Mark Cuban es un tipo al que llevo siguiéndole la pista desde hace más de 20 años, es un tipo bastante estrafalario y sin pelos en la lengua. Saltó a la fama cuando en 1999 vendió Broadcast.com —una web que transmitía eventos deportivos en directo— a Yahoo por 5.700 millones de dólares, fue en plena burbuja puntocom. Cuban cobró parte en acciones y, a diferencia de muchos, las vendió enseguida antes del desplome del mercado. Algo se olía.
Con esa fortuna se compró los Dallas Mavericks, un equipo de la NBA que entonces era el hazmerreír de la liga. Les cambió la cultura, puso wifi en el estadio, hablaba directamente con los aficionados por correo electrónico, se encaraba con los árbitros y celebraba los triunfos saltando al campo. En 2011 el equipo ganó su primer campeonato. Era una especie de Jesús Gil americano pero sin corruptelas.
Cuban se volvió un personaje mediático: un multimillonario que no disimula su temperamento ni su opinión. Invirtió en cientos de startups, se convirtió en jurado del programa Shark Tank y suele enfrentarse a políticos, reguladores y otros empresarios en redes sociales.
Los millonarios cada vez son más millonarios, esto es un dato indiscutible y Cuban argumenta que la raíz de este incremento masivo de riqueza está en la subida constante de los mercados bursátiles. En una publicación reciente en X (antes Twitter), el multimillonario cuestionó por qué no existen incentivos fiscales o regulatorios que obliguen a las empresas a repartir acciones entre todos sus empleados en la misma proporción que se remunera a los directivos. En sus propias palabras: “Si el mercado ha subido tanto gracias al esfuerzo de todos, ¿por qué no aseguramos que todos obtengan beneficios de ese éxito?”.
Actualmente, muchas compañías ya ofrecen programas de participación en acciones o planes de compra de títulos con descuento, aunque con límites considerables. Por ejemplo, Intel permite a sus empleados adquirir acciones con hasta un 15% de descuento, pero solo hasta el 15% de su salario anual o un máximo de 21.250 dólares. Adobe ofrece un esquema similar, permitiendo invertir hasta el 25% del sueldo, pero con el mismo tope monetario. Estas políticas, aunque beneficiosas, siguen concentrando el verdadero poder económico en los niveles ejecutivos.
Para Cuban, el problema no es la existencia de grandes fortunas, sino la falta de distribución equitativa del valor que generan las empresas. Con una fortuna personal estimada en más de 6.000 millones de dólares, el empresario defiende que la riqueza puede ser una herramienta positiva si se usa para generar oportunidades y bienestar compartido. “El capitalismo compasivo, no la codicia, es lo que puede hacer más grande a este país”, afirmó en declaraciones a Fortune.
El magnate sostiene que cuando los trabajadores poseen acciones, los resultados empresariales mejoran, ya que se alinean los intereses de toda la organización. “He visto repetidamente que cuando todos tienen participación, el compromiso crece y los resultados se multiplican”, aseguró.
A lo largo de su trayectoria, Cuban ha respaldado sus palabras con acciones. En cada empresa que ha fundado o vendido, ha repartido parte de las ganancias entre sus empleados. Tras la venta de Broadcast.com a Yahoo! en 1999, 300 de los 330 empleados se convirtieron en millonarios. En MicroSolutions, su primera empresa, distribuyó alrededor del 20% de las ganancias entre 80 trabajadores. Incluso en el caso de los Mavericks, donde no hubo una venta total, destinó más de 35 millones de dólares en bonos para su equipo.
Cuban cree firmemente que compartir la riqueza fomenta el compromiso y la productividad, y que los incentivos en forma de acciones deben otorgarse desde el inicio de la relación laboral. En su opinión, las empresas que integran a sus trabajadores como copropietarios logran una cultura más sólida y sostenible.
Su visión se enmarca en un contexto donde el debate sobre la desigualdad económica y la concentración de riqueza está ganando terreno. Frente a los 33 billones de dólares acumulados por los multimillonarios desde 2015, la propuesta de Cuban invita a repensar el capitalismo contemporáneo, transformándolo en un sistema donde el éxito financiero no sea exclusivo de unos pocos, sino una oportunidad compartida.
