Los Suecos y las suecas son tipos muy preocupados por la seguridad vial. Nils Bohlin inventó el cinturón de seguridad tres puntos. Desde su implantación ha salvado una vida cada seis minutos alrededor del mundo. Los suecos también fueron los primeros en introducir unas tasas de alcohol en sangre muy restrictivas.

Desde 1997 han ido más allá con una política de visión cero. La idea central es cambiar el sistema de tráfico por carretera y convertirlo en un sistema que elimine todas las posibilidades conocidas de error humano y reduzca los daños físicos de los accidentes que sean inevitables.

Puesto que la visión es compartida por todos los implicados, la responsabilidad sobre seguridad vial también está compartida entre los usuarios del sistema, los diseñadores, las autoridades de tráfico, los fabricantes de vehículos, etc., es decir, todos aquellos que se encuentran implicados directa o indirectamente en el tráfico rodado.

Por tanto, las lesiones graves y las muertes en las carreteras no deben tolerarse. Hasta hace poco, las colisiones y las víctimas mortales en el tráfico vial fueron consideradas como un mal necesario, que debía aceptarse en aras de la movilidad personal. Ya no.

En la economía nos ocurre algo similar, asumimos que pueden haber ciertos «accidentes financieros» con millones de víctimas, forma parte del sistema, dicen y por tanto son un mal inevitable. Nos limitamos a tomar medidas paliadoras de los daños pero no a estudiar detenidamente sistemas para evitar que ocurran de nuevo.

¿Y por qué no adoptar un sistema de visión cero? ¿Por qué no aprovechamos la «refundación del capitalismo» para convertirlo en un sistema que elimine todas las posibilidades conocidas de error humano y reduzca los daños físicos de los accidentes que sean inevitables.

Puesto que la visión es compartida por todos los implicados, la responsabilidad sobre la seguridad financiera también está compartida entre los usuarios del sistema, los diseñadores, las autoridades financiertas, la banca, los inversores, etc., es decir, todos aquellos que se encuentran implicados directa o indirectamente en el sistema financiero.

Si todavía no hemos encontrado a un culpable claro de la crisis es porque todos tenemos nuestra parte en la responsabilidad global y al igual que posiblemente la velocidad es la mayor causa de accidentes de tráfico, los altos rendimientos son los culpables en los accidentes financieros.

Hace más de 20 años, BMW, Mercedes y Audi, llegaron a un pacto de caballeros en el que limitaban los coches electrónicamente a 250 Km/h, a excepción de modelos considerados «excepcionales» ya que no son muchos los conductores capacitados para rodar a semejantes velocidades por carreteras abiertas al tráfico (tramos de autobahn sin limitación) y menos con un nivel «razonable» de seguridad. La versión no oficial de aquel pacto es que les libraba de la batalla de la velocidad, pudiéndose centrar en otros aspectos.

Al igual que muchos de nosotros no podríamos circular de una manera segura con un coche de 500 caballos con tracción trasera por una carretera española, tampoco podríamos invertir con total seguridad en «turboproductos financieros» diseñados para inversores profesionales. Se nos debería advertir de ello y que todos velasen por la seguridad de mis ahorros ya que las imprudencias de muchos afectan a la economía del país. Es necesario un pacto de caballeros en el sistema financiero y mirar más allá de «la velocidad»

No estoy en ningún momento de limitar los rendimientos que nos puedan ofrecer, estoy hablando de la obligación de todas las partes por limitar, compartir, informar exhaustivamente de los riesgos (lo cual, seguramente acabe limitando los intereses) de compartir entre todo el sistema financiero una política de visión cero para evitar más accidentes financieros y asumir de una vez por todas, que si esto ocurre es por pasividad de todos no porque sea algo inevitable.