El primer juego de ordenador que me compré fue el «JetPac» para el Spectrum, me costó 1.900 Ptas en 1983, el equivalente a mi paga mensual. El juego fue desarrollado por dos programadores de la compañía «Ultimate» y ocupaba 16K. Seguramente lo harían en un par de meses y fue un exitazo para la época.

Actualmente sería impensable vender por 12€ un juego de este tipo, como mucho lo regalarían y es que no nos damos cuenta de las cantidades de cosas gratuitas que disponemos. Juegos, redes sociales, aplicaciones de mensajería, mapas e incluso operadoras de telefonía… En muchas pagamos con nuestra privacidad, en otras a cambio de ver publi y en otras a cambio de nada.

¿Cómo puede alguien ofrecer algo a cambio de nada?

Gracias al poder de la reciprocidad .

Un profesor de la Universidad de Cornel, Dennis Regan, hizo un curioso experimento. En una sala se sometió a dos individuos a unas largas pruebas, habiendo un descanso de por medio.

Uno de los dos individuos era el cómplice del profesor y la prueba realmente era lo que ocurría en ese descanso, cuando el otro individuo no se sentía observado y actuaba de una manera normal. Lo que hacía el cómplice era salir de la sala y volver con unas Coca- Colas:  «Le pregunté al profe si podía tomar una Coca-Cola, y me dijo que no había problema, sí que cogí una para ti.»

Este mismo experimento se repetía en otra sala pero el cómplice NO traía ninguna Coca-Cola.

Una vez finalizado la supuesta prueba, el cómplice comentaba a su compañero que estaba vendiendo unos boletos para una rifa y que si él era el que más vendía ganaba un premio, así que cualquier ayuda sería buena para él.

¿Cuál fue el resultado?

Aquellos que habían sido invitados previamente a una Coca Cola compraon de media el doble de boletos que quienes se quedaron sin refresco. Una pequeña invitación duplicó las ventas.

El poder de la reciprocidad nos hace sentirnos en deuda en una medida mucho mayor que el valor de su regalo original, de ahí que muchos hombres sigan invitando a copas…