Las diferencias generacionales en el gasto destinado a la vivienda ponen en evidencia uno de los grandes dilemas del mercado inmobiliario español: quienes menos ingresos tienen, pagan más proporcionalmente por un bien básico como el techo. Mientras las generaciones mayores logran sostener cuotas hipotecarias más altas, las nuevas generaciones se ven atrapadas entre alquileres elevados y la imposibilidad de comprar.
El último análisis sobre el gasto mensual en vivienda muestra un contraste nítido. Alrededor del 30 % de los mayores de 55 años paga entre 700 y 899 euros de alquiler al mes. En cambio, entre los jóvenes nacidos a partir de 1994, apenas un 18 % llega a esa cifra. Entre los milenials, el porcentaje baja al 16 %. Es decir, los mayores gastan más, pero también pueden hacerlo. Y eso tiene una explicación: mayor estabilidad laboral, mejores sueldos, o hipotecas contratadas cuando los precios eran mucho más bajos.
Este patrón también se repite en las cuotas hipotecarias. Uno de cada diez boomers supera los 1.000 euros al mes en el pago de su hipoteca. Esa cifra prácticamente desaparece en la Generación Z, donde el grueso (35 %) se concentra en la franja entre 300 y 499 euros. Algo similar ocurre con los milenials, mientras que la Generación X —los nacidos entre 1969 y 1980— se sitúa en un punto intermedio, con un 35 % pagando entre 500 y 699 euros al mes.
Pero más allá de los importes absolutos, lo que importa es el peso que ese gasto tiene sobre los ingresos. Y ahí es donde el desequilibrio se hace más evidente. Los jóvenes pagan menos, sí, pero también ganan menos, y en muchos casos sin estabilidad ni perspectivas de mejora. El alquiler, además, se lleva una parte desproporcionada de su sueldo, lo que reduce su capacidad de ahorro y retrasa —cuando no imposibilita— el salto a la propiedad.
La paradoja es clara: hoy la hipoteca suele ser más barata que el alquiler. La mitad de quienes tienen una hipoteca paga menos de 500 euros mensuales, frente al 40 % de los inquilinos que está en esa misma franja. Pero mientras acceder a una vivienda en propiedad implica tener ahorros, contrato estable y una entrada considerable, alquilar solo requiere demostrar ingresos recurrentes, aunque se lleve más del 40 % del sueldo.
Esta situación se agrava en un momento en el que los tipos de interés empiezan a estabilizarse, pero los precios de la vivienda siguen altos, y el Euríbor continúa rondando el 2 %. Esto significa que el margen de mejora para los compradores es limitado, y los jóvenes siguen teniendo cerrada la puerta de entrada al mercado inmobiliario.
