Imagínate que un grupo de niños están sentados alrededor de una mesa cuando un señor  entra en la habitación con un plato de magdalenas. Los niños estallan de alegría. Pero tenemos un problema: Hay menos magdalenas que los niños.

En este punto, el señor da unas reglas básicas. Para recibir una magdalena, los niños tendrán que competir entre sí. El adulto aceptará dinero en efectivo, otros objetos de valor e incluso elogios.

Los niños inmediatamente empiezan a decir cosas bonitas y a hurgar en sus bolsillos. Pero entonces un niño se lo piensa dos veces y le dice al adulto que está siendo un matón. Él es más grande, más fuerte y más rico que los niños, dice. No deberías hacer que se arrastren por unos bollos. El adulto responde: «Bien. No hay magdalenas para ti».

Si fuese tu hija, ¿cómo se sentiría: orgulloso de haber tomado una posición o decepcionado de no haber actuado en su propio interés? Las magdalenas, después de todo, son bastante sabrosas.

Ese niño desobediente es Nueva York, el matón de las magdalenas es Amazon y esta historia la cuenta los del New York Times.

¿Os acordáis las concesiones que se iban a dar por abrir Eurovegas en España? ¿recordáis la competencia que había por ver quién se lo llevaba? Incluso se llegó a plantear cambiar la ley antitabaco. Esto es algo que en EEUU están viviendo mucho últimamente con algunas multinacionales. Si una ciudad o un estado ofrece exenciones fiscales o de dinero en efectivo, las empresas amenazan con irse a otro lugar. Boeing, Nike, Intel, Ford, General Motors, Foxconn, Royal Dutch Shell y muchos otros han participado en este chantaje.

Lo que ha hecho Nueva York es dar un puñetazo en la mesa y decir «hasta aquí hemos llegado» aunque eso le suponga la pérdida (o mejor dicho, la no ganancia) de 25.000 empleos directos muy bien pagados, incontables empleos indirectos y miles de millones en ingresos que el negocio de la tecnología habría traído a la ciudad.

Hace unos cuantos años, escribimos por aqui en «Cosas de economía de las que poder hablar cuando este verano alguien saque el tema de la crisis (III)» sobre la tragedia de los comunes.

La tragedia de los comunes es una situación en la cual múltiples individuos, actuando de manera independiente, agotan un recurso compartido, incluso cuando no le interesa a nadie hacerlo. El mejor ejemplo actual de esto son los pescadores. Nadie es dueño de las poblaciones mundiales de peces, son un recurso compartido. Los peces son algo que se consume en todo el mundo, y, como resultado, hay muchos pescadores compitiendo por ellos. Cada pescador intentará pescar todos los peces que pueda para maximizar sus beneficios. Sin embargo, es también interés del pescador el mantener las poblaciones de peces sostenibles, es decir, dejar peces suficientes para que se repueble, de modo que puedan quedar más peces para pescar. Si cada pescador se preocupase por la sostenibilidad, y deberían hacerlo si no quieren tener que buscar otro trabajo en el futuro cercano, ellos trabajarían para preservar las poblaciones de peces. He aquí el problema: falta confianza. Un pescador que actúa con responsabilidad y limita la cantidad que pesca saldrá perdiendo si los demás pescadores no lo hacen. Los otros pescadores cogerán más peces que el, ganarán más dinero y terminarán igualmente con la población de peces. De modo que, cada pescador, creyendo que los demás cogerán más peces de lo que es sostenible, cogerá todos los que pueda, y así se agotarán los recursos de peces del mundo, aunque nadie los quiera desperdiciar.

Quizás la gran manzana, con Wall Street nutriendo sus arcas públicas no tenga la altura moral como para dar ejemplos de este tipo pero al menos si tiene la altura económica como para poder permitírselo y lo cierto es que alguien tenía que dar este puñetazo o al menos dejar claro que una empresa, por muy grande que sea, no está por encima del interés común.