El pasado Martes surgió una interesante discusión en el blog acerca de la prohibición de fumar en los lugares públicos, se da la paradoja de que por un lado cada vez se ponen más trabas a los fumadores mientras que por otro lado, en algunos países se estudia la posibilidad de legalizar ciertas dorgas, como sigamos así parece que lo único que se va a poder fumar en los bares será la María… Hace medio año, hablamos por aquí acerca de las implicaciones económicas de legalizar la Marihuana y ayer mismo lo comentaban también Libertad digital, del cual rescato un párrafo interesante.
Si se quiere evitar el tráfico ilegal de marihuana, que es el verdadero problema subyacente, ya que el consumo de cannabis nunca mató a nadie, debe autorizarse su cultivo sin fines de lucro. De lo contrario, las mafias seguirán controlando su mercantilización… y ofertando otras sustancias indiscutiblemente peligrosas.
El pasado 5 de Marzo, «The Economist» escribía otro artículo concluyendo que la prohibición ha fracasado y la legalización es la solución menos mala, tras mostrar un documentado recorrido sobre la fallida acción mundial en los últimos cuarenta años en la guerra contra la droga. Comentaban también que la legalización no sólo expulsará a los delincuentes, sino que sería transformar el tema de las drogas de un problema de ley y orden en uno de salud pública, que es como deben ser tratados. Concluye que los gobiernos así recaudarían impuestos y podrían regular el comercio de drogas, además de aplicar los fondos obtenidos (de las cargas tributarias sobre la droga, como hoy sobre el cigarrillo y las bebidas alcohólicas) y de reasignar los inmensos presupuestos del combate al narcotráfico para educar a la población sobre los riesgos del consumo de drogas y para tratar las adicciones.
Hoy os tráigo un interesante artículo del «Washington Post» escrito por 2 ex-policías, titulado «Es tiempo de legalizar las drogas» que nos muestra otro punto de vista más y escrito por aquellos que ha vivido el problema de primera mano.
El agente de policía secreto de Baltimore Dante Arthur estaba realizando lo que hace bien, deteniendo traficantes de drogas, cuando se aproximó a un grupo de ellos en Enero. Lo que no sabía es que uno de los sospechosos lo reconoció como policía por una antigua detención. A Arthur le dispararon dos veces en la cara. En el tiroteo que siguió, el compañero de Arthur devolvió el fuego alcanzando a uno de los sospechosos, tres de los cuales fueron más tarde detenidos.
Arthur fue afortunado por muchos motivos. Vivió, ya que allí un agente de policía muere en acto de servicio prácticamente cada día. Con demasiada frecuencia un ataúd envuelto en la bandera es seguido por millas de luces azules y rojas encendidas. Más son loas agentes disparados y heridos, demasiados luchando contra el tráfico de drogas. La prohibición de las drogas lleva a un no regulado, y a veces violento, tráfico de drogas. Quizá contrariamente al sentido común, un mejor entrenamiento policial y armas más grandes no son la solución.
Al traficar con drogas en público, un vecindario se convierte en el hogar de la violencia debida a drogas. Para un traficante de bajo nivel, trabajar la calle significa más dinero y menos riesgos económicos. Si se acerca la policía, y lo harán, se dejará a algún chaval aguantando la bolsa mientras el traficante da el esquinazo. Pero si el traficante vende en interiores, una redada, tanto por policías como por ladrones, puede dejarlo definitivamente fuera del negocio.
Seis años atrás uno de nosotros escribió una artículo titulad, «Víctimas de la guerra a las drogas». Hablaba sobre violencia, relaciones en comunidades deterioradas y acerca de las redadas y controles policiales cada vez más violentos. Dejó de mencionar un daño importante: el peligro inminente de la guerra a la droga hacia los hombres y mujeres de azul.
Los consumidores de drogas normalmente no son violentos. La mayoría simplemente quieren que se les deje tranquilo para disfrutar de su subidón. Es el camello de la esquina el que aterroriza a los vecindarios e invita ataques por parte de los rivales. El tráfico de drogas público crea un entorno en el que las disputas sobre dinero o respeto se resuelven con pistolas.
En zonas de mucha criminalidad, la policía gasta mucho de su tiempo atendiendo a llamadas para servicios relacionadas con drogas, sacando traficantes de las esquinas, atendiendo a disparos y homicidios, y realizando muchos arrestos relacionados con la droga.
Uno de nosotros (Frankilin) era el oficial al mando en la academia de policía cuando Arthur se graduó. Todos hemos aprendido lecciones similares. A los agentes de policía se les adoctrina sobre las maldades de las drogas y dotados de los conocimientos y herramientas para provocar el mayor daño posible sobre la gente que constituye la comunidad de la droga. Los creadores de políticas nos mandan ganar esta guerra inganable.