El controvertido Bernie Sanders ha reavivado su crítica más frontal al modelo económico dominante en Estados Unidos y a la acumulación de riqueza en manos de unos pocos. En una entrevista reciente, el senador  ha defendido que la pobreza no solo puede reducirse, sino “abolirse”, si se aplica una política fiscal agresiva sobre los ultrarricos. Y no se anda con rodeos: “Deberíamos gravar a los multimillonarios hasta extinguirlos”.

En su intervención, Sanders apuntó directamente a Elon Musk, a quien tachó de símbolo de un sistema “insano” donde unas pocas fortunas individuales concentran recursos que superarían el PIB de países enteros, mientras millones de estadounidenses no pueden cubrir necesidades tan básicas como la atención sanitaria o el cuidado infantil.

El senador independiente lleva años denunciando la desigualdad estructural que, según él, se ha intensificado en las últimas décadas. Citando cifras globales, recordó que el 1% más rico del planeta posee más riqueza que el 95% restante. En Estados Unidos, la brecha también se refleja en el estancamiento salarial, la precariedad laboral y un sistema de servicios sociales debilitado tras décadas de desinversión.

Lo novedoso en su discurso esta vez ha sido el tono: no se ha limitado a reclamar un impuesto a la riqueza, como ya defendió en sus campañas presidenciales, sino que ha ido más allá, sugiriendo que la existencia misma de multimillonarios debería estar fuera del contrato social. “No deberíamos tener multimillonarios en Estados Unidos”, zanjó.

Un viejo debate con nuevas urgencias

Las propuestas de Sanders se insertan en un debate que ha cobrado fuerza tras la pandemia y la inflación: ¿es compatible la acumulación de capital extremo con una democracia funcional y con la cohesión social?

En paralelo, la OCDE ha publicado estudios que muestran cómo los sistemas fiscales basados en el trabajo –en lugar del capital– penalizan a los asalariados frente a quienes viven de rentas o plusvalías. En Estados Unidos, la tasa efectiva que pagan los más ricos cae conforme crece su fortuna, gracias a vehículos de inversión, fundaciones y otras herramientas de optimización fiscal.

La propuesta de un impuesto al patrimonio nunca ha prosperado en el Congreso. Pero el discurso social en torno al reparto de la riqueza ha cambiado. En parte, por el auge de plataformas tecnológicas que generan multimillonarios a velocidad récord y concentran poder económico y político sin precedentes. Musk, Bezos o Zuckerberg ya no son vistos solo como emprendedores de éxito, sino como agentes que moldean la sociedad a su imagen.

Sanders también introdujo otro elemento: el papel de la tecnología en la creación de riqueza. “Si tenemos el coraje de asegurarnos de que la nueva tecnología y la riqueza que genera llegan a todos, no solo a los de arriba, podemos abolir la pobreza”, afirmó. La automatización y la inteligencia artificial, que podrían aumentar la productividad global, también plantean el riesgo de concentrar aún más los beneficios en manos de quienes controlan los algoritmos.

El debate está servido.