Santiago Niño Becerra ha vuelto a levantar la voz con un análisis que incomoda pero que encuentra eco entre quienes observan con preocupación los desequilibrios del mercado inmobiliario. El catedrático de Estructura Económica y uno de los economistas más mediáticos del país no habla esta vez de una burbuja como la de 2008, pero sí de una situación límite que podría desembocar en un nuevo episodio de deterioro económico. Su diagnóstico: precios disparados, una demanda insostenible y un riesgo creciente de impagos.
La comparación con la Gran Recesión no es gratuita. En aquel momento, el castillo de naipes del crédito barato y la especulación sobre el ladrillo se desplomó con una violencia que dejó cicatrices profundas en las finanzas públicas y privadas. Hoy, dice Niño Becerra, el escenario es distinto, pero el desenlace podría tener similitudes: «En parte, sí será como en 2008».
La clave, según el economista, no está en una burbuja tradicional alimentada por hipotecas subprime o inversiones alocadas. Lo que hay ahora es un mercado tensionado por una oferta estructuralmente escasa y una demanda distorsionada. Parte de esa demanda, apunta, no responde a necesidades habitacionales reales, sino a la falta de alternativas de inversión para capitales ociosos: “En algunos bolsillos sobra dinero”, resume.
En paralelo, el Banco de España ha alertado recientemente sobre el encarecimiento de la vivienda en zonas urbanas, donde los precios se sitúan un 30% por encima de los niveles de 2013. Mientras tanto, el esfuerzo salarial necesario para acceder a una casa en propiedad no deja de crecer: según Eurostat, España es el segundo país de la eurozona donde más ha caído el poder adquisitivo de los jóvenes en la última década.
El desequilibrio tiene consecuencias. Niño Becerra anticipa un techo en los precios, no por regulación o intervención, sino por agotamiento de la demanda. “Llegará un punto en el que la demanda no pueda pagar más”, sostiene. En ese momento, los precios se estabilizarán, pero en niveles inaccesibles para buena parte de la población.
El verdadero riesgo, añade, aparecerá si la economía entra en recesión. Una cadena de quiebras, incremento del paro y morosidad bancaria podría provocar un efecto dominó con los impagos como detonante. Los bancos, aún con balances más sólidos que en 2008, no son inmunes al deterioro de los activos inmobiliarios. Y si aumentan los impagos hipotecarios, la amenaza de desahucios masivos volvería a escena.
Los datos de morosidad hipotecaria del Banco de España, aunque contenidos por ahora (1,7% a cierre de 2023), podrían repuntar si los tipos se mantienen altos durante más tiempo del previsto. El BCE, de momento, ha dejado sin cambios los tipos en el 4,5%, aunque algunos analistas descuentan el inicio de recortes a partir de junio si la inflación continúa cediendo.
Por ahora, los desequilibrios del mercado de la vivienda siguen latentes. Y aunque no se dan los mismos ingredientes que encendieron la mecha hace quince años, Niño Becerra recuerda que no hace falta una burbuja clásica para que estalle una crisis.

Uy, el mismo que predijo una caída del PIB del 25% en 2020.
O fue el apocalipsis zombis? No recuerdo, pero me suscita poca credibilidad..