Tras varios trimestres de crecimiento débil, Alemania enfrenta un estancamiento económico cada vez más prolongado. La locomotora de Europa, durante años sinónimo de solidez industrial, empieza a mostrar fisuras estructurales. A los efectos de la crisis energética desatada por la guerra en Ucrania se suman factores de fondo: una población envejecida, escasez de mano de obra cualificada y una industria exportadora que pierde terreno en un mundo cada vez más competitivo.
Los datos de la OCDE reflejan una realidad llamativa: los alemanes trabajan de media 1.343 horas al año, muy por debajo de países comparables como España (1.632) o Grecia (1.872). Este nivel de horas trabajadas ha reabierto el debate sobre si el país cuenta con suficiente capacidad laboral para mantener su actividad económica.
El Instituto de Economía Alemán (IW) ha cuantificado el problema: faltan 4.200 millones de horas de trabajo anuales para cubrir las necesidades actuales de producción. Y las soluciones clásicas, como incrementar la inmigración o retrasar la edad de jubilación, difícilmente serán suficientes para cerrar esa brecha.
La propuesta de Merz: trabajar más
El canciller ha sido contundente: para sostener el nivel de vida alemán, es necesario que se trabaje más. Pero esta receta encuentra resistencias entre muchos economistas, que recuerdan un principio fundamental de la productividad: trabajar más no siempre implica producir más.
El caso de países como México sirve de ejemplo. Aunque sus jornadas laborales son notablemente más largas, su productividad por hora es muy inferior a la de Alemania. Es decir, la cantidad de horas trabajadas importa menos que lo que se consigue producir durante ese tiempo.
El estancamiento de la productividad
En el caso alemán, la productividad por hora trabajada sigue siendo elevada en comparación internacional, pero se ha ralentizado en los últimos años. Este estancamiento plantea un reto complejo: el crecimiento no puede depender solo de sumar más horas de trabajo, sino de hacer que cada hora sea más productiva.
Aquí es donde entra en juego la necesidad de profundizar en la modernización de los procesos productivos: impulsar la digitalización de las empresas, adoptar nuevas tecnologías, automatizar tareas repetitivas y, sobre todo, invertir en la formación continua de los trabajadores. Alemania, tradicionalmente fuerte en su industria manufacturera, necesita ahora adaptarse a un entorno global donde el conocimiento, la innovación y la eficiencia tecnológica marcan la diferencia.
Un modelo de prosperidad en revisión
El debate abierto por Merz no es únicamente económico. Es, en esencia, una reflexión sobre el modelo de prosperidad al que aspira Alemania en las próximas décadas. Sostener el actual nivel de bienestar exige repensar cómo se organiza el trabajo, cómo se distribuye la carga laboral y, sobre todo, cómo se mejora la eficiencia de cada hora invertida en la producción.
La cuestión central ya no es solo cuánto se trabaja, sino qué valor añadido genera cada hora de trabajo. Alemania, que durante décadas ha sido referencia de productividad industrial, afronta ahora la necesidad de dar un salto cualitativo hacia un modelo productivo más adaptado a los retos tecnológicos, demográficos y competitivos del siglo XXI.

Flan eres un patán
Y en Japón piensan en trabajar menos …
Japón es «algo» mas pequeño y su economía esta apuntalada con otros sectores. Si no tienes ni idea de algo, no sueltes chorradas, que acrecentase tu visible ignorancia.
Alemanes de m…, el precio del gas les lastra la economía, se autovolaron el gasoducto. Cada 80 años tienen algún problema con algún tipo de gas.