Las campañas electorales suelen ser periodos de tiempo odiosos en los que se escuchan más recriminaciones que propuestas entre los candidatos pero a veces, entre toda la morralla, sale algún tema sobre el que merece la pena debatir destacando las últimas semanas las propuestas de Ciudadanos tanto de reforma fiscal (es de agradecer que se plantee meses antes de las generales y no años después de gobernar como la última de Rajoy) como de legalizar la prostitución como de dar por finiquitada la red de A.V.E. Dejando para otro momento el comentar la reforma fiscal, con la segunda no puedo estar más de acuerdo como he comentado varias veces en esta web: todos sabemos donde se practica la prostitución en este país (no es algo que se esconda ni mucho menos) y es absurdo que sea una actividad alegal, que ni sea prohibida ni sea controlada fiscal y sanitariamente, es una hipocresía que nuestras autoridades se comporten como si no existiera. O no se permite o si se permite, debe ser regulada, como se hace con el tabaco y el alcohol y estoy convencido que se debería hacer también con las drogas. Sin embargo, hablar ahora, cuando ya se ha hecho la mayor parte del gasto, de paralizar las inversiones para tener una red ferroviaria moderna en toda España me parece un error, primero porque como digo ya queda muy poca inversión a realizar y segundo porque esas partidas son necesarias para que algunas zonas no sean discriminadas respecto a otras donde ya la disfrutan. Además, no hay que confundir en el ámbito público los gastos con las inversiones ni dar por hecho que todas las inversiones públicas deben tener un beneficio económico, si ese fuera el criterio no tendríamos sanidad por ejemplo.

De todas las líneas de alta velocidad ferroviaria que hay en el mundo solo son económicamente rentables 3: Tokio-Osaka en Japón; París-Lyon en Francia; y Jinan-Qingdao en China por lo que no es algo que pase solo en España sino una inversión que muchos países han realizado con un fin vertebrador y a futuro, no con el argumento de obtener beneficios monetarios en el corto plazo. Cierto que en España en su día se planificó mal la red, cierto que ha habido sobrecostes (también en carreteras) y que casi seguro ha habido alguna corrupción que ha encarecido las obras pero ya es tarde para volver atrás, a estas alturas no parece justo paralizar los escasos tramos que siguen proyectados sino mejorar la gestión. En el fondo es lo mismo en todo, para mi la discusión gasto/austeridad no tiene sentido porque es muy generalista, no me vale que digan que los EUA van mejor que la Eurozona porque gastan más ni los que dicen que la austeridad es la solución porque la “austera” Alemania va mejor que por ejemplo la “gastadora” Francia. Lo que no puede hacer una familia es derrochar en las vacaciones de agosto y luego pretender solucionarlo no pagando los libros de texto de los hijos en septiembre, y tampoco los gobiernos.

A veces es tan simple como establecer cuáles son las prioridades correctas, por ejemplo cuando veo que en este país tenemos problemas para pagar un medicamento que puede salvar vidas o que estamos reduciendo la inversión en ciencia y luego leo que nos gastamos millones en encontrar e identificar los huesos de Cervantes, como si fuéramos a ser un país más culto por ello, me sorprende que nadie ponga el grito en el cielo. Ya sé que es políticamente muy incorrecto decirlo pero la sensación que yo tengo en la España de los últimos años con la engañosa “austeridad” y con la propuesta “anti-AVE” (y tantas otras de otros partidos) es que recortamos en inversiones y mantenemos los gastos. Creo que no hay que confundir gastos (por ejemplo el Senado actual español que no vale para nada y es un desperdicio de dinero) con inversiones (como puede ser el AVE) y nuestros gestores se deben centrar no sólo en recortar sino sobre todo en equilibrar en el Presupuesto el debe con el haber, los gastos con los ingresos y eso no es incompatible con la inversión, es posible conseguirlo con buena gestión.

Lo difícil es encontrar buenos gestores y quizás no los haya porque no hay suficientes votantes que sepan valorarlos. Y voy a poner un ejemplo de esta semana; en el municipio donde estoy ahora mismo he leído el programa electoral de uno de los partidos que tiene opción de ganar en las elecciones de mayo y las propuestas son muy atractivas: un nuevo instituto de educación secundaria, una ambiciosa reforma de la principal avenida, subvenciones para crear empleos, locales municipales para bandas de música etc. etc. y ni un solo párrafo para explicar cómo piensa pagar toda esa política de gasto. Tampoco ninguno para anunciar algún plan para reducir la enorme deuda que tiene dicho ayuntamiento. ¿No deberíamos, tras haber sufrido/seguir sufriendo todos esta gran crisis exigir a nuestros candidatos que sean buenos gestores, que sepan equilibrar gastos con ingresos, no deberíamos ser lo bastante responsables como para preguntar a quien nos quiere convencer con promesas cómo las va a financiar? ¿O es que aún no nos hemos dado cuenta que ni los políticos ni las instituciones tienen otro dinero que el que nos sacan a nosotros? No basta con quejarse de los políticos una vez elegidos, ahora que están en campaña es el momento de exigirles explicaciones antes de confiar en ellos.

En cuanto a los mercados, la semana pasada las bolsas acabaron con saldo negativo, con malos augurios y fuertes turbulencias en las bolsas, parece que de repente el viernes comprendieron el riesgo de la marcha de Grecia del € y el peligroso ascenso vertical de la bolsa china. Ambos factores fueron los utilizados en las crónicas de hace 7 días para explicar las caídas bursátiles y los máximos de la prima de riesgo española. Sin embargo, y a pesar de algunos momentos de volatilidad intradiaria, sigue la euforia al calor de los buenos resultados bancarios en los EUA y al descenso de rentabilidades de la deuda en la Eurozona. La liquidez sigue impulsando precios que cada día parecen más alejados de la realidad económica y acercándonos a algún tipo de fuerte susto. Como ejemplo de ello podemos ver 2 gráficos donde se aprecia el contraste entre la fuerte subida de los últimos meses de la bolsa china


y el suave pero claro descenso del crecimiento del PIB del país desde hace años

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