Tardará meses o tardará años pero dudo mucho que el experimento de una misma moneda y un mismo banco central sobreviva a esta crisis. Y si sobrevive, será con cambios de envergadura: o expulsión de los miembros más débiles/menos disciplinados a la hora de cumplir las normas o un € diferente para ellos ( y digo ellos porque prefiero pensar que España estará entre los más fuertes).

Así acababa un artículo –titulado Vuelvo a ser euroescéptico– que escribí días después del primer rescate a Grecia –hace año y medio-, cuando el mercado estaba alborozado por ello y pensaban que se había resuelto ya la crisis. Aquellos días de mayo de 2010 muchos pensaron que al salvar de la quiebra a Grecia también se había salvado a España. Pero fue al revés, aquel rescate fue un error mayúsculo y nos ha perjudicado a todos. Y España entonces, con todos sus problemas, no estaba tan mal como ahora.

No estoy hablando de la cotización de los CDS ni de la prima de riesgo cuyos niveles de entonces si los tuviéramos hoy –ojalá- supondrían que seríamos más solventes que Francia, me refiero a que en mayo de 2010 existía un mercado de deuda pública española en la que participaban, además de los creadores de mercado, muchos inversores institucionales, entidades extranjeras, muchos bancos y cajas de ahorros operando tanto para posición propia como para ejecutar órdenes de sus clientes –particulares, compañías de seguros, fondos de pensiones….- etc. Hoy el mercado de deuda español es un páramo en el que si se retira BCE desaparece el principal y casi único inversor. Aún las presiones del Tesoro consiguen que los creadores de mercado garanticen una alta inversión –aunque sea a precios escandalosos- en las subastas pero si en el mercado secundario van aumentando las ganas de vender y reduciéndose las de comprar, cuando llega la siguiente subasta la rentabilidad aún será más alta (incluso en letras del Tesoro de corto plazo como hemos visto esta semana), con el coste que esto supone para el erario público.

España ahora mismo está en la misma situación que los tres ya rescatados tenían días antes de solicitar ayuda exterior. Y eso a pesar del esfuerzo de BCE que no deja de ser una especie de truco contable: los estados emiten deuda porque necesitan dinero y ese dinero lo obtienen de una institución que han creado ellos mismos con dinero público. Es como pasarse monedas de un bolsillo a otro. En concreto como España+Italia+los 3 rescatados suponen en torno a un 25% del BCE en realidad traspasan sus emisiones de deuda en gran parte a los demás que forman el otro 75%. Pero como ya he comentado alguna vez, teniendo en cuenta que el capital de BCE no llega a los 11 mil millones de euros y su riesgo en deuda considerada basura como la griega, que nadie más quiere como la portuguesa e irlandesa más la –difícilmente clasificable- italiana y española se acerca a los 200 mil millones de euros a vencimiento más los activos que han depositado los bancos en las subastas de liquidez, no podemos asegurar que el resto de miembros de BCE estén dispuesto a continuar esta situación tan anómala mucho tiempo más.

De ahí que, por ejemplo, no encuentre sentido a invertir en deuda alemana para protegerse de una posible quiebra española o italiana, algo que parece al fin han comprendido esta semana algunos inversores. Con el dinero que Alemania se está jugando en la supervivencia de la UE, con los miles y miles de millones que está arriesgando con sus préstamos a Grecia, Irlanda, Portugal y su participación en BCE y el FMI, un colapso de la €zona sería ruinoso. El impacto hundiría a Alemania en una depresión económica. Precisamente esa es la mayor esperanza de la €zona: el coste de su desaparición sería tal que lo normal es que se esfuercen en que no ocurra. Que nadie piense que dentro de la €zona hay algún tipo de refugio. Si caen España o Italia la solvencia de todos estará en peligro.

Y la actualidad de los mercados tampoco ha ofrecido noticias positivas: esta semana hemos visto los mínimos de la bolsa griega y sus máximos de posibilidad de quiebra según CMA (es decir, el efecto Papademos ya pasó), España también marcó nuevos máximos de probabilidades de impago según CMA (es decir, nulo efecto Rajoy), Hungría solicitó formalmente ayuda financiera al FMI y a la Unión Europea confirmando el contagio de la crisis de la €zona hacia el este, las agencias de calificación ya han advertido que la AAA de Francia y Austria corre peligro (y con ello la del Fondo de Rescate Europeo), Japón también ha sido advertido de rebaja, en España se ha nacionalizado el primer banco privado (aunque su principal dueño sea una caja de ahorros), los índices bursátiles han caído de forma global, el Tesoro español ha tenido que pagar más del 5%  (como los 3 rescatados) para poder colocar letras a 3 y 6 meses, el PIB trimestral de los EUA decepcionó, los políticos norteamericanos no se ponen de acuerdo en cómo reducir el déficit, el FMI ve tan mal a la €zona que nos ha ofrecido fondos extra, el PMI manufacturero chino pasó a zona de contracción y el europeo avisa de recesión inminente, Portugal fue rebajado a «bono basura»… ¿Algo positivo? Quizás que tanta acumulación de datos negativos pueda incitar a acciones rápidas y radicales a los dirigentes mundiales.

El caso es que hace un mes comenté que las subidas bursátiles en Europa basadas en la esperanza de las reuniones del €grupo no suelen ser duraderas. Veamos lo que pasó tras las 2 últimas (los picos de mediados de julio y finales de octubre) en el Ibex…

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