El día en el que una reunión de empresa casi acaba en tragedia

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Una de las aplicaciones que más uso es Plex, que me permite tener mi propio Netflix sin depender de terceros y sin gastarme un euro, es verdad que en muchos (todos) casos roza la piratería pero uno no puede ser un buen ciudadano el 100% del tiempo. Así que suelo leer con bastante interés cualquier noticia sobre Plex para estar al día de nuevas funcionalidades.

Y la empresa, ha sido noticia esta semana por un tema empresarial bastante interesante, su convención anual (que costó medio millón de dólares) para que sus teletrabajadores interactuasen entre ellos y formasen equipo.

En el mundo de la tecnología, los retiros corporativos suelen ser eventos predecibles de conferencias en hoteles de lujo y cócteles junto a la piscina junto con algún deporte extremo como jugar al paddle o al mini golf. Sin embargo, para Plex  la «convivencia» de 2017 se convirtió en algo inolvidable, pero inolvidable de verdad, casi una década después, sigue siendo el principal tema de conversación en la oficina. Esta es la historia de cómo una dinámica basada en el programa Survivor se volvió demasiado real.

El plan de la directiva era ambicioso: llevar a sus 120 empleados (quienes trabajan de forma remota y apenas se veían en persona) a una playa de arenas blancas en Honduras. El CEO de la compañía, Keith Valory, y su esposa son fanáticos de Survivor, por lo que diseñaron el viaje con equipos, retos y un sistema de competición. Valory incluso planeaba contratar al presentador del programa, para dar la bienvenida triunfal a sus empleados.

La cosa se comenzó a torcer antes de que el primer autobús llegara al complejo. Valory, en un intento por comer sano, ignoró las advertencias locales y consumió una ensalada. ¿El resultado? Una infección violenta por E. coli. Mientras sus empleados bajaban de los autobuses esperando una fiesta, el CEO estaba confinado en su habitación, perdiendo 4 kilos en pocos días y con una bolsa de suero clavada literalmente al poste de su cama.

Si la salud del líder era un presagio, la logística no se quedó atrás. Tres semanas antes del viaje, el director del hotel envió un email críptico renunciando a su puesto. Días después, el jefe de cocina también desapareció.

Al llegar, los empleados se encontraron con un panorama inquietante: el complejo estaba rodeado por torres de vigilancia y personal armado con ametralladoras. «Muchos preguntaban: ‘¿A dónde diablos nos están llevando?'», recuerda Scott Olechowski, cofundador de la empresa. Para colmo de males, la cocina estaba colapsada; los camareros servían pollo crudo y vegetales hervidos que parecían «tirados» en las bandejas de catering.

El espíritu de Survivor se llevó al extremo. En el reto de apertura, los equipos debían destapar platos y comer lo que hubiera debajo. Lo que empezó con bocados simples terminó con tarántulas muertas. Shawn Eldridge, jefe de desarrollo de negocios, recuerda el momento: «Mi equipo me dijo que no pasaba nada si perdíamos, pero simplemente la agarré y me la comí. Los pelos de la tarántula… fue horrible».

Para «elevar la moral», la empresa contrató a un ex-Navy SEAL. Fue un error de cálculo monumental. Bajo un sol de 38 grados y una humedad asfixiante, el instructor obligó a un grupo de programadores y administrativos —que, según los directivos, «no eran precisamente atletas»— a realizar simulacros de combate. Los empleados terminaron arrastrándose por la arena y colapsando por el calor.

Greta Schlender, gerente de producto, vivió su propio calvario durante estos ejercicios: al recibir la orden de lanzarse al suelo, aterrizó directamente sobre un hormiguero de hormigas de fuego. «Salté llena de ronchas y picaduras, me picaba todo de forma incontrolable». Como llevaba pantalones cortos, las picaduras le provocaron una reacción alérgica que casi se la lleva al otro barrio y tuvieron que inyextarle una medicina por vía intramuscular, directamente en el glúteo.

La vida en las habitaciones no ofrecía mucho descanso. Los cortes de luz y agua eran constantes. Sean Hoff, el organizador del retiro, terminó sufriendo palpitaciones cardíacas por el estrés y la deshidratación, teniendo que ser conectado a un electrocardiógrafo en una ambulancia.

Una de las anécdotas más extrañas la protagonizó el ingeniero Rick Phillips. Una noche escuchó un estruendo y, al despertar, encontró un puercoespín en su ducha. El animal aparentemente había caído a través del techo.

El evento final fue una excursión a la isla de Utila para inaugurar un campo de béisbol que Plex había ayudado a reconstruir tras un huracán. Al final del día, la logística volvió a fallar: debían evacuar a 120 personas en pequeñas avionetas de ocho plazas antes de que anocheciera, ya que la pista de la isla no tenía iluminación.

La operación de «puente aéreo» fracasó. Dos aviones se quedaron en tierra, dejando a un grupo de empleados varados. Para empeorar las cosas, el efecto de la inyección de Greta Schlender desapareció y comenzó a sufrir una reacción alérgica grave en medio de la nada. Una mujer local, de la que esperaban que fuera doctora, tuvo que ponerle una vía intravenosa en el dorso de la mano allí mismo.

Un Vínculo Inquebrantable

Lo lógico sería pensar que Plex enfrentó una ola de renuncias tras el viaje, pero ocurrió lo contrario. Los supervivientes del «Plexcon 2017» regresaron a la oficina entre aplausos de sus compañeros. Aquella semana de desastres creó una cultura interna basada en la camaradería real y miles de bromas privadas.

Incluso Keith Valory, el CEO que pasó casi todo el viaje pegado a una bolsa de suero, reflexiona con optimismo: «Se crean vínculos muy estrechos en estos viajes. Es como la fuerza vital que sostiene a la compañía». Quizás, al final, el reto de supervivencia cumplió su objetivo, aunque no de la manera que nadie había imaginado.