Walter Isaacson es un buen escritor de biografías, quizás la más conocida sea la oficial de Steve Jobs y a raíz de aquella obra se puso a investigar sobre todos aquellos que hicieron posible la actual revolución tecnológica y finalmente lo terminó plasmando en el libro «Los Innovadores».

La piedra angula del relato es la figura de una mujer  Ada Lovelace, la hija de Lord Byron, quien fue una apasionada de la matemáticas y la literatura y considerada como la madre de la informática. Como dijo el propio Isaacson fue ella quien definió la era digital.

Ada escribió el algoritmo para calcular los valores de los números de Bernoulli utilizando dos bucles, detalló como hacer operaciones trigonométricas que empleaban variables en la máquina analítica de Babbage y definió el uso de tarjetas perforadas para programar la máquina.

Todo esto (de lo cual, como yo no te habrás enterado de casi nada) lo hizo entorno al año 1840 con esta máquina que veis en la foto.

Ada no era una mujer cualquiera. Su mayor desafío era querer trascender las «limitaciones mentales» que la época imponía para el género. Durante un tiempo tomó clases con el matemático Augustus de Morgan.  Ella progresó mucho en sus clase y comenzó hacer preguntas que iban más allá de lo que se trataban las lecciones. Morgan repudiaba esta actitud de la joven por considerar que no eran propias de una mujer. Le inquietaba que Lovelace pensara «como un hombre». Se quejó de esto ante su madre, Lady Byron, que, al igual que Ada, era dueña de un gran intelecto. Como era de esperar, no le prestó atención a la preocupación de Morgan y siguió alentando a su hija para que continuara sus estudios.

El New York  Mirror de 1833 publicó: “Ada Byron, la única hija del ‘noble bardo’ ¡es la mujer más vulgar y basta de Inglaterra!”.

A raiz de una reciente exposición que hubo sobre Ada en Madrid, El Independiente escribió un interesante artículo titulado «Cómo el sexismo retrasó un siglo la revolución informática«.

La clave para entender lo verdaderamente revolucionario de la aportación de Lovelace está en el salto conceptual que lleva la máquina de cálculo que quería hacer Babbage y luego ella transforma en lo que llamaba “una máquina analítica de propósito general”, capaz de manipular símbolos sin intervención humana para operar sobre cualquier tipo de información, no sólo números. Es decir, un ordenador.

La propia Ada definía la “imaginación” como algo casi matemático: “la facultad de combinación de cosas, hechos, ideas en combinaciones nuevas originales, infinitas, en constante variación”.

En su corta vida (murió a los 26 años dejando 3 hijos) protagonizó varios escándalos, primero por relaciones con varios hombres que no eran su esposo, y segundo por su gran adicción al juego.

Esto último la llevó a crear una especie de peñoa junto con otros amigos suyos y aficionados al juego (todos ellos hombres), en el que intentó crear un modelo matemático para realizar apuestas exitosas en las carreras de caballos.

Su idea no prosperó y se llenó de deudas en poco tiempo. De hecho atravesó grandes dificultades económicas, sobre todo los últimos años de vida.

Afortunadamente para el resto sus visionarias ideas siguieron adelante y seguramente el mundo es hoy más próspero y avanzado gracias a mujeres como ella.