Es muy perjudicial ser pobre...
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Es muy perjudicial ser pobre…

Según un estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la Fundación BBVA (PDF), el impacto de la crisis sufrida a lo largo de los siete – ocho años de duración de la misma (depende de a quien consultemos nos dirá que ya pasó, que ya se está superando o que aún le queda un trecho), ha acarreado una serie de consecuencias que van más allá de lo meramente económico.

No hay que olvidar que la crisis ha generado una serie de rápidos cambios en la sociedad que, en muchos casos, han resultados traumáticos, poniendo a prueba todos los recursos, no sólo económicos, sino también sociales o familiares de los que el país disponía.

Para empezar, el hecho de que la clase media haya adelgazado de forma ostensible. De hecho, según el estudio, en 2004 el 59% de los hogares españoles se sostenían con un nivel de renta medio. Este porcentaje creció hasta el 60,6% el 2007 y, a partir de ahí, comenzó su caída libre. En el 2013, el porcentaje de hogares con un nivel de renta media era del 52%. En siete años, la clase media perdió tres millones y medio de personas.

Pero no sólo eso, el nivel de renta para ser considerado como clase media también se ha desplomado. Si en 2007 la renta disponible de la clase media era de 28.000 euros, seis años más tarde era sólo de 22.000, lo que supone una caída del 20%.

La consecuencia es el aumento de las clases más desfavorecidas: si en 2007, la población incluida en la clase baja suponía el 26,6% del total, en 2013 (último año del estudio), las personas que se podían considerar como de clase baja habían pasado al 38,5%.

Los cambios sociales que se han desencadenado a raíz de este hecho los vemos cada día. Un aumento de la polarización de la sociedad, que ha visto cómo los extremos, en lo que a nivel de renta disponible se refiere, han aumentado su peso, mientras que el siempre moderado centro perdía peso relativo. La primera consecuencia es un aumento de la desigualdad social, que ha pasado de los 32,2 puntos del 2003 a los 35,4 del 2013, medidos por el índice Gini.

El principal origen de estos resultados ha sido lo sucedido en el mercado de trabajo. A pesar de que las políticas redistributivas han seguido funcionando durante todo este periodo, en forma de pensiones, prestaciones, etc., lo cierto es que no han sido lo suficientemente eficaces para compensar por completo los efectos de la crisis. De hecho, según el estudio, la actuación de las políticas públicas para compensar los efectos de la crisis ha logrado que el impacto de ésta sea un 45,7% menor. Es decir, las políticas de redistribución sólo han logrado compensar una tercera parte de los efectos de la crisis económica.

Los cambios en el mercado de trabajo han sido demasiado radicales y demasiado rápidos. El aumento del desempleo, el mayor peso del trabajo temporal o del trabajo a tiempo parcial, han provocado que los hogares con menos ingresos hayan sido los más castigados.

Pero las consecuencias de la crisis no han sido sólo económicas. La desigualdad generada por la falta de ingresos de buena parte de la población ha incidido seriamente en dos aspectos protegidos como derechos inalienables en nuestra sociedad: la educación y la salud.

En lo que a la educación se refiere, según un informe de la Cruz Roja, la falta de ingresos en el hogar incide en el rendimiento académico de una forma devastadora. Cambios de centro, a veces varios en un mismo año, carencias de material escolar o de un entorno apropiado para el estudio, o el tener que dedicar tiempo, o incluso abandonar los estudios, para atender al cuidado de hermanos pequeños o para buscar ingresos adicionales para la unidad familiar, son sólo alguna de las consecuencias invisibles que la falta de ingresos suficientes originan en los hogares. De hecho, entre los hogares más desfavorecidos, la posibilidad de un abandono de los estudios entre los jóvenes de 16-17 años asciende al 26,3%, independientemente de que se haya terminado la enseñanza obligatoria o no. Mientras que sólo es un 14% en las clases medias y un 1,6% en las altas.

En lo que se refiere a la salud, la evidencia es incontestable: la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud. Un estudio sobre 1,7 millones de personas de la revista médica The Lancet concluye que la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. Siendo además una crítica a la Organización Mundial de la Salud por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante.

El bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el alto consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años; y el peor, reduciendo la media de vida 4,8 años, el consumo de tabaco.

