Cuando el 28 de febrero Estados Unidos e Israel eliminaron al líder supremo de Irán, Alí Jamenei, los mercados reaccionaron como suelen hacerlo ante un shock geopolítico: el petróleo subió un 15% y los inversores, lejos de entrar en pánico, esperaron. La hipótesis de Washington era que el vacío de poder provocaría un cambio de régimen rápido y ordenado. Casi un mes después, esa hipótesis ha quedado en cenizas.
Iran ha rechazado el plan de paz de 15 puntos presentado por la Administración Trump. Las negociaciones se han estancado. Y nadie, ni en Washington ni en los mercados, sabe cuándo termina esto. Pero mientras el mundo seguía mirando el precio del barril de Brent, el verdadero problema estaba creciendo en silencio en otro lugar: el mercado de deuda pública estadounidense.
Hace apenas seis meses, en septiembre de 2025, los mercados descontaban que el tipo de los fondos federales caería hasta el rango del 2,75%-3,00% a lo largo de 2026. Era el escenario base. Había incluso una probabilidad superior al 25% de que los tipos bajaran aún más. La Reserva Federal había reanudado los recortes preocupada por el debilitamiento del mercado laboral, y la dirección parecía clara.
Hoy, ese escenario pertenece a otra época. Los futuros sobre tipos de interés reflejan ahora un tipo sin cambios hasta finales de 2027, en el rango del 3,50%-3,75%. Es decir, entre 75 y 100 puntos básicos por encima de lo que se esperaba hace apenas unos meses. Y lo más llamativo: la probabilidad de que la Fed suba tipos antes de que acabe 2026 ha escalado hasta el 43%.
La zona de intervención de Trump: 4,50%-4,70%
Aquí es donde la historia se vuelve interesante. En abril de 2025, durante la guerra comercial desatada por los aranceles del «Día de la Liberación», el rendimiento del bono a 10 años escaló con rapidez hasta esa misma zona. El 9 de abril, Trump anunció una pausa de 90 días en los aranceles. Al día siguiente declaró en una entrevista en directo que «estaba mirando el mercado de bonos». El mensaje era inequívoco: cuando los bonos duelen demasiado, Washington actúa.
La misma lógica parece estar operando ahora. El 23 de marzo, cuando el rendimiento del bono a 10 años tocó el 4,45%, Trump anunció conversaciones de paz «productivas» con Irán y pospuso cinco días los ataques previstos contra infraestructuras energéticas iraníes. La coincidencia temporal es difícil de ignorar.
- 28 FEB · DÍA 1. Asesinato de Jamenei. El petróleo sube menos del 15%. El bono a 10 años está en 3,92%.
- 23 MAR · DÍA 23. El bono toca el 4,45%. Trump anuncia negociaciones de paz y pospone ataques a plantas eléctricas iraníes.
- 27 MAR · DÍA 27. El bono a 10 años roza el 4,42%. Irán rechaza el plan de paz de 15 puntos. Los mercados esperan la siguiente señal.
La tesis de fondo es la siguiente: Trump no quiere que los mercados caigan, y lo ha demostrado con hechos. La zona de rendimientos del 4,50%-4,70% en el bono a 10 años actúa como detonador de intervención política, igual que ocurrió durante la guerra arancelaria. Eso contiene el daño potencial en renta variable, pero no lo elimina.
Mientras el rendimiento del bono siga subiendo, las bolsas seguirán presionadas. Pero el mecanismo de intervención — diplomático, monetario o de otro tipo — limita hasta dónde puede llegar el deterioro. El mercado, en definitiva, sabe que hay un suelo político implícito. La pregunta no es si habrá intervención, sino cuándo.
En segundo plano, y esto importa para el largo plazo, la revolución de la inteligencia artificial no ha frenado. Las mismas empresas que lideran la corrección bursátil siguen invirtiendo y construyendo a ritmo acelerado. Para el inversor con horizonte largo, el ruido geopolítico es eso: ruido.
