Mónaco es, con sólo dos kilómetros cuadrados de superficie, el segundo país más pequeño del mundo. Es más pequeño que el aeropuerto de Barcelona. Peses a tener la renta per cápita más alta del mundo, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. La inclusión en la lista gris del GAFI en junio de 2024 ha obligado al país a mirarse al espejo y reconocer algo que durante décadas prefirió ignorar: parte de la riqueza que atrae a sus costas no siempre tiene un origen limpio.
Un complejo de 60 millones por piso que resume el problema
Mareterra es el proyecto urbanístico más ambicioso y caro de Mónaco en décadas. Construido sobre casi 15 acres ganados al mar Mediterráneo, sus 114 viviendas frente al mar se vendieron inicialmente por entre 16 y casi 500 millones de euros. El piso más caro jamás vendido —casi con toda seguridad en la historia del mercado inmobiliario mundial— fue una estructura de 18 pisos diseñada por el arquitecto Renzo Piano que el magnate ucraniano Rinat Akhmetov adquirió por 471 millones de euros.
Pero más allá de las cifras astronómicas, Mareterra se ha convertido involuntariamente en el escaparate perfecto de las contradicciones del modelo monegasco: un mercado inmobiliario de lujo extremo que durante años actuó como imán para fortunas de procedencia opaca.
El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), organismo de control creado por el G7 en 1989, incluyó a Mónaco en su lista gris junto a países como Siria, Venezuela y Yemen. La razón: vigilancia insuficiente frente al dinero sucio. El impacto fue inmediato y profundo.
Se identificaron cuatro sectores especialmente vulnerables al blanqueo de capitales:
- Inmobiliario
- Náutica
- Agentes deportivos
- Banca privada
No es casualidad que el inmobiliario encabece la lista. En un país donde el metro cuadrado es el más caro del planeta, cada transacción mueve sumas capaces de transformar fortunas de origen dudoso en activos perfectamente legales.
El perfil de los compradores: un mapa del dinero opaco
Los documentos analizados por Bloomberg Businessweek —obtenidos de correspondencia interna entre el promotor, notarios, banqueros y posibles compradores— revelan un patrón que va más allá de los grandes nombres conocidos como los pilotos de F1.
Entre las operaciones más llamativas vinculadas a ciudadanos rusos:
- Konstantin Krivchenko y Dmitry Kuptsov, ejecutivos de aviación con pasaportes irlandeses, planearon adquirir cuatro villas por 100 millones de euros cada una a través de sociedades constituidas expresamente para ello.
- Valeriy Votinov, hijo de 21 años de un exejecutivo de Rosneft, ofreció más de 500 millones de euros por nueve propiedades. Años después, cuando intentó revender parte de ellas tras la invasión de Ucrania, su abogado se apresuró a aclarar que el comprador «es ciudadano chipriota y no tiene la nacionalidad rusa», una respuesta que dice mucho sobre el contexto.
- Victor Rashnikov, magnate siderúrgico que posteriormente enfrentó sanciones, tenía planes de compra que finalmente no se materializaron según su abogado.
El patrón es siempre el mismo: estructuras societarias en terceros países, pasaportes de conveniencia, y patrimonios cuya trazabilidad resulta, cuando menos, compleja.
Las nuevas reglas del juego y su coste económico
La respuesta de Mónaco ha sido contundente, al menos sobre el papel. Se ha creado la Autorité Monégasque de Sécurité Financière, se han endurecido las normas de Know Your Customer (KYC) y en el último año se han sancionado seis empresas por deficiencias en sus controles, entre ellas dos agencias inmobiliarias que no investigaron suficientemente a sus compradores.
El problema es que estas medidas tienen un coste económico tangible. Abrir una cuenta bancaria en Mónaco se ha vuelto un proceso largo y exigente. Algunos bancos rechazan directamente clientes chinos o rusos. Un ciudadano de Oriente Próximo desistió recientemente de obtener la residencia al pedírsele extractos bancarios de décadas atrás, incluso de entidades ya desaparecidas.
El resultado: Mónaco ha caído diez puestos en el índice anual de Barnes de ciudades más atractivas para los ultra ricos, situándose en el puesto 14. Dubái, que no tiene ese problema de imagen, ha liderado el crecimiento en compras de propiedades residenciales de lujo en los últimos cinco años. Y la lista Henley & Partners de 2026 de destinos preferidos para millonarios incluye a Portugal, Grecia, Italia y Suiza, pero no a Mónaco.
El caso de Mónaco plantea una cuestión que va más allá del pequeño principado mediterráneo. Los mercados inmobiliarios de ultra lujo —ya sea en la Costa Azul, Mayfair, Manhattan o Dubái— funcionan en una franja de precios donde la demanda solvente de origen limpio es estructuralmente escasa. Cuando el precio de un apartamento supera los 60 millones de euros, el número de compradores con fortunas completamente trazables y sin ningún vínculo con zonas grises se reduce considerablemente.
El caso Mareterra es un microcosmos de un problema global: la intersección entre mercados inmobiliarios de lujo, opacidad financiera y jurisdicciones que durante años compitieron por atraer riqueza a cualquier precio. Mónaco tiene ahora la oportunidad —y la obligación regulatoria— de demostrar que es posible ser el mercado más caro del mundo sin ser el más opaco. Si lo consigue, podría convertirse en un modelo. Si fracasa, la lista gris habrá sido solo el principio de sus problemas.

Me hace gracia lo de «Se ha convertido»…
Si la UE y el mundo en general fueran algo más seríos le tendríamos que hacer bloqueos a países y zonas como Mónaco, Gibraltar, La Isla de Mann, y etc.
A Irlanda también se le deberían poner los puntos sobre las íes, a ver si jugamos todos en el mismo equipo o si cada uno va por libre…
Creo que Luxemburgo también tenía algún algo por ahí…
Lo peor es que estos dos estan dentro de la UE, y todos tan felices…
>:(