Según un informe del Ministerio de Sanidad, en España la posición socioeconómica, el género, el territorio, y más recientemente la inmigración, son ejes de desigualdad con enorme impacto en la salud de la población. En España, sólo el 55% de las mujeres con ocupaciones no cualificadas declaran un buen estado de salud frente al 85% de los hombres de clase social alta, de hecho, precisamente entre las mujeres, la probabilidad de padecer problemas crónicos de salud aumenta un 80% entre aquellas situadas en la clase social más desaventajada. El hecho de estar en paro o las dificultades en pagar la hipoteca, multiplica las posibilidades de sufrir trastornos mentales tales como ansiedad o depresión.

Así pues, se puede señalar al riesgo social como un agente transmisor de enfermedades crónicas. A medida que descendemos por la escalera social, la salud empeora porque las personas están más expuestas a los riesgos asociados a estas enfermedades crónicas. Sin embargo, lo curioso es que este hecho se halla desvinculado de la pobreza en sí, siendo mucho más determinante la desigualdad: tienen mejor salud y una mayor esperanza de vida en la India, con mayores índices de pobreza, que en barrios marginales de las grandes ciudades europeas o norteamericanas.

Peor alimentación, peor formación, mayor predisposición a malos hábitos (casi la mitad de los europeos con problemas económicos fuma), menores posibilidades de acceder a estilos de vida saludables, etc. En pocas palabras, la desigualdad y la injusticia social privan a las personas del control de sus propias vidas. Tanto si es una mala labor por parte de los padres, como defendería una ideología tendente a la diestra, como si es el resultado de la pobreza y la desventaja social, como defendería una ideología más hacia la izquierda, lo cierto es que la habilidad de los padres para hacer lo que necesitan los hijos está limitada por la pobreza y la desigualdad. Es decir, cuando aparecen los problemas económicos, cambian las prioridades, así como se limita el abanico de posibilidades.

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Escrito por Manuel González el 14 de marzo de 2017 con 58 comentarios.

58 comentarios

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# 51, Valdevarnés
14 de marzo de 2017, a las 20:23

#48, santi27
Si desaparecieran los colegios concertados, y el que quisiera enseñanza al margen de la pública, la tuviera que pagar, ya veríais cómo valoraríamos de verdad la enseñanza pública. Parece mentira que en un país con un déficit público tan bestial estemos subvencionando los colegios privados cuando hay colegios públicos a la vuelta de la esquina que imparten una enseñanza de calidad y además fomentan la enseñanza inclusiva. Los mejores docentes se encuentran en la enseñanza pública, sin desmerecer a muchos docentes de la concertada o la privada que hacen lo que pueden y deben.

# 52, Atropos
14 de marzo de 2017, a las 20:35

#51, Valdevarnés
Señor mío, veo que se otra cosa no entenderá, pero de enseñanza tampoco. Si no fuera por la enseñanza concertada ya le digo yo que el bestial déficit del Estado sería muy superior. Porque cada plaza en un colegio público le/nos cuesta aproximadamente el doble a los contribuyentes. Es económicamente inviable hacerse cargo de todas las plazas concertadas de un año para otro. Por eso ningún Gobierno de ninguna ideología se ha atrevido a meterles mano.
Y en cuanto a la calidad, pues algo habrá cuando tantos padres hacemos un esfuerzo grande pudiendo salirnos gratis. Y no se trata de un brote de locura generalizada.

# 53, Juan
14 de marzo de 2017, a las 21:59

@atropos, y yo veo que usted tampoco entiende y que se ha creido esa verdad a medias del coste del concertado vs público.

La enseñanza pública garantiza que todos tengan acceso a la educación incluso pueblos “perdidos”, porque cuantos concertados conoce usted que haya en pueblos de pocos cientos/miles de habitantes? Ya se lo digo yo: NINGUNO Por eso el coste del público es mayor, pero no porque el concertado sea más eficiente, sino porque solo de ubican donde pueden tener muchos “clientes”.

