Hace 4 años escribimos por aquí un artículo titulado «El monstruo que se come tus chocolatinas» en el que hablábamos de la cutrez que habían hecho los de Toblerone en Inglaterra reduciendo el tamaño del producto para no subir el precio.

El término «Shrinkflation» lo puso de moda Pippa Malmgren, que fue asesora de Geroge W. Bush y en un libro escribía que “Reducir la talla de los productos es exactamente lo que sucedió en los años 70, antes de que la inflación propiamente dicha saltara a escena”. Continuaba afirmando que la inflación encubierta acaba siendo un aviso de la inflación real y tiene repercusiones muy serias para la política monetaria de los bancos centrales.

En el fondo es una aplicación del «síndrome de la rana hervida» mediante la cual se van realizando cambios tan progresivamente lentos que sus daños no terminan percibiéndose por los consumidores.

A alguien que le guste el chocolate (o cualquier producto de alimentación) probablemente no se dará cuenta de si su marca favorita reduce el tamaño de la bolsa en un 5%, pero casi con seguridad percibirá si el precio sube en la misma cantidad, especialmente cuando el precio es «redondo».

Probablemente en donde más se note esta técnica sea en las chocolatinas ya que el precio del azúcar y del cacao suele tener bastantes fluctuaciones, en este caso en lugar de aumentar el precio de la chocolatina (y potencialmente perder clientes), las empresas puede optar por reducir el tamaño de su producto (y por lo tanto, la cantidad de cacao por barra) y mantener el punto de precio al mismo nivel.

Veamos unos ejemplos de lo ocurrido desde el 2014 hasta el 2018 y como la inflación se come literalmente nuestros ahorros.