Uno de de mis libros de divulgación científica favorita es «Una breve historia de casi todo»  de Bill Bryson. En él nos muestra de una manera bastante amena,  la historia que va desde lo más pequeño hasta lo más grande, digamos que resume en 500 páginas los más de 13.000 millones que tiene el mundo, casi nada. Además el libro no sólo nos habla del universo y de la tierra si no también de sus habitantes, desde premios Nóbel de primera categoría hasta científicos de dudosa rigurosidad, veamos que nos cuenta de uno de estos últimos:

La edad exacta del planeta Tierra sigue siendo algo imprecisa, al igual que la del Sistema Solar o la de nuestra galaxia, por no hablar de la edad el Universo en que vivimos. Pero, históricamente, ha habido gente que lo tenía mucho más claro. En 1650 el arzobispo James Ussher de la Iglesia de Irlanda realizó un estudio cuidadoso de la Biblia y de otras fuentes históricas.Llegó a la conclusión de que la Tierra había sido creada exactamente el 23 de octubre del 4004 A.C.Y afinando un poco más: al mediodía. Eso ha producido bastante hilaridad entre historiadores, científicos desde entonces. Es casi un chiste obligatorio en libros de texto sobre el tema. Si oyes que hay gente que hoy en día, casi cuatro siglos después, cree que la tierra tiene sólo 6.000 años de antigüedad, probablemente se están refiriendo a ese soleado (suponemos) mediodía de octubre del 4004.

Esto me recuerda a muchas previsiones económicas que vemos hoy en día, que son capaces de predecir donde estará el Dow Jones dentro de un año, con todos sus decimales, no obstante intentaré morderme la lengua y no hablar de este tipo de profetas si no más bien completar el libro de Bill Bryson. Hoy empezaremos una sección titulada «Breve historia de casi toda la economía» que no sé si durará un artículo o veinte y lo comenzaremos con un tema de actualidad (trás la intervención ayer de su moneda por parte del banco de Japón), los tipos de cambio.

Durante siglos, las divisas del mundo estuvieron respaldadas por el oro. Esto significa, que un billete de una divisa emitido por un gobierno del mundo representaba una cantidad real de oro que ese gobierno guardaba en una cámara acorazada. En los años 30, los EE.UU. establecieron el valor del dólar a un único e inalterable nivel: una onza de oro valía 35$. Después de la II Guerra Mundial, otros países basaron el valor de sus divisas en el dólar estadounidense. Dado que todo el mundo sabía cuánto oro valía un dolar estadounidense, el valor de cualquier otra moneda frente al dólar podría basarse en su valor en oro. Una divisa cuyo valor fuera dos veces el valor en oro de un dólar, valía, por tanto, dos dólares.

Desafortunadamente, el mundo real de la economía superó este sistema. El dólar estaodunidense padeció la inflación (su valor relativo a los bienes que podía comprar disminuyó), mientras otras monedas se revalorizaron y se hicieron más estables. Al final, los EE.UU. ya no podían seguir pretendiendo que el dólar valiera tanto como había valido, por lo que su valor se redujo oficialmente para que una onza de oro tuviera entonces un valor de 70$. El valor del dólar se redujo a la mitad.

Finalmente, en 1971, los EE.UU. se deshicieron del patrón oro del todo. Esto significó que el dólar ya no representaba una cantidad real de un material precioso, las fuerzas del mercado por sí solas determinaban su valor.

Hoy en día, el dólar estadounidense sigue dominando muchos mercados financieros. De hecho, los tipos de interés con frecuencia se expresan en dólares estadounidenses. Actualmente, el dólar estadounidense y el euro suponen aproximadamente el 50 por ciento de todas las operaciones de cambio del mundo. Incluyendo a las libras británicas, los dólares canadienses, los dólares australianos y los yenes japoneses, tenemos más del 80 por ciento de todos los cambios de divisa.

Tipo de cambio flotante

Hay dos sistemas principales utilizados para determinar el tipo de cambio de una moneda: divisa flotantemoneda referenciada.

El mercado determina un tipo de cambio flotante. En otras palabras, una divisa vale lo que los compradores estén dispuestoa a pagar por ella. Esto se determina a través de la oferta y la demanda, que por turnos se mueven en función de la inversión extranjera, las tasas de importación/exportación, la inflación y por muchos otros factores económicos.

Generalmente, países con mercados económicos maduros y estables utilizarán un sistema flotante. Casi todos los grandes países utilizan este sistema, incluyendo a los EE.UU., Canadá y Gran Bretaña. Los tipos de interés flotantes se consideran más eficientes porque el mercado corregirá de forma automática el tipo para reflejar la inflación y otras fuerzas económicas.

Con todo y con ello, el sistema flotante no es perfecto. Si la economía de un país se desestabiliza, un sistema flotante desincentivará la inversión. Los inversores pueden ser víctimas de tremendas oscilaciones de los tipos de interés y de la catastrófica inflación.

Tipo de cambio referenciado

Un sistema referenciado o fijo, es aquel en el que el gobierno establece y mantiene de forma artificial el tipo de cambio. El tipo estará referenciado a algún dólar de otro país, normalmente el dólar estadounidense. El tipo no fluctuará de un día para otro.

Un gobierno tiene que trabajar para mantener su tipo referenciado estable. Su banco central deberá contar con grandes reservas de moneda extranjera para mitigar los cambios de la oferta y la demanda. Si una demanda repentina de una divisa subiera el tipo de cambio, el banco central tendría que liberar la suficiente cantidad de esa moneda en el mercado para afrontar la demanda. También podría comprar divisa si una escasa demanda estuviera reduciendo los tipos de cambio.

Los países con economías inmaduras y potencialmente inestables normalmente utilizan un sistema referenciado. Los países en vías de desarrollo pueden utilizar este sistema para evitar una inflación descontrolada. No obstante, el sistema puede fracasar si el valor de mercado de la divisa del mundo real no se refleja en el tipo referenciado. En tal caso, surgiría un mercado negro en el que la divisa se comercializaría al valor de mercado, ignorando la referencia del gobierno.

Cuando la gente se de cuenta de que su divisa no vale tanto como indica el tipo referenciado, es posible que vaya corriendo a cambiar su dinero por otras divisas más estables. Esto puede conducir a un desastre económico, ya que la repentina afluencia de divisa en los mercados mundiales da lugar a una ralentización del tipo de cambio. Por tanto, si un país no cuida de su tipo referenciado, puede encontrarse con una moneda sin ningún valor.

Híbridos

De hecho, pocos sistemas de tipo de cambio son 100 por cien flotantes o 100 por cien referenciados. Los países que usan un tipo referenciado pueden evitar situaciones complejas del mercado o desastres inflacionarios utilizando una referencia flotante. Referencian su tipo de interés al dólar estadounidense, y ese tipo no fluctúa de un día para otro. Sin embargo, el gobierno revisa de forma periódica su referencia, y realiza ajustes menores para mantenerlo en línea con el verdadero valor de mercado.

Los sistemas flotantes tampoco se abandonan a merced de las fuerzas del mercado. Los gobiernos que utilizan tipos de cambio flotantes, introducen cambios en sus políticas económicas que pueden afectar a los tipos de cambio, de forma directa o indirecta. Reducciones de los impuestos, cambios en el tipo de interés nacional y aranceles a la importación pueden modificar el valor de la divisa de un país, aunque el valor flote técnicamente.

Así que la próxima vez que cruces una frontera y cambies tu dinero por el de otro país, recuerda que las fuerzas económicas del mundo contribuyen a determinar ese tipo de cambio. De hecho, cuando cambias divisas, te conviertes en una de esas fuerzas económicas y también estás contribuyendo a establecer el tipo de interés.  A veces nos olvidamos de que formamos parte de las fuerzas del mercado.