los hogares, especialmente tras un largo periodo de espera y contención.

La mejora del acceso al crédito se está traduciendo en un mayor dinamismo en las operaciones inmobiliarias. Según UCI, se podrían superar las 700.000 compraventas de vivienda en 2025, impulsadas en buena parte por familias que habían paralizado decisiones por el alto coste de financiación. La bajada del euríbor y la expectativa de un ciclo bajista de tipos actúan como palanca de arranque para perfiles que hasta hace poco veían inviable asumir un préstamo hipotecario.

En este contexto, el verano empieza a perfilarse como una etapa de fuerte actividad, rompiendo con la tónica habitual de cierta atonía estacional. Las inmobiliarias ya notan mayor volumen de visitas, contactos y negociaciones. Este comportamiento se explica por la sensación generalizada de que las condiciones actuales pueden ser mucho más favorables que las del arranque de 2024, cuando el euríbor rozaba el 4% y la financiación era mucho más exigente.

Pese al mejor acceso al crédito, desde UCI advierten que los problemas estructurales del mercado no desaparecen. La escasez de vivienda disponible sigue tensionando los precios, especialmente en las grandes ciudades y en zonas costeras con alta demanda. Las causas son múltiples: falta de suelo finalista, cuellos de botella administrativos y una presión demográfica que no da tregua.

La entidad reclama desbloquear suelo urbanizable y agilizar los procesos de licencias como pasos imprescindibles para ampliar la oferta y contener precios. A ello suma la necesidad de industrializar procesos constructivos y dar acceso a financiación tanto a compradores como a promotores, de forma que el sistema no dependa exclusivamente del mercado secundario.

El sector no se encuentra ante una burbuja crediticia ni ante un repunte de la morosidad, pero sí frente a un desequilibrio profundo entre oferta y demanda. Mientras no se corrija este desfase, cualquier mejora en las condiciones financieras corre el riesgo de trasladarse a precios más altos en lugar de a una accesibilidad real. Y esa brecha no se cierra con tipos bajos, sino con más vivienda disponible.