En mi mundo ideal un país (o ayuntamiento o comunidad autónoma) jamás debería gastar más de lo que ingresa, debería gestionar sus recursos al detalle y ser premiado por los electores por ello. Sin embargo eso no sucede, por norma se gasta más de lo que se ingresa y las elecciones suelen ganarlas –y eso se aprecia muy bien en los ayuntamientos- los que más gasto público generan (como fue el caso de Gil y Gil en Marbella por no entrar en la batalla política PP/PSOE). De este modo, la deuda –y sus intereses- se convierten en imprescindibles y la dependencia de los que la compran reduce la autonomía política (algo que estamos viendo en la actualidad en mucho países de la €zona). Pero hay que ser realistas, las instituciones humanas suelen reflejar la actitud de los ciudadanos y pocos ahorran durante 20 años para comprarse una casa si pueden conseguirse una ya con una hipoteca de 25. Tampoco las empresas podrían, sin recurrir a la deuda, realizar las inversiones necesarias para crecer y aumentar beneficios, y esto vale para pymes y multinacionales. De hecho hay que reconocer que el crédito tiene mucho que ver con el rápido crecimiento de muchas sociedades, incluida la España del último medio siglo. Ahora que nos acercamos al quinto aniversario de esta crisis muchas voces protestan por el exceso de deuda del que nadie se acordaba en 2007 y desde entonces a ahora tan sólo ha crecido la pública pero tanto la privada como la bancaria ya estaban ahí. Así pues, si aceptamos el sistema actual –y por lo que parece la mayoría cree que, pronto o tarde, saldremos de esta crisis pero sin cambiar nada sustancial- tendremos que lidiar con unos niveles de endeudamiento muy altos mucho tiempo. La clave está en saber cuando ese nivel de deuda empieza o no a ser peligroso pero antes deberíamos ponernos de acuerdo en cómo medirla porque no parece estar muy claro.

Nunca me ha gustado el PIB como indicador en sí mismo si bien entiendo la utilidad de valorar su crecimiento o decrecimiento para resumir en pocas líneas la marcha de una economía pero roza el absurdo medir la deuda emitida por un país en relación a su PIB: ¿qué significa que un país debe X% de su PIB? Realmente muy poco. Pongamos un sencillo ejemplo: si España debe –hablamos de deuda pública- el 65% de su PIB significa que si todo lo que genera el PIB español durante un año fuera destinado al pago de esa deuda necesitaríamos sólo el 65% de 1 año para deshacernos de ella. Evidentemente, eso no significa nada porque esa situación es imposible, básicamente por 2 motivos: el estado sólo puede disponer de una pequeña parte del PIB y gran parte del contenido del PIB no es convertible a dinero con el que pagar las deudas. Es tan evidente que el ratio deuda/PIB no es la forma adecuada de medir la deuda que de hecho tanto los inversores como las agencias de ráting consideran más solvente al país con más deuda pública emitida del mundo respecto al PIB –Japón, 200%- que a muchos con menos del 100% como es el caso de España. Y eso pasa incluso si sumamos todos los tipos de deuda de un país.

Sería más lógico al establecer un ratio deuda/PIB tener en cuenta los años de duración media de la deuda. ¿Por qué? Porque no tiene sentido englobar todo lo que se debe en 1 año cuando no tenemos esa limitación para abonarlo. De este modo, si tomamos dos países con la misma deuda puede tener más problemas de solvencia el que debe el 50% de todo lo emitido en un plazo de 1 año (como le pasó a España en 2010) que otro que debe lo mismo pero con una mejor y más larga periodificación. Al fin y al cabo, el problema –repito, asumiendo el sistema tal cual es- no es el tamaño de la deuda sino pagarla en sus plazos. De hecho, nos han vendido que el punto de no retorno con la deuda ocurre cuando el valor patrimonial es negativo: cuando una empresa aún vendiendo todo lo que tiene no cubre lo que debe o cuando uno debe 200 mil euros de hipoteca y su piso sólo vale 150 mil. Y eso no es del todo cierto y además no creo que ese sea el caso de ningún país, ni siquiera Grecia pienso que tenga un valor patrimonial negativo. Pero incluso si eso pasara, como le ocurre a muchos hipotecados, la clave no es el montante total de la deuda sino el poder o no poder pagar cada plazo. Por eso la burbuja inmobiliaria se mantenía sin apuros, sólo hacía falta que los que la financiaban tuvieran un sueldo cada mes. Y no se derrumbó porque nos volviéramos más racionales con nuestra capacidad de endeudamiento, fue porque la tasa de paro aumentó y sin uno (o dos) sueldos cada mes ya no se podían abonar los plazos. Por eso a la hora de analizar la solvencia de un país es tan importante el desfase entre ingresos y gastos (déficit) porque es lo que hace peligrar el pago (excepto –de momento- en aquellos países cuyo banco central les compra la deuda que haga falta… pero ese es otro tema).

Así es el sistema económico mundial, apenas hay límite al endeudamiento mientras haya liquidez en el corto plazo para ir cubriendo los vencimientos. ¿Es un sistema insostenible? A mi juicio sí pero con sus crisis –al parecer inevitables- periódicas es el que hay y puede que dure varios siglos más…o no. De todos modos en España estos años hemos visto como auténticas empresas quebradas –por eso se llaman zombies- vivían gracias a la liquidez que BCE les proporcionaba aunque su valor era negativo hasta el punto de haberse vendido –como la CAM- pagándole dinero al que lo compró. Resumiendo, deberíamos encontrar el punto a partir del cual la capacidad de hacer frente a las deudas peligra pero medirla por su tamaño, sea total o sea en relación al PIB o a la población, no sirve. El mejor ejemplo lo tenemos en los EUA con el mayor volumen de deuda pública emitida del mundo y alto déficit presupuestario y sin embargo está considerado como uno de los más seguros emisores del mundo y de los que menos paga por financiarse.