Ayer Christine Lagarde anuncio que, si los diferentes organismos europeos cumplen con los requisitos legales establecidos, el euro digital podría estar en circulación este mismo año.
Mientras Lagarde celebra cuatro años de “apoyo” a esta iniciativa, muchos ciudadanos y expertos en Europa expresan dudas y preocupación. En Alemania, por ejemplo, la mitad de la población no confía en la idea del euro digital, y en España la situación se pinta aún más sombría. Esta reticencia refleja el temor a que una moneda digital emitida de forma centralizada se convierta en una herramienta de control más que en un avance para la economía.
La explicación oficial es sencilla: el euro digital será fruto de un proceso minucioso y legalmente amparado. Sin embargo, un informe encargado por el propio Parlamento Europeo pone en tela de juicio la coherencia de la solución propuesta, dejando entrever lagunas que podrían resultar costosas a la larga. Una moneda digital centralizada es el sueño de cualquier gobierno ya que le podria permitir conocer en qué se gasta el dinero cada ciudadano.
El euro digital promete transformar la manera en que se realizan las transacciones en la zona euro, ofreciendo rapidez y un nuevo marco digital para la economía, no obstante, el funcionamiento de esta moneda virtual se enfrenta a una serie de incógnitas: ¿cuánto control tendrá realmente el Banco Central Europeo sobre cada transacción? ¿Podrá la nueva herramienta responder a las necesidades de un mercado en rápida evolución o se convertirá en un sistema rígido, vulnerable a manipulaciones y a la pérdida de privacidad de los ciudadanos?
Una apuesta con tintes de incertidumbre
La promesa de un euro digital en octubre resulta más un grito de marketing que una realidad palpable. Mientras Lagarde muestra entusiasmo, la oposición y el escepticismo se van multiplicando en diversos sectores de la sociedad europea. El riesgo de que la digitalización de la moneda se convierta en una artimaña para centralizar aún más el control financiero genera inquietud. La desconexión entre la visión oficial y la percepción popular podría ser el preludio de un experimento arriesgado, en el que lo que se pretende es modernizar el sistema, pero que puede acabar por minar la confianza en el propio dinero.
El euro digital se presenta como una apuesta disfrazada de moderna que divide opiniones: por un lado, quienes ven en la digitalización una herramienta para adaptarse a la era tecnológica, y por otro, aquellos que sospechan que detrás de este nuevo formato se esconde un mecanismo de vigilancia y control sin precedentes. La pregunta que queda en el aire es si Europa estará dispuesta a sacrificar parte de su autonomía financiera en pos de una modernidad que, a ojos de muchos, podría convertirse en la gran trampa del siglo.
No nos debería sorprender tanto, porque el dinero digital ya existe. Qué son las transferencias online, pago con tarjeta de crédito, bizum… cada vez hay menos dinero físico, y es bueno, porque disminuye la economía sumergida. En los países nórdicos, UK, Países Bajos, etc cada vez aceptan el dinero físico en menos sitios, y por lo que dicen, es por garantizar la seguridad de todos. En Españis tán igual nos cuesta acostumbrarnos, pero seguro que es una buena medida.
pues en USA y otros paises pasa todo lo contrario, al igual que la factura digital… no es un tema de españistan, yo también era muy pro de este tipo de soluciones hasta que ves como lo emplean nuestros gobiernos, es un tema de perdida de privacidad, libertad y control asfixiante del Estado… en China serías feliz.
CBDC + Moneda estable = La misma cosa
Vigilancia estatal + Vigilancia comercial = La misma cosa
Me sorprende que la gente no entienda que las monedas estables son las CBDC.
Esto es algo a diferente a lo que mencionas, el euro digital es un token basado en la tecnología blockchain, totalmente controlable por quién lo emite, lo puede hacer caducar cuando quiera, hacer un sistema de control en que mediante su sistema solo puedas pagar o
gastar en lo que ellos quieran, según los intereses que se propongan, cada cêntimo y movimiento hasta el último detalle, el dinero en tarjetas etc son solo numeros no es dinero real dentro de un sistema obsoleto y no tan sofisticado, la idea es muy bonita el problema que eesee poder es malas manos no terminan bien, el principio de la esclavitud 3.0
No, no es bueno. Si fuera bueno ya circularía en más países que innovan mucho más rápido que Europa. Pero con razón deben pensar: «los experimentos con gaseosa», o sea, con Europa.
Es control y burocracia, es limitar la libertad de movimientos, es sometimiento. No solo podrán saber en qué nos gastamos el dinero, sino decidir por nosotros si podemos seguir gastándolo de la misma manera.
Es una herramienta tan poderosa que no habrá gobernante que se inhiba de usarla en su beneficio.
Los políticos, que son los grandes amantes del dinero negro, ya sea para sus chanchullos o para cualquier otra cosa, no lo querrán, y se inventarán un intercambio tipo favor por algo, o utilizarán dólares que para eso siguen existiendo muchos en el mundo.
El ser humano no va a dejar de usar monedas de cambio si todas se controlan, porque es inherente a la propia humanidad: podrán ser lentejas, garbanzos, favores o dracmas, y lo oficial intentará intervenir pero los bancos también tendrán que decir algo, pues ahora mismo ganan bastante para que se quede un único banco.
Nada de lo que plantea Europa es bueno. Las instituciones europeas no son gente con ideas propos sino un ejército de buròcratas con el único propósito de mantenerse ellos y sus suculentos sueldos a costa de lo que sea, ciudadanos europeos incluñidos. La prueba que anteayer crucificaban a las empresas que no fuesen verdes y responsables y ahora están dispuestoa a aflojar lo que sea necesario para no enfadar a Trump. El euro digital sólo servirá para que un nuevo batallón de funcionarios del BCE tenga el futuro asegurado. Y con los antecedentes de intervencionismo sin sentido de toda la UE, casi mejor que no.