La industria del motor se enfrenta a una tormenta arancelaria con epicentro en Washington. La vuelta de Donald Trump al centro de la política estadounidense ha venido acompañada de un ambicioso paquete proteccionista: un arancel del 100% a los coches chinos y otro del 25% para cualquier automóvil fabricado fuera de EE. UU.. La medida, diseñada para proteger el empleo industrial nacional, ha desencadenado reacciones globales, pero sus efectos están siendo distintos a los que algunos expertos anticipaban.
Uno de ellos fue Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica, que en enero sostuvo que la nueva política comercial de Trump provocaría una bajada masiva en el precio de los coches, especialmente en Europa. Según su análisis, los fabricantes chinos no podrían asumir el coste de los aranceles y redirigirían su exceso de oferta a Europa o África, generando una fuerte presión a la baja sobre los precios. Esto obligaría, en teoría, a los fabricantes europeos a competir bajando tarifas o incluso cerrar fábricas.
Por ahora, esa predicción no se ha cumplido.
Sin rebajas generalizadas, pero con promociones puntuales
Ni el mercado europeo ha visto una avalancha de coches chinos redirigidos, ni los precios han experimentado una caída destacable. Marcas como MG o BYD sí han lanzado promociones temporales, especialmente en sus modelos eléctricos, pero estas no están vinculadas a los aranceles estadounidenses, sino al parón del Plan Moves en España, que interrumpió las ayudas públicas a la compra de coches eléctricos.
La estrategia de estas firmas asiáticas ha sido ofrecer descuentos directos como compensación, pero esto responde a un contexto local, más que a una consecuencia derivada de la política comercial de Estados Unidos.
Las marcas europeas, las más afectadas
Lejos de ser beneficiarias de la situación, las grandes marcas europeas están empezando a notar el impacto negativode los aranceles estadounidenses. El nuevo gravamen del 25% que entra en vigor esta semana encarecerá de forma sustancial los coches exportados desde Europa hacia EE. UU.
Según estimaciones, el coste adicional medio por vehículo oscilará entre 4.000 y 10.000 dólares. Aunque fabricantes como BMW, Mercedes o Volkswagen tienen plantas en territorio estadounidense (que quedarían exentas), buena parte de su producción con destino al mercado norteamericano se realiza en países vecinos como México y Canadá, que sí quedarán sujetos a estos nuevos impuestos.
Un negocio millonario en juego
Los datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) dejan clara la magnitud del problema: en 2023, la UE exportó 800.000 vehículos por valor de 40.000 millones de euros. Alemania lideró estas exportaciones, con más de 446.000 unidades vendidas solo a Estados Unidos, lo que supuso un volumen de negocio cercano a los 24.800 millones de dólares.
Este flujo comercial se verá seriamente amenazado por la subida arancelaria, y con ello el margen de beneficio y la competitividad de las marcas europeas en uno de sus principales mercados exteriores.
De momento, no hay indicios claros de que el excedente chino se esté canalizando hacia Europa ni que los precios estén bajando significativamente. La incertidumbre domina el sector y todo apunta a que, más que una bajada de precios, lo que está en marcha es una reorganización global de la industria automovilística cuyas consecuencias aún están por ver.