# 54, Valdevarnés
14 de marzo de 2017, a las 22:58

#52, Atropos
No se ha metido a la enseñanza concertada la tijera, como debiera, porque es un tema ideológico y en España no ha gobernado la auténtica izquierda nunca. Por tanto, la derecha se ha agarrado a lo de “libertad de enseñanza” para garantizarse los privilegios y así evitar que los hijos de los que no quieren “contaminaciones” tengan que compartir aula con los pobres, que son los inmigrantes, los gitanos, los obreros sin cualificar… Ésa es la auténtica verdad. Eso sí, si los padres queréis hacer un gran esfuerzo all´ña vosotros. Yo siempre envío a mis hijos a la enseñanza pública y no tengo queja ninguna, ni con los maestros, ni con los centros, ni con los compañeros de mis hijos. Allá vosotros, si queréis ser “algo más” porque enviáis a vuestros hijos a la exclusividad.

# 55, Tano
14 de marzo de 2017, a las 23:45

Público, concertado, privado…; privado, concertado, publico…

La misma antigua cantinela…, ¡ay Señor!.

Como sabéis soy docente: en público.

Opino que ni unos ni otros ni los de aquí ni los de allá son mejores ni peores.

La suerte que tengas con los profesores y compañeros determinará que estés agusto en clase; que aprendas o no.

Eso sí: si se ríen de tí sufrirás estés donde estés.

Y si tus padres no te aportan la fortaleza y seguridad en tí mismo que te deberían aportar, sufrirás estés donde estés.

Y si tus padres te olvidan porque prefieren sus momentos de ocio a sacrificarse por tí y tus preocupaciones con paciencia y cariño…, entonces, de verdad, entonces, el peor colegio será tu propia casa.

¡¡¡Público concertado; concertado público…!!!

Hoy los peores colegios son muchas, pero que muchas casas…

# 56, Valdevarnés
15 de marzo de 2017, a las 9:35

#55, Tano
Estoy totalmente contigo en el análisis; pero hay algo que aprecio en tu forma de ver las cosas, y es que no quieres que se trate el tema de la comparación entre la enseñanaza pública y privada-concertada. Nos ha dado tantos quebraderos de cabeza desde el origen de la Transición que nos parece que somos unos cansinos cada vez que lo tratamos y que por tanto es mejor pasar página y olvidarse. Y eso podría ser así si se hubiera dado un empuje, con los sifucientes medios de todo tipo, a la enseñanza pública. Pero ahora, en este foro estamos tratando de lo que gastan muchos padres en enviar a sus hijos a la privada-concertada. Y sigo diciendo, que como decía un rey del despotismo ilustrado (Carlos III) “la primera obligación de un gobierno es educar al pueblo” y para eso está la enseñanza pública, que no segrega, es laica y sistomatiza la preocupación que tiene la admistración educativa por convertir a los ciudadano en demócratas tolerantes. Yo no quiero para mi pais a personas que por haber estudiado en la privada-concertada se consideren los “patas negras” de la sociedad.
Y ademas, es más barata para el alumnado y sus familias. Y en estos tiempos que corren de pérdida de poder adquisitivo para los que nos ganamos el sueldo trabajando de empelados es algo muy a tener en cuenta.

# 57, Atropos
15 de marzo de 2017, a las 9:47

#53, Juan
Pues seguramente estaré equivocado en mi planteamiento, pero así a bote pronto en Badalona, por ejemplo 217.000 habitantes: 25 colegios concertados
Sardañola del Vallés, 57.000 habitantes: 5 colegios concertados
Santa Coloma de Gramenet: 119.000 habitantes: 8 colegios concertados
Cornellá de Llobregat: 86.000 habitantes: 5 colegios concertados
Sant Cugat del Vallés: 87.000 habitantes: 5 colegios concertados

Y sigo diciendo que en capitales pequeñas y pueblos la concertada probablemente no acaba de merecer la pena, pero en grandes y no tan grandes ciudades sí. Absolutamente sí.

# 58, Atropos
15 de marzo de 2017, a las 14:46

Y en poblaciones mucho menores:
Astorga (11.600 habitantes): 3 escuelas concertadas
Bujalance (7.700): 2 escuelas concertadas
Malpartida de Cáceres (4.400 habitantes): 2 escuelas concertadas
Valdeluz (2.300): 1 escuela concertada
Santa María de Huerta (312): 1 escuela concertada

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