En solo dos semanas, el peso argentino se ha desplomado cerca de un 10% en el mercado paralelo. Detrás de esta caída no hay una catástrofe externa ni un shock global: lo que preocupa a los inversores es algo más básico, pero igual de letal para una economía frágil como la argentina: la creciente debilidad política del gobierno.
El detonante fue una serie de derrotas parlamentarias que dejaron al descubierto las dificultades del presidente Milei para sacar adelante su ambicioso plan de ajuste. Su partido, La Libertad Avanza, carece de mayoría en el Congreso y necesita negociar cada medida con una oposición peronista que, lejos de ceder, ha empezado a contraatacar.
El precio de la incertidumbre: el Banco Central pierde reservas
La reacción del mercado fue inmediata. El peso se hundió y los bonos soberanos se desplomaron. Para contener la crisis cambiaria, el Banco Central argentino se vio obligado a vender cerca de 1.000 millones de dólares en solo tres días, agotando unas reservas ya de por sí debilitadas. Solo el viernes se vendieron 678 millones de dólares, un volumen alarmante para un país que vive al límite del default.
Protestas en la calle y rebelión en las provincias
El malestar no solo se siente en los mercados. Miles de personas salieron a las calles de Buenos Aires esta semana, exigiendo más fondos para educación y sanidad, dos de los sectores más castigados por el ajuste. El Congreso, en una muestra de resistencia al plan de Milei, aprobó dos leyes para aumentar el presupuesto en salud y universidades públicas, en claro desafío al gobierno.
El golpe más simbólico, sin embargo, llegó desde la política territorial. En las elecciones locales de la provincia de Buenos Aires —la más grande y poblada del país— el partido de Milei fue derrotado por 13 puntos frente al peronismo. La derrota no solo daña su imagen, sino que hace sonar las alarmas de cara a las elecciones legislativas de octubre.
Escándalo familiar y caída en las encuestas
Como si todo esto fuera poco, el presidente enfrenta ahora un escándalo de corrupción que salpica directamente a su hermana y mano derecha, Karina Milei, quien además ocupa el cargo de secretaria general de la Presidencia. Según denuncias recientes, estaría implicada en un esquema de sobornos en la agencia nacional de discapacidad. Aunque ella niega los hechos, el caso ha tenido un fuerte impacto mediático y empeora la ya delicada situación del Ejecutivo.
El perfil de Karina Milei —ex pastelera de Instagram y tarotista—, que supo capitalizar su cercanía con el presidente para ocupar un cargo clave en el gobierno, se ha convertido ahora en símbolo de la falta de profesionalismo y de las sombras en la gestión.
