Algunos dan por muerto al Euro al igual que muchos han dado por muerto, varias veces, al dólar y lo único cierto es que las monedas «globales» o de reserva, van y vienen casi a la misma velocidad que sus imperios.

Ironías de la vida, el dracma de plata, emitido por la antigua Atenas en el siglo V a.C., fue problablemente la primera divisa que circuló extensamente fuera de las fronteras de su estado emisor, seguida del áureo de oro y del denario de plata emitidas por Roma, incluso las divisas ateniense y romanas circularon de forma simultánea durante algún tiempo. El dominio de las monedas emitidas por Roma acabó cuando el largo ciclo de inflación que caracterizó la economía del Imperio Romano desde el primer siglo d.C. hasta comienzos del siglo IV condujo a una devaluación continuada de las mismas, dando lugar a que fuera cada vez menos aceptadas fuera del Imperio Romano. En última instancia, el áureo se apreció por su peso más que por su imputado «valor nominal», cotizándose más como una materia prima que como una divisa fuera del Imperio Romano y abriendo camino al pesado sólido de oro del Imperio Bizantino que se convirtió en la divisa dominante en el comercio internacional del siglo VI.

En el siglo VII, el dinar árabe había sustituido parcialmente al sólido en este papel, aunque el sólido siguió circulando con carácter internacional devaluadamente (reflejando las apremiant es necesidades de financiación del Imperio Bizantino) hasta el siglo XI. Elevados costes fiscales también condujeron a la devaluación gradual del dinar árabe a finales del siglo X.

En el siglo XIII, el fiorino, emitido por Florencia, se utilizó ampliamente en la zona mediterránea en las operaciones comerciales, únicamente sustituido por el ducato de Venecia en el siglo XV. En los siglos XVII y XVIII, la divisa internacional dominante fue emitida por los Países Bajos, reflejando el papel del país como potencia comercial y financiera dominante del momento. En ese momento, los billetes empezaron a sustituir a las monedas como divisa internacional de circulación, incluso sin ser respaldados por el gobierno holandés o cualquier otra entidad bajo un único control soberano.

Solo cuando los bancos centrales nacionales y haciendas públicas empezaron a acumular reservas de oro, empezando en el siglo XIX, fue cuando los billetes y depósitos con intereses que podrían sustituirse por oro también empezaron a acumularse como reservas. Esta evolución coincidió con el surgimiento de Gran Bretaña como el exportador destacado de bienes manufacturados y servicios y mayor importador de alimentos y materias primas industriales. Entre principios de los años 1860 y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, alrededor del 60% del comercio mundial se facturaba en libras esterlinas británicas.

A medida que los bancos del Reino Unido expandían sus negocios en el extranjero, impulsados por innovaciones en la tecnología de las comunicaciones como el telégrafo, la libra británica fue utilizada cada vez más como una divisa de denominación para operaciones comerciales entre los residentes no británicos, es decir, la libra esterlina se convirtió más en una divisa internacional. Este papel de la libra fue potenciado por el surgimiento de Londres como el más importante exportador y asegurador de bienes comercializados del mundo y como centro de mercados de materias primas organizadas, así como por la creciente cantidad de inversión extranjera británica, de la cual un gran parte se encontraba en forma de títulos a largo plazo denominados en libras esterlinas.

A comienzos del siglo XX, sin embargo, la composición de las reservas de divisa extranjera de las autoridades monetarias del mundo empezó a cambiar, a medida que disminuía la porción de esterlinas y la parte de francos franceses y marcos alemanes aumentaba. El comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 se ve de forma generalizada como el indicio del final del liderazgo de Gran Bretaña en la economía internacional y el final de la independencia económica.

A pesar de los intentos por revivir el patrón de cambio oro después de la Primera Guerra Mundial y por restaurar el orden monetario internacional basado en tipos de cambio fijos, el sistema restaurado duró apenas unos años. El uso internacional del dólar estadounidense como unidad de cuenta y medio de pago aumentó durante el período de entreguerras, en especial durante los años 1920, reflejando el creciente papel de la economía estadounidense en el comercio y las finanzas internacionales. Aunque el oro era el activo resera oficial (y el sostén) del sistema monetario internacional después de la Segunda Guerra Mundial, bajo el sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos, el dólar asumió la responsabilidad de divisa reserva internacional dominante. A principios de los 1970, sin embargo, después de la caída del sistema como consecuencia de su dilema de Triffin inherente (ver este link en la wikipedia para entenderlo), las economías más importantes empezaron a aplicar tipos de cambio flotantes.

Durante los 1980, la economía mundial mostró indicios de que estaba empezando a utilizar un sistema de multidivisa en el que el marco alemán estaba asumiendo un papel más extenso como divisa clave, tanto en Europa como en el mundo. Esto se debió a la combinación de factores, baja y estable inflación alemanas, políticas gubernamentales creíbles, mercados financieros serios, extensos y abiertos y una porción relativamente elevada de distintas exportaciones manufacturadas en el comercio alemán. La introducción del euro en 1999 y su adopción por un creciente número de países de la UE en los años de intervalo únicamente ha reavivado el debate sobre el futuro del papel del dólar como la divisa internacional dominante.

Y ahí es donde nos hemos quedado en la historia. Hoy me gustaría conocer vuestra opiniones. ¿Cómo estará el Euro dentro de 10 años? ¿Y el dólar? ¿Será el Yuan chino la próxima divisa de referencia?