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¿Tiene sentido la reunificación de deudas? (con base hipotecaria)

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Una de las operaciones financieras que ha experimentado un boom en los últimos años es el de la reunificación de deuda con base hipotecaria. Curiosamente, se ha dado un fenómeno paradójico: a medida que aumenta la demanda de reunificaciones de deuda (familias que necesitan agrupar sus deudas en una sola hipoteca), se reduce el número de entidades financieras especializadas y, por tanto, la oferta. En un mercado competitivo ello supondría menos reunificaciones de deuda y más caras. Sin embargo, en el oligopolio bancario, ha supuesto simplemente la desaparición de la reunificación de deudas en general, salvo si se solicita al mismo banco con el que tenemos la hipoteca o con alguno de los intermediarios hipotecarios legales que quedan.

Las conocidas reunificaciones de préstamos y deudas son operaciones financieras que tiene su origen en situaciones en las que una familia debe de afrontar pagos mensuales de diferentes préstamos que superan todos juntos los ingresos que tienen y se le hace imposible la devolución; agrupando todas las deudas en un solo préstamo con garantía hipotecaria (inmueble), puede ampliar el plazo de devolución del total de la deuda nueva y pagar una sola cuota mensual, lo que le permite afrontar una cuota a devolver mensualmente sustancialmente menor a la suma de las cuotas de los préstamos anteriores.

Todo esto claro está, desde la base de que tenemos un inmueble para poder hipotecar o bien que si lo tenemos hipotecado, podemos ampliar dicha hipoteca. Si no es alguno de los casos indicados, esta operación ya no es planteable. Olvídate

Lógicamente, esto supone una serie de gastos importantes como comisiones (afortunadamente menos que hace unos años gracias a la nueva ley hipotecaria) de cancelación y aperturas de los diferentes préstamos, registro de escrituras, notarios,…., incluso el tener que contratar nuevos productos en la entidad que concede la reunificación. Por este motivo es importante saber cuándo realmente tiene sentido o nos compensa recurrir a esta refinanciación.

Dos deben de ser las premisas que se deben cumplir para decidirnos por refinanciar deuda con una base hipotecaria:

  1. Que el problema que hace que no podamos afrontar los pagos mensuales de los préstamos sea coyuntural.
  2. Que la reunificación que realizamos de la deuda nos dé una cuota mensual a devolver que podamos asumir cómodamente y con cierto margen de holgura.

Y no dejan de ser dos cuestiones lógicas.

Si no podemos devolver puntualmente la cuota mensual de la tarjeta, el pago de la mensualidad del préstamo del coche o algo similar, porque en ese mes hemos tenido que realizar un desembolso en un gasto extraordinario que nos ha descolocado las cuentas del día a día, parece que el poner garantía hipotecaria (con el gasto y papeleo que ello conlleva) no sería la mejor solución. Debemos estar seguros de que en un par de meses podemos afrontar esas devoluciones y regularizar nuestra situación mediante los propios ingresos que vayamos teniendo.

Ahora bien, cuando el problema de no asumir la devolución de deudas va más allá, o sea, es debido por ejemplo a una merma de los ingresos (porque alguien de la familia se ha quedado en el paro por ejemplo), que no es coyuntural y que, por desgracia, no tenemos respuesta de cuando lo podremos solucionar, hay que quitarse el problema lo antes posible de encima sin tener que llegar devoluciones de cuotas, impagos o embargos, porque de ahí es un círculo del que es difícil salir.

Para saber si nos conviene o no la reunificación con garantía hipotecaria, debemos de analizar en un horizonte de mínimo 5 años lo que puede ser nuestra vida y nuestra fuente de ingresos y ver si podremos mantener la devolución de nuestras deudas. Mientras más rápido lo analicemos mucho mejor para evitar disgustos e incrementos de deuda. Pero siempre debemos de hacerlo desde una postura realista, porque de poco vale autoengañarnos.

Ya estamos en el punto de que somos conscientes que nuestra economía ha cambiado para mal y no sabemos cuándo mejorara, lo que hace que debamos de replantearnos todo a medio y largo plazo sin dilación.

Nos ponemos en el segundo punto indicado y es el de solicitar un préstamo de reunificación que nos permita pagar una cuota mensual menor a lo que debíamos de pagar ahora de todos los préstamos. De poco vale reunificar la deuda si la cuota que nos sale a pagar al mes, aun siendo menor que la suma de las cuotas de los préstanos anteriores, tampoco la podemos asumir. Es minimizar el problema pero no darle solución. Y ya que estamos incurriendo en unos gastos importantes, por lo menos que si solucionen la situación.

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