Durante años, Elon Musk fue sinónimo de disrupción, innovación y audacia. Tesla lideraba la revolución eléctrica, SpaceX privatizaba la carrera espacial y Twitter —ahora rebautizada como X— prometía ser un bastión de la libertad de expresión digital. Hoy, ese relato se tambalea. Según la última encuesta Axios/Harris 100, la reputación de las empresas estrella de Musk se ha desplomado: Tesla ha pasado del octavo lugar en 2021 al puesto 95 en 2025, mientras SpaceX cae directamente al fondo del listado. X, por su parte, nunca logró despegar.
El principal responsable de este hundimiento no es un fallo tecnológico, un competidor más ágil o una crisis económica. Es Elon Musk. O, más concretamente, su viraje hacia un activismo político abiertamente alineado con causas conservadoras en Estados Unidos, su cercanía con figuras como Donald Trump y su uso polémico de X como altavoz personal.
Este giro ha tenido un coste reputacional palpable. Según Reuters, un 58% de los estadounidenses tiene hoy una opinión negativa de Musk, cifra que crece hasta niveles alarmantes entre los votantes demócratas. Este rechazo se ha trasladado directamente a sus empresas. Tesla, en particular, ha sufrido un desplome del 13% en las entregas del primer trimestre de 2025, su peor dato en casi tres años. En Europa sus ventas han caído a la mitad y en Alemania se hunden un 60%.
A ello se suman controversias éticas, fallos del Autopilot, acusaciones de una cultura corporativa tóxica y episodios personales que deterioran la percepción de marca. En la encuesta de Harris, Tesla ocupa el último lugar en «carácter», un reflejo del abismo entre el discurso corporativo y las expectativas sociales.
Musk intenta contener la sangría con descuentos agresivos, nuevos modelos y la promesa de un coche eléctrico de 25.000 dólares. Pero los analistas coinciden en que la desconfianza no se resuelve solo con producto. Hace falta liderazgo y un giro reputacional que, por ahora, parece lejano.
SpaceX, aunque también afectada en imagen, se mantiene sólida gracias a su músculo técnico y contratos multimillonarios con la NASA. Con más de 13.000 millones de dólares asegurados y previsiones de ingresos por 24.000 millones para Starlink en 2030, la empresa goza de buena salud financiera. Pero su dependencia de adjudicaciones públicas la hace vulnerable. Si la administración estadounidense cambia de signo político, el protagonismo de Musk en el tablero ideológico podría pasarle factura.
Y en el extremo opuesto se encuentra X. Desde que Musk compró Twitter en 2022, el valor publicitario de la plataforma se ha derrumbado. En EE. UU., la facturación por anuncios cayó más del 55%, y aunque algunos anunciantes vuelven tímidamente, los niveles de 2021 (4.500 millones) parecen inalcanzables. Mientras tanto, Europa amenaza con sanciones o incluso una expulsión del mercado si no mejora la moderación de contenidos. Las retransmisiones en directo con figuras de la extrema derecha y las teorías conspirativas solo agravan la situación.
El último movimiento —entregar el control de X a xAI— evidencia una deriva estratégica: convertir la red social en una máquina de datos para entrenar al chatbot Grok. Una apuesta arriesgada si lo que está en juego es mantener una plataforma social viable.
En conjunto, Tesla, SpaceX y X enfrentan problemas distintos, pero todos convergen en un mismo punto: Elon Musk. Su figura, que fue el principal activo de sus empresas, empieza a convertirse en un pasivo. Su habilidad para reconectar con el público, moderar su perfil político o, simplemente, delegar, podría marcar la diferencia entre un renacer empresarial… o un lento desgaste.
Quizás por todo esto ayer decidió dar por terminada su carrera política, veremos si es capaz de arreglar todo lo roto durante estos 130 días.

Si bien SpaceX aguanta gracias a contratos públicos, la situación de Tesla y X pinta complicada. A ver si logra reconectar con el público y recuperar algo de su prestigio.
jaja…. aqui años atras expresaba yo mis dudas sobre Musk… pero por entonces este era del lado de los guays y nadie me hacia caso…
Y lo de Musk de ahora…. Los chupi guays lo atacan por razones puramente de ideología, porque ya no les dice lo que quieren oir… Lo de si lo que hace y dice es verdad o es acertado , no importa, si no comulga con la ideología, es malo y punto
y lo del efecto sobre Te sla y X… Pues, era tan previsible como blanco y en botella… Los clientes de ambas empre sas son en su mayoría de los chupi guais y si tu sales y dices cosas que a esos les resultan como una bof eta da en plena car a, por muy verd ades y de sent ido co mún que sea lo que dices, se indi gnan y se van, jeje. Hay que ser bas tante en gre ído y ne ci o para pen sar que eso no iba a pasar,,,
Great post! I totally agree, the high-res images from auction houses are a fantastic resource for art lovers. That terracotta ‘Bust of a Girl’ by Carrier-Belleuse is stunning – the warmth of the material really comes through. And your description of Deloye’s ‘La Fortune’ as being like a Sargent painting is spot on; the way the roses are almost impressionistic is beautiful. Thanks for sharing these finds!