Donald Trump ha vuelto a agitar el avispero con una propuesta arancelaria: imponer un 25% de arancel a los iPhones si Apple no traslada su producción a Estados Unidos. Desafortunadamente se trata de nuevo de un gesto vacío. El iPhone no se fabricará en suelo estadounidense. No porque Apple no quiera, sino porque, en la práctica, no puede.
Durante dos décadas, Apple ha tejido una red industrial en China que trasciende la simple subcontratación. Lo que construyó allí es una máquina de precisión a escala masiva. Foxconn, su principal ensamblador, moviliza cientos de miles de trabajadores para montar millones de dispositivos en cuestión de semanas. Eso no es replicable en Estados Unidos. No solo por los costes laborales más altos o la falta de infraestructura, sino por la ausencia de un ecosistema industrial tan concentrado, dinámico y especializado.
China no solo tiene mano de obra abundante y entrenada. Tiene la logística, la capacidad de respuesta, la flexibilidad. Más aún, el ensamblaje final —el que Apple ahora traslada a India y Vietnam para esquivar ciertos aranceles— es apenas el paso mil de un proceso complejo y profundamente chino. Aunque el nuevo iPhone lleve la etiqueta Made in India, los chips, las pantallas, los sensores y el resto de componentes seguirán dependiendo del entramado de proveedores chinos.
Lo preocupante, no es solo que Apple esté atada a China. Es que esa relación ha tenido efectos secundarios geopolíticos. Fabricar cada año miles de millones de dispositivos punteros en China ha transferido conocimiento tecnológico de forma constante. Ingenieros chinos han aprendido a fabricar componentes críticos que ahora se usan no solo en productos Apple, sino en una creciente industria tecnológica nacional que compite globalmente.
Este proceso ha fortalecido la cadena de suministro china, ha fomentado la autonomía industrial del país y ha convertido a Apple —sin proponérselo— en un colaborador indirecto del auge tecnológico de un adversario estratégico de Estados Unidos.
¿Puede Apple salir de esta dependencia? A corto plazo, no. Y a largo plazo, solo si países como India logran reproducir algo parecido al ecosistema que existe en Shenzhen, con fábricas, proveedores, técnicos y normativas tan ágiles como en China. Un escenario que, como mucho, se vislumbra en una o dos décadas.
Mientras tanto, Apple tiene que lidiar con los efectos políticos y económicos de esa atadura. Los aranceles, por ejemplo, ya le suponen casi 1.000 millones de dólares al trimestre, aunque esa cifra es asumible para una empresa que gana 100.000 millones anuales. Según el Wall Street Journal, Apple está considerando trasladar ese coste al consumidor final con un encarecimiento del próximo iPhone. Y eso podría ser solo el principio.
Porque la tensión entre Estados Unidos y China no va a desaparecer. Y mientras siga creciendo, Apple seguirá caminando por una cuerda floja: entre su dependencia económica de China y las exigencias políticas de su país de origen.
https://www.youtube.com/watch?v=K_LF93bKGj8

El que hay trabajado en el undo de la industria sabe cuanto son celosos de sus secretos y que antes matan que decirte cómo se fabrican ciertas cosas. Ahora bien, la codicia de poder ganar siempre más, les ha llevado a mover producciones a China que les ha proporcionado márgenes impensables pero a cambio de meter a los suyo dentro de los ciclos productivo, entregándoles prácticamente todo esos secretos. China en este tiempo ha pasado de ser «algo chino» a ser ya punteros en varias tecnologías (véase coche eléctrico), y ahora los occidentales a llorar. Pero no ha sido falta de miras, ha sido la codicia.
Totalmente de acuerdo… antes enviaban productos y el margen…. ahora solo productos…el margen se lo van a quedar ellos.
Ya llevo más de un mes sin poder publicar un comentario…. nadie se mira nada